martes, 27 de junio de 2017

LA PUERTA ESTRECHA Mateo 7,6.12-14.



No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.
Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.
Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí.
Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran. (Palabra del Señor)


Palabras duras las de Jesús. Él, que nunca discriminó a nadie, que nos mandó a evangelizar a todo el mundo, que fue amable con todos, que se detuvo ante el peligro hacia los demás, que no dudó en detenerse frente a leprosos o endemoniados, que habló del samaritano como alguien que amaba, hoy nos dice: no den las cosas sagradas a los perros ni arrojen perlas a los chanchos…y se refiere a los impuros, a los que difícilmente puedan algún día entender el mensaje porque están cerrados en sus paredes de indiferencia, de terquedad hacia Dios y sus cosas…

Pero también se refiere a nosotros y nuestra búsqueda y relación con las cosas santas.

Hay un autor alemán que falleció en los campos de concentración fusilado en el año 1945, Dietrich Bonhoeffer, que hablaba ya en ese tiempo de una gracia barata y de una gracia cara. Muchas veces nosotros nos quedamos con una gracia barata. Parafraseándolo, encontramos elementos para diferenciar en donde estamos parados.


La gracia barata es la que no nos cuesta conseguir, la que justifica todo, la que redime en seguida sin dolor de los pecados, es la que no nos hace asumir el error, la que confía siempre en la misericordia de Dios y por eso hace lo que quiere, juega con lo que quiere, está siempre en la delgada línea de lo bueno y lo malo, transando con uno y con otro, en decir si señor yo te sigo y exponerse a una vida de gracia light, sin compromisos, siendo bueno de día, y arriesgando la gracia de noche, es creer que  la confesión es como una boletería para seguir comulgando, es jugar con el espíritu Santo del cual somos templo, es arriesgar nuestra integridad por la adrenalina de la trasgresión, es creer que ser de Cristo es lo mismo que ser del mundo y que podemos transar con el mundo para poder ser de Dios, es dejarnos ganar por los criterios mundanos y justificar todo, incluso siendo cristianos de misa frecuente, hasta el aborto o la pena de muerte.

La gracia cara es, dice el autor , el tesoro oculto en el campo por el que el hombre vende todo lo que tiene; es el reino de Cristo por el que el hombre se arranca el ojo que le escandaliza; es la llamada de Jesucristo que hace que el discípulo abandone sus redes y le siga.

La gracia cara es el Evangelio que siempre hemos de buscar…
Sobre todo, la gracia es cara porque ha costado cara a Dios, porque le ha costado la vida de su Hijo  y porque lo que ha costado caro a Dios no puede resultamos barato a nosotros.

La gracia cara es la gracia como santuario de Dios que hay que proteger del mundo, que no puede ser entregado a los perros; por tanto, es la gracia como palabra viva. Es la que pide lucha, esfuerzo personal para ganarle a la pereza, a la falta de ideales. Es la que nos pide un proyecto de vida que ilumine mi vida y la de los demás. Es la que nos hace héroes en un mundo que va en un mismo sentido haciéndonos creer que por eso, va en camino correcto y nos obliga casi a aceptar sus leyes y códigos.

Por eso , esa gracia que es cara, que está reservada para nosotros, nos exige adelgazar para poder entrar por la puerta estrecha. Hay puertas de 1 metro o un metro veinte. Hay puertas más angostas y puertas sumamente angostas esas por las que uno entra de costado. Y cuando más gordo está uno, más cuesta entrar. Creo, que , buscando y anhelando esa gracia cara, deberíamos adelgazar de soberbia, de orgullo, de ira, de pasiones desordenadas, de mentiras de falta de compromiso, de relativizar todo incluyendo lo barato que consideramos la vida de gracia.

Será cuestión de hacer una buena dieta para poder merecer y adquirir esa gracia  cara que realmente vale la pena porque es la misma vida de Dios en uno. Y con Él, somos mayoría aplastante.




Buena jornada para todos, Dios bendiga nuestro día.
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