lunes, 14 de agosto de 2017

EL IMPUESTO DEL TEMPLO Mateo 17,22-27.



Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres:
lo matarán y al tercer día resucitará". Y ellos quedaron muy apenados.
Al llegar a Cafarnaún, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: "¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?".
"Sí, lo paga", respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: "¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?".
Y como Pedro respondió: "De los extraños", Jesús le dijo: "Eso quiere decir que los hijos están exentos.
Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti". (Palabra del Señor)

Esta vez, no saltó Pedro diciéndole a Jesús que estaba mal que piense en su muerte después de dolores y tormentos… esta vez, los discípulos lo sintieron. Se dieron cuenta que iba en serio, que algo pasaría que les va a producir mucho dolor. Pensaron en eso y no en la resurrección final. Como lo que nos pasa a seguido, que nos cuesta ver el final del camino, porque estamos viviendo en él, transitando en él, y tenemos a veces tantos baches, tantos golpes, tantas cruces que ver el final se nos hace difícil. Pero todo termina en la resurrección, en la alegría…


El impuesto al templo era lo que los judíos pagaban desde siempre. Más aún después que volvieron de la esclavitud de Babilonia. Había que sostener el culto, los sacrificios que se hacían diariamente, había que reponer las cortinas, los trajes de los sacerdotes. Era un impuesto anual que todo buen israelita pagaba a partir de los 20 años.

El evangelio de san Mateo, fue escrito hacia el año 80, después que el templo de Jerusalén fuera destruido definitivamente. Quedaba la duda si se debía pagar ese impuesto ¿para qué? Mateo asoció la respuesta a lo que Jesús le preguntó a Pedro. Entonces la respuesta es clara: Hay que pagar ese impuesto para sostener el templo en aquel caso. Era un impuesto no tan difícil de pagar, ni tan caro. Más o menos el jornal de dos o tres días. Se pagaba una vez al año.

Pero no podemos disociar este tramo del evangelio a nuestra vida. ¿Cuánto ayudamos a sostener nuestro culto? Todos sabemos lo que cuesta mantener algo, en la Iglesia también .Todo cuesta, una vela, la energía eléctrica, la secretaría, las ropas litúrgicas, muchas veces nos hacemos los desentendidos y creemos que eso es para los demás, o ya cuando “estemos bien”. Basta hacer el cálculo de cuánto gastamos, cuando lo hacemos, en nuestras fiestas humanas y sociales que están asociadas a algún evento religioso (si se puede llamar así a un bautismo o casamiento), y cuanto aportamos para ese momento espiritual y santísimo...

Y la respuesta de Jesús, parece un poco desconcertante. Porque es como que recurre al azar, o a un milagro para algo particular suyo, cosa que nunca lo hizo y no lo haría. Solo basta recordar aquel momento en el desierto cuando el demonio le pedía que convierta las piedras en pan, y él dijo NO…
 
No sabemos si Pedro hizo lo que le dijo Jesús. Lo que si sabemos que lo mandó a donde él venía: a la pesca. Hay una historia contada en forma viva, casi jocosa de cómo debía hacer Pedro para conseguir el dinero faltante, y lo manda a pescar para conseguir: de la boca del pez saldrá la plata…es como que dijera; de tu pesca, de tu trabajo, saldrá el dinero que necesitas, de tu profesión, de tu trabajo, de tu esfuerzo, de tu contabilidad, de tu atención a las personas, de tu carpintería, de tu taller mecánico, ahí encontraremos lo que necesitamos, para en este caso, ayudar al “templo” ayudar al culto y pagar los impuestos. A Pedro no lo mandó a un campo sembrado a buscar el tesoro para pagar…lo mandó al agua, de donde Pedro venía…

Será cuestión de colaborar, de ser solidarios o más solidarios con aquello que profesamos. Pagamos cuotas de clubes, o profesores particulares para nuestros hijos para tal o cual materia, o , hasta nos asociamos a cuanto seguros de vida, de robo, de siniestro, abonando con la tarjeta de crédito hasta lo que ni nos enteramos  …y a veces no somos capaces de sostener aquello que creemos  y profesamos.


Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día

AUDIO: https://soundcloud.com/sergio-valdez-853878468/evangelio-del-dia-14-de-agosto-de-2017

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