viernes, 30 de junio de 2017

JESÚS CURA ENFERMO DE LEPRA Mateo 8,1-4.




Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud.
Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: "Señor, si quieres, puedes purificarme".
Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado". Y al instante quedó purificado de su lepra.
Jesús le dijo: "No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio". (Palabra del Señor)

Leyendo en el libro de Levítico capitulo 13, un protocolo de enfermos de lepra,  es de imaginar la angustia, el dolor, la desesperación que debe haber sentido cada uno de los enfermos de esta maldita enfermedad, gracias a Dios casi exterminada en nuestros días.  Es de imaginar más cruel aún pensándolo en nuestras realidades modernas, en nuestras familias  y si el enfermo fuéramos nosotros, nuestros hijos o padres.

"El leproso que tiene llaga de lepra llevará los vestidos rasgados e irá despeinado; se cubrirá hasta el bigote y tendrá que gritar: “¡Impuro, impuro! “ .Todo el tiempo que dure la llaga, quedará impuro y, siendo impuro, vivirá solo; se quedará fuera del campamento."..

El leproso, era considerado un estigmatizado por Dios, los judíos creían que era  un castigo de Dios a sus pecados. No podían  acercarse a nadie y menos, convivir en las ciudades.

Este enfermo, corre el riesgo. Es de imaginar también a la gente haciéndose a un lado ante la presencia suya. Es que contaminaba todo, quedaban impuros aquellos que se acercaban a él como aquellos a quienes se acercaba el leproso…totalmente despreciable y despreciado.


 Tenía muchas ganas de sanar. El destino era la muerte segura. Él, quería romper ese destino cruel de la enfermedad… QUERÍA SANAR.
O sea ya van dos elementos importantes: se reconoce enfermo, sabe lo que le pasa, asume lo suyo, vive afuera como sabe que debe hacerlo.
 Y quiere sanar…

Y lo pide con fe. Sabe que Jesús puede, solo le dice: si quieres. Sabe lo poderoso que es, ese profeta del que todos hablan. No lo tienta, ni lo desafía como aquel ladrón en la cruz.

Lo demás , viene del lado del Señor. Extendió la mano y lo tocó dice el texto.

Quizás nos pasó de largo, pero ese “lo tocó”  debe haber significado mucho para aquellos que veían el momento, como para aquel leproso, indigno de todo cariño, mimo, que se sentía sucio por dentro y por fuera,  era tocado por la bondad infinita de Jesús, por sus manos misericordiosas, llenas de vida, de amor, de fuerza regeneradora, por su ternura… esa ternura que nos piden, tengamos nosotros con los enfermos, pobres, ancianos…

“Cada uno de nosotros puede preguntarse: ‘¿Yo soy capaz de detenerme y mirar en la cara, mirar a los ojos, a la persona que me está pidiendo ayuda? ¿Soy capaz?” preguntaba el Papa, en abril de 2016… y otras veces nos insistía en tocar al pobre, no solo darle o tirarle una moneda, tocar al pobre, al enfermo, al que necesita un mimo, un gesto aunque sea pequeño de ternura.

El leproso, nos habla al corazón. No solo por lo doloroso de su enfermedad, sino porque en cierta manera nos da ejemplo de la necesidad de estar sanos, de sus ganas por sanar, de esas enfermedades que muchas veces son físicas, pero mucho más comunes, diarias, y habituales, son del alma, que nos excluyen de la vida de gracia. Quizás necesitamos reconocernos enfermos, esto es pecadores,  acercarnos a él y dejar que haga el resto, nuestro Jesús que nos toca y nos sana.

El nos toca y todo lo que toda queda limpio…  si entendiéramos esto, no dejaríamos pasar mucho tiempo sin recibirlo en la Eucaristía. Ojala que podamos hacerlo.


Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día.
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