sábado, 20 de mayo de 2017

PERSEGUIDOS Juan 15,18-21.


Jesús dijo a sus discípulos:
«Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí.
Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia.
Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes.
Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió.» (Palabra del Señor)


Los salmones merecen ser estudiados. Dicen los que lo hicieron y nos lo cuentan, que realizan un viaje contra corriente increíble, que todavía no es demasiado comprendido por los científicos.

El Salmón nace en el río y permanece en agua dulce mientras es pequeño. Cuando llega su juventud, baja hasta el mar, donde vive y llega a su madurez. Cuando se acerca la época de la reproducción, emprende el camino de vuelta, volviendo exactamente al lugar donde nació.

Es un viaje muy duro. Centenares de kilómetros, llenos de dificultades, de rápidos y cascadas. Tiene que liberarse de las plantas acuáticas que lo tratan de retener  Se encuentra en el río a muchos peces,  que se dejan arrastrar por la corriente y que, con su vida y acción  le interpelan a hacer lo mismo. Es como que le dijeran:
Veni con nosotros. En el mar se está muy bien. ¿Qué quieres hacer allá arriba?

Y otros le advierten: ¡No subas más arriba: hay peces que te atacan! Y así es. Mirando hacia delante, el salmón puede ver como hay salmones heridos por las mordeduras de otros depredadores acuáticos.


Entonces comienza a dudar y piensa: No puedo más. Me quedaré a descansar un rato allá, donde parece que el agua se remansa. Ya continuaré cuando haya recuperado las fuerzas.

Pero, al mismo tiempo, escucha una voz interior que le empuja: Salmón, ¡No te dejes llevar por lo comodidad, cumple tu designio! ¡Continúa tu viaje con los compañeros que luchan a tu lado! O sigues río arriba o la corriente te arrastrara hacia abajo.


No hay otra alternativa: ¡O río arriba o hacia el mar!


Parece que los salmones no comen nada, una vez que han comenzado su ascensión río arriba. Solo el instinto les da fuerzas para luchar contra corriente. No todos llegan a la meta: muchos mueren exhaustos durante su titánico viaje.

Pero al llegar al lugar de su nacimiento, las hembras ponen los huevos y los machos los fertilizan. ¡ Han sido fecundos!



Muchas veces la fecundidad , el logro de los objetivos, el premio, el  título, llega como consecuencia de nadar contra corriente de los llamados que nos dicen : deja eso, no vas a llegar, no vas a poder, para que te vas a sacrificar.


Si queremos ser fecundos, debemos hacerlo porque habrán muchas voces interiores y exteriores que tiran abajo nuestros sueños.


En nuestra vida de cristianos pasa lo mismo. Si dejamos de nadar, si nos dejamos llevar por la corriente, si seguimos los valores y criterios del mundo, para amar, para juzgar, para mirar, para hablar, para vivir, todo ello mucho más fácil, seremos bien considerados, aplaudidos, recibidos en todos lados. Pero cuando nos decidimos a ir contracorriente de los criterios del mundo, muchos de ellos nocivos para el alma, para la vida humana, para la naturaleza, cuando nos decidimos seguir a Dios, tendremos “mordeduras”, ataques, voces que nos dirán: eso es cosa de curas, metete en tu iglesia, y seremos muchas veces detestados porque la misión nuestra es buscar que todos se encuentren con la mirada y el amor de Dios.

el Papa dirigiéndose a los jóvenes les dijo algo que nos va bien para todos: "No tengan miedo de ir contracorriente, cuando nos quieren robar la esperanza, cuando nos proponen valores deteriorados, valores , como comida en mal estado, e igual que la comida en mal estado nos hace daño; estos valores nos hacen daño. ¡Debemos ir contracorriente! Y ustedes jóvenes, sean los primeros: vayan contracorriente y estén orgullosos de ir precisamente contracorriente. ¡Adelante, sean valientes y vayan contracorriente!

El ser fecundos, el llegar a destino, el ser feliz, el lograr cumplir el propio proyecto  o lograr llegar a la meta o el propósito deseado, para que nuestra vida se realice, depende de la voluntad que tengamos ir contra corriente
Y cuando escuchemos en nuestra vida de cristianos, voces que nos persigan o ataquen, recordemos esas palabras de Jesús:

Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí.
Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia.


Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día.
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