viernes, 28 de julio de 2017

EXPLICACIÓN DE LA PARÁBOLA Mateo 13,18-23.



Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.
Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.
El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría,
pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno". (Palabra del Señor)

Entonces Jesús les explica la parábola del sembrador.
La semilla está, es la palabra. Tiene fuerza, tiene vida.
El sembrador está. Es Jesús  mismo que se encarga de sembrar, por otros, por vos por mí, usa infinitas maneras, porque es infinitamente astuto.

El oidor, está. Pero ¿Cómo está dispuesto o preparado?

Esta palabra es recibida por un oidor:


De mente cerrada. Es difícil que la semilla penetre en el camino, pero es más difícil que la palabra penetre en algunos. Quizás por prejuicios, levantando barreras que nadie puede superar, haciendo un escudo protector.
 Ese prejuicio puede venir del orgullo, de quien cree que no necesita aprender o superar o mejorar.
 O del miedo a la nueva vida, a emprender aventura de cambio,  a modificar estatus de vida, a salir de las zonas de confort que uno se va  haciendo con el tiempo.
También esa barrera puede venir por una vida inmoral o por la forma de vida,  que cierre la mente. Hay una verdad que condena cosas, manera de vivir, esas a las que uno está aferrado;  una verdad que denuncia, una verdad que da luz, y muchos prefieren la oscuridad, entonces es más fácil destruir el  foco de luz, elevar las barreras, volver a los prejuicios y ser ese terreno pisoteado que impide la germinación de la buena semilla.

 Por un oidor de mente superficial:
Se entusiasman con la palabra, con las cosas de Dios, con lo novedoso. Hacen de las cosas del Señor, una moda, el grupo es una moda, tales misas son modas, tal sacerdote o pastor es moda, recogen todo casi sin pensarlo. Usan cruz en el cuello, por moda. En cuanto viene una dificultad o problema o simplemente se enfrían dejan todo, cambian de moda porque “pasó la temporada”.  Así como en el perchero de la ropa tenemos esas que ya no usamos porque pasaron de moda, así también  está eso que alguna vez vivimos: fue una época, decimos.
En ese placar tenemos muchas cosas que comenzamos y que no terminamos. Comenzamos con entusiasmo y luego abandonamos: una carrera, un trabajo... Con las cosas de Dios puede pasar lo mismo. Con la Palabra de Dios podemos entusiasmarnos, pero no podemos vivir solo de emociones  que van y vienen. Tenemos una mente y debemos usarla. Debemos hacer una fe adulta, razonada, inteligente, debemos madurar en las cosas del Señor, sino “apenas sale el sol se quema”…

Por un oidor lleno de intereses en la vida. Queda poco espacio para Dios. Queda poco tiempo para Él. Nos llenamos de cosas para hacer. La computadora, el celular, que, en un principio era para aliviarnos la tarea, para dejarnos más tiempo para disfrutar hasta de la pequeñas cosas de cada día , para poder gozar más de la amistad y de los amigos, al fin nos ha esclavizado de tal manera que hasta el tiempo para Dios nos quita. Y tenemos la agenda completa en el día. a veces cosas buenas, actividades buenas productivas , de servicio, pero no para la oración y el estudio de la Palabra de Dios, no para el contacto personal con Dios y para escuchar lo que quiere decirnos por medio de su Palabra que quiere comulgar con nuestra vida. Deberíamos tener mucho cuidado de no desplazar a Cristo del lugar supremo que debe tener en nuestra vida.

Por un oidor fértil y fecundo. Que tiene la mente abierta, está dispuesto a oír y aprender. Está listo para aprender, no es orgulloso o domina el orgullo porque el que habla es más poderoso, y le da tiempo a la escucha o lectura de la Palabra.  Entiende, es decir, asimila, “mastica”, lo lleva desde el corazón a la mente, no se queda solo con la emoción. Y finalmente lleva lo que escucha, a la acción, es fecundo, transforma, revoluciona, mejora su medio ambiente su mundo de metro cuadrado e invita a todos a hacer lo mismo.

Cuatro oidores, quizás seamos alguno de los cuatro, quizás por momentos tengamos de uno, por momentos de otro, quizás en el corazón y la inteligencia, tengamos un poco de uno y otro poco de otros…que podamos “arar”  nuestro terreno para que seamos fecundos para nosotros y los que nos rodean.





Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día.

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