sábado, 15 de abril de 2017

SÁBADO SANTO...ESPERANDO


EN LA NOCHE: VIGILIA PASCUAL


Mateo 28,1-10.
Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro.
De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Angel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella.
Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve.
Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.
El Angel dijo a las mujeres: "No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado.
No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba,
y vayan en seguida a decir a sus discípulos: 'Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán'. Esto es lo que tenía que decirles".
Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.
Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán". (Palabra del Señor)



Hoy es un día para reflexionar en el misterio de la tumba del Señor. La lectura de más arriba es que la que leeremos la noche del sábado, esperando la madrugada de resurrección. Murió un viernes, y al tercer día (o sea mañana domingo) resucitó. En la mañana muy temprano cuando fueron a perfumar el cuerpo yacente de Jesús, se dieron con la novedad: la piedra que tapaba la tumba estaba corrida y el cuerpo del Señor ya no estaba.


Nos quedaremos todos esperando ese momento, la noche victoriosa que acabó con nuestros males espirituales y que nos da fuerza para encarar nuestros males humanos, físicos y materiales. Hay una protagonista de lujo en todo lo acontecido. Nos acompaña y acompañó desde siempre, a nosotros,   a los que vinieron antes y los que vendrán después.


Es la luna llena, este año entró el martes 11. Hoy ya la vemos solo el 87% hasta “taparse” por completa con la tierra el 26 de abril que será luna nueva.

Maravillosa, impresionante,  no es más que un satélite sin luz propia, cuya luz procede del sol, que ilumina de pleno su cara  visible y nos da ese maravilloso faro que brilla sobre nuestras cabezas.


Quizás viendo ese reflejo del sol en ella, el hombre inventó la maravilla de  los satélites artificiales, esos que lanzados al espacio nos permiten comunicarnos por un modo de espejo: la señal sale, choca con el satélite y va a los lugares más recónditos del planeta, al instante.


Esa maravillosa luna, es la misma luna que acompañó al pueblo judío en aquella noche que decidieron salir de Egipto guiados por Moisés. Porque si bien eso ocurrió hace más de 3200 años, la luna sigue siendo la misma y es la misma fase lunar porque celebramos Pascua la primera luna llena después de que comienza otoño en nuestras latitudes o primavera en el hemisferio norte.
Quizá la atmosfera era mucho más diáfana que hoy, porque no había contaminación de fábricas, motores, no había smog, por lo que aquella luna fue un faro perfecto… mejor dicho, esta luna, fue un faro perfecto para aquel pueblo. Solo basta con ir a pueblos del interior donde no hay “tanta ciudad” para disfrutar de una hermosa noche de luna llena que te permite ver la cara del que está a tu lado.


Es la misma luna que iluminó a Jesús aquellos días en que Él se aprestaba a celebrar la Pascua con sus amigos. Es la misma luna que iluminó el huerto de los Olivos cuando fue a rezar. Es la misma luna que, ayudada por antorchas, iluminó a los que lo traicionaron. La  que alumbró esas noches que pasó el Señor esperando en vela que algún  funcionario decida su suerte, amarrado sus pies y sus manos, ante la burla de los que lo esposaron.
La misma luna que estuvo el jueves antes de que muera, iluminando sus últimos minutos. La  que no pudo ver el viernes, el día en que murió, y que en realidad no vieron ninguno, porque como dice la Palabra, una gran oscuridad cubrió la tierra.


Y así  como los satélites, nos sirven para comunicarnos entre los hombres al instante, por un momento pensemos que esa luna podría ser un satélite del tiempo, y que viendo a ella, nos mostrará  con mayor exactitud aquellos momentos grandiosos de nuestra vida primitiva: el paso por el mar, y los últimos momentos de Jesús con nosotros.


Ojalá que todos pudiéramos hacer volar nuestra imaginación y darnos cuenta que la luna que hoy tenemos encima nuestro, es la mismísima luna que alumbro a Jesús, que alumbró a María, que alumbró las travesías de Juan el Bautista, que alumbró a los judíos hace tanto tiempo. No hay otra luna, es la misma.


Que este día, si el tiempo nos permite,  podamos contemplar esa luna bendita que nos hablará de esos momentos difíciles ,crueles por los que pasó Jesús, pero también nos dirá como fue la noche del Sábado y la madrugada del domingo, cuando ella se estaba escondiendo y vio salir triunfante a Jesús del hueco de la tierra, glorioso, blanquísimo, radiante.



Buena jornada para todos. ¡¡Y Felices Pascuas de Resurrección!!
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