lunes, 17 de julio de 2017

VINE A TRAER LA ESPADA Mateo 10,34-42.11,1.


Jesús dijo a sus apóstoles:
"No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada.
Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra;
y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.
El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió.
El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.
Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa".
Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región. (Palabra del Señor)


Muchos niños, cuando van a catequesis de primera comunión o posterior, se encuentran en la disyuntiva: hago lo que me dice el o la catequista de ir al encuentro del Señor en la Eucaristía, o hago caso a los de mi casa que menosprecian esto que yo quiero hacer, que ellos no van, que se burlan de los curas y las monjas…muchos niños, entonces van obligados sabiendo que en casa no encuentran compañía o directamente no van…la  presencia  de Jesús crea división, fastidio…


Cuando jóvenes, cuando se encuentran con la mirada de Jesús y quieren seguirlo, algunos sufren también, porque los primeros que deberían alegrarse por el cambio, son los primeros que tratan de  desestimarlos, que les tiran abajo los sueños, que le ponen trabas, que les ponen zancadillas para que todo retome al estado original…algunos sucumben…  muchos se rebelan y continúan luchando a pesar de la división, hasta que de a uno, van mirando con otros ojos, el cambio y ven que es necesario y bueno…ganan la batalla. Muchos comenzaron con una oración a la hora de la comida, o bendiciéndolos, o rezando por ellos, o haciendo cosas que nunca las hacían, o siendo más atentos o siendo muchos más alegres, por la buena nueva que viven, lo que contagia a todos…


Cuando surge una gran causa la gente se divide irremediablemente. No se puede evitar que haya quienes acepten y quienes rechacen el desafío. Encontrarse cara a cara con Jesús supone tener que elegir si se le acepta o se le rechaza, el mundo siempre está dividido entre los unos y los otros. Lo que más duele es cuando esa división es entre los que más uno ama, la familia, el hogar.


Hay que tomar decisiones muchas veces. La decisión pasa por la fidelidad a Dios, por la lealtad a Jesucristo… en la medida que perseveremos, también Él ira conquistando, a través nuestro , a cada uno de los “divididos” para que se produzca el encuentro algún  día. Nos pide que perseveremos en esa fidelidad, para vencer.

Ofrece la cruz. Muchos de aquellos que escuchaban a Jesús veían pasar reos con la cruz, tambaleándose por el peso y muriendo sobre ellas.

El cristiano puede que tenga que sacrificar sus ambiciones personales, la tranquilidad y la comodidad que podría haber disfrutado. Esa zona de confort que nos regala el mundo, muchas veces será cambiada por aéreas enormes de desilusiones, incomodidades, renuncias, que si el descanso, que si el bienestar, que si el dinero, que si los dones, que si la siesta, que si la comida, con tal de que, llevando la cruz, podamos ayudarle al Señor en mejorar el mundo que nos toca vivir. Un solo vaso de agua basta a veces para ayudar. Un oído, una charla, un tiempo entregado, la explicación de alguna materia, todo sirve, todo ayuda, más,  cuando en ese tiempo y con esos medios, pensábamos hacer otra cosa.

Los judíos creían que recibir al enviado de una persona, era como recibir a esa misma persona. El hacer favores a un embajador era como hacer honores al mismo rey. Si uno era verdaderamente un hombre de Dios, recibirle, era como recibir al mismo Dios.

 Está Dios entonces, creador de todos. Está Jesús, el mensajero de ese Papá bueno. Está el mensajero, el profeta que habla en nombre de Dios, el discípulo que aprende, y que transmite a la vez el mensaje, y está el que recibe el mensaje, el que cree, el que se abre a la buena Noticia, el que comienza a ver la vida de otra manera.

Entonces muchos no podremos ser profetas, pero si ayudarlos para que sean mejores. No todos podemos ser los mejores testigos de la luz, pero todos podemos ayudar a los que lo son, a que sean más luminosos en el gran mundo, ayudándolos, apoyándolos, alentándolos. Es un vaso de agua que nunca queda sin recompensa.

Que podamos asumir nuestras cruces de cada día, sabiendo que con ellas, ayudamos, alentamos, apoyamos, y que a la larga o la corta, la división que hoy produce la vida de Cristo entre los que amamos, se convierta en adhesión, en unión, en paz.


Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día.

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