viernes, 23 de junio de 2017

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Mateo 11,25-30.


Jesús dijo:
"Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar."
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana." (Palabra del Señor)


Dice la fábula, que dos ranitas un día, cayeron sin querer en un balde que el granjero había olvidado cerca del establo y que aun guardaba abundante  leche de tu tarea diaria de recoger la misma de las vacas de lugar.



Al principio las ranitas no comprendían qué había sucedido, incluso encontraban divertida la situación. Pero pronto se dieron cuenta que aquello se estaba convirtiendo en una trampa: por mucho que se esforzaban por salir del cubo, las paredes metálicas eran demasiado lisas y el borde quedaba demasiado alto. Y así lo único que podían hacer era nadar y nadar para no ahogarse en la leche.

Pero el tiempo pasaba y el cansancio se apoderaba de ellas. ¿Te has dado cuenta de que nunca vamos a salir de aquí?, le dijo la ranita mayor a la más joven. Nuestras patitas no podrán soportarlo mucho tiempo y me temo que nunca saldremos de ésta. Moriremos aquí.

No importa, respondió la otra ranita. No podemos hacer otra cosa que nadar. Nada y no te lamentes. Conserva tus fuerzas.

Y las ranitas siguieron nadando y nadando  sin descanso. Al cabo de unas horas, la ranita mayor volvió a quejarse: Nunca saldremos de aquí, éste será nuestro final. Me duelen las ancas y ya casi me es imposible seguir nadando. En verdad ha llegado nuestro fin. A lo que la ranita pequeña respondió: Nada y calla; no pierdas la esperanza. Simplemente confía y sigue luchando.



Sacaron fuerza de flaqueza y siguieron nadando y nadando. Por poco tiempo, pues la rana mayor pronto cejó en el empeño y con apenas un aliento de voz susurró:

Es inútil. No tiene ningún sentido seguir luchando. No entiendo qué estamos haciendo, por qué he de seguir nadando. Nunca podremos escapar.

¡Nada, nada! ¡Sigue nadando!

Y aún reunieron fuerzas para nadar unos instantes más…, hasta que la ranita mayor, extenuada, abandonó y murió ahogada.


Y también la ranita más joven sintió la tentación de abandonar la lucha, de dejarse vencer y acabar con aquello, pero siguió nadando  mientras se repetía a sí misma: Nada, nada. Un poco más, sólo un poco más. Continúa nadando. 

Pero el tiempo pasaba y la ranita se sentía cada vez más débil.



De pronto, cuando ya no tenía fuerzas, y cuando ya el nadar, trabajar para salir, era casi una misión imposible, se abandonó a su destino. Pero sintió que no se hundía, que quedaba firme... y cayó en la cuenta que ¡Con el movimiento continuo de sus patitas la leche había empezado a convertirse en mantequilla!   La leche original ahora era manteca que le permitía descansar…




Hoy, es la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Y nos pide que reposemos en él.: Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.



Cuando nadamos y nadamos y parece que no llegamos a ningún lado…cuando el cansancio de la vida se apodera y dan ganas de tirar todo… cuando nos cansamos de luchar porque algo o alguien cambie y sentimos que nuestras fuerzas menguan y decaemos en el propósito… cuando nos cansa  luchar porque nuestro pequeño mundo se llene de paz y ,parece, gana la venganza, el odio, la disputa…cuando la enfermedad parece ganarnos, el dolor es insoportable… cuando sufrimos por el hijo o la hija a la que no podemos llegar porque se aleja detrás de fantasías o de adicciones… tenemos el inmenso corazón misericordioso de Jesús que nos dice: ven a mí, reposa, mi yugo es suave y mi carga ligera. Si nos ofrece el yugo quiere decir que va con nosotros a nuestro lado, pechando para el mismo lado, haciendo fuerza para llevar la carga, mirando conmigo el mismo destino, como tenían los bueyes unidos por ese yugo que les facilitaba la carga porque el esfuerzo era parejo.


Uno de los milagros eucarísticos más maravillosos es el milagro de Lanciano, cuando aquel sacerdote, un poco descreído de la presencia de Jesús en la hostia, oficiaba una misa y comenzó a ver que el pan que consagraba se convertía en carne y el vino en sangre. Fue hacia el año  700. Y se conservó en esa forma desde entonces… en 1981 o sea casi 1300 años después, se hicieron los estudios más avanzados. Entre los resultados de aquella carne y de aquella sangre, cuya historia total sugiero leer, tenemos lo siguiente:

*La Carne es verdadera Carne. La Sangre es verdadera Sangre.


*La Carne y la Sangre pertenecen a la especie humana.

*La Carne está constituida por el tejido muscular del corazón. En la Carne están presentes, en secciones, el miocardio, el endocardio, el nervio vago y, por el relevante espesor del miocardio, el ventrículo cardíaco izquierdo.

*La Carne es un CORAZÓN completo en su estructura esencial.

*La Carne y la Sangre tienen el mismo grupo sanguíneo (AB).




Si. Del corazón. Podría haber sido un musculo del brazo para indicarnos fuerza. O de la pierna para indicarnos el movimiento que debemos tener. O de la cabeza para darnos a entender nuestra inteligencia… pero no, ES DEL CORAZÓN. Corazón bendito, santo y fuerte de Jesús que hoy nos abraza y recibe a todos, los afligidos, los cansados, los niños, los jóvenes los que se refugian en él, los que quieren amar como él.


Buena jornada para todos. Feliz día del Sagrado Corazón de Jesús.
Publicar un comentario