sábado, 27 de enero de 2018

Marcos 4,35-41. LA TEMPESTAD CALMADA

Al atardecer de ese mismo día, les dijo: "Crucemos a la otra orilla". 
Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua.
Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal.
Lo despertaron y le dijeron: "¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?". Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: "¡Silencio! ¡Cállate!". El viento se aplacó y sobrevino una gran calma.
Después les dijo: "¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?".
Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?". (Palabra del Señor)



Escritores, historiadores, testigos oculares, nos dicen que el lago de galilea era famoso por sus tempestades. Se producían algunas , inesperadamente y tan pronto que sorprendían al navegante. Hasta cuando el cielo está despejado, dicen. Esta entre montañas y es alimentado por arroyos, por donde entran vientos, agitando las aguas y dándole un estado que asusta a cualquiera.
El que fuera en una barca, sabía que podía encontrarse  con una de estas tempestades  repentinas…


Algo así como nuestra vida. Sabemos que, a pesar del cielo azul y despejado de días de bondad, hay momentos de tempestades repentinas, que cada cual sabe que pueden llegar, pero nunca las deseamos ni las “llamamos”.



Jesús estaba durmiendo en un lugar que se les daba a alguien de visita, o importante: adelante había un banquito apropiado para eso. Dormía profundamente a pesar del ruido y la tempestad que tiraba olas encima de la barca, pequeña ante tanta fuerza del viento y de las aguas.



Sabemos lo del milagro de calmar las aguas. Un
milagro sobre la naturaleza que hablaba de su condición divina que está sobre esa naturaleza hostil.
Pero también sabemos y estamos seguros, que este milagro lo hace también en nuestra vida.



Los discípulos se tranquilizaron cuando sabían que iba Jesús con ellos: la tempestad se convirtió en calma, viajar con Jesús era viajar en paz, aun en medio de la tormenta: EN LA PRESENCIA DE JESÚS, TENEMOS PAZ AUN EN MEDIO DE LAS TEMPESTADES DE LA VIDA, incluso cuando se producen repentina e inesperadamente.
En el duelo, cuando tanto cuesta, cuando es inesperado, o cuando es esperado. Siempre el desgarro en el corazón y el alma. Él está. Nos abraza, nos cuida, llora con nosotros, nos da paz, nos promete el reencuentro. Es solo un momento, después la unión será eterna.



En los problemas de la vida. Cuando nos pasa que estamos como en una pequeña barca que se bambolea de aquí para allá y no puede encontrar el rumbo ni la estabilidad. Cuando no podemos hacer pie ante los problemas, cuando nos agitan olas de dolor, de sufrimientos, cuando parece que la cruz era mucho para nosotros…es cuando miramos adelante y lo vemos a Él y sentimos la paz de su presencia, que calma la tempestad y nos alienta a tener más fe.
En los problemas de ansiedad ocasionados sobre todo por lo que vendrá. Recuerdo cuando mis hijos eran pequeños, sufría pensando como los vestiré, con que, los gastos futuros, colegio, alimentación, aparte de todos los gastos que surgen de la misma vida, el hogar el vehículo, más aún siendo un cuentapropista con los vaivenes propios de una economía como la nuestra. … y encontraba paz y calmaba mi ansiedad sabiendo que Jesús estaba y está conmigo, que Él ayuda, que no duerme, que va en mi barca pequeña de la vida, y con Él, hay paz y la peor tempestad se vuelve calma. Lo dejaba todo en sus manos, mientras mi esposa y yo hacíamos lo que debíamos. De más está decir que con mis hijos grandes ya, Él me ha demostrado estar siempre viviendo en mi hogar y yendo en nuestra barca, la de mi esposa y la mía.  Que cuando las olas subían ya a la barca, a pesar del temor, sabíamos que Él estaba, y que con él , íbamos  a puerto  seguro.


Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día
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