lunes, 30 de abril de 2018

Juan 14,21-26. IREMOS A ÉL Y HABITAREMOS EN ÉL



Jesús dijo a sus discípulos:
«El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él".
Judas -no el Iscariote- le dijo: "Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?".
Jesús le respondió: "El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.
El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.
Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes.
Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.»
Palabra del Señor


Hay un lazo invisible entre nosotros que es el amor. No lo vemos porque no se manifiesta corporalmente.
 Dios Padre ama a Jesús, Jesús ama a su Papá, Dios padre ama al hombre, Jesús ama a la humanidad, nosotros amamos a Dios, amamos a Jesús, nosotros nos amamos entre sí, o por lo menos ese debería ser nuestro itinerario.

 Si la leyenda del hilo rojo dice que dos personas están destinadas a tener un lazo afectivo sea donde sea que estén, y que es un hilo que imaginariamente va en el dedo meñique pues la arteria ulnar conecta el meñique con el corazón y así se dirige a la otra persona, esa leyenda se cumple entre nosotros y
Dios y entre nosotros mismos. Es que hemos sido destinados al amor, es nuestro gen de Dios que se ha depositado en nuestra alma el día de la concepción. Entonces hay hilos rojos entrelazados por todo el mundo haciendo un gran corazón…

Ese amor nos entrelaza entre nosotros, y debería ser que cuando alguien está feliz nosotros también, pero cuando alguien sufre, nosotros también.

Mucho más fuerte es nuestra unión con Jesús. Cuando lo amamos, él viene a nosotros, mora en nosotros, nos hace mejores.

Es un amor que obedece, palabra que a veces sacamos de nuestro lenguaje porque suena a dictadura o mandato de alguien que no tiene autoridad moral, pero el que nos manda obedecer es Jesús: el que las cumple dice, el que cumple con su mandamiento de amor, ese del ámense los unos a los otros como yo les he amado. Mandamiento que es camino, que es trabajo diario, que es lucha ¿porque no?, contra nosotros mismos pues nos cuesta amar a todos con ese amor que Él nos tiene.

Pero ese amor obediente y confiado conduce a la seguridad absoluta, a la tranquilidad, al estar en la vereda correcta, y también conduce a una mayor manifestación de parte del Señor…Dios, padre e hijo, habitan en nosotros. ¡Vaya afirmación!  En vos, en mi, en los que leen ,en los que escuchan, vive Dios, tiene su carpa en el corazón, el alma, la inteligencia, aprendemos a mirar de manera distinta, sonreímos, estamos en paz, vamos seguros por la vida, vamos con Dios. Por eso debemos tratarnos bien, sabiendo que en el otro vive Dios, porque el otro, tiene el rostro de Jesús y es alguien a quien debo ayudar a llevar su carga.

Para todo esto contamos con el Espíritu santo. Es el gran tejedor de tantos hilos rojos cristianos que se unen en el amor. Él, nos hace entender, nos enseña cosas. Somos eternos aprendices. Aquel cristiano que piensa que ya no tiene más que aprender, quizás no entienda en lo más mínimo, la doctrina del espíritu santo que nos enseña todo, como lo dice nuestro evangelio diario, y que nos recuerda siempre,  lo que nos dice Jesús.  A cualquier edad debemos seguir aprendiendo las cosas de Dios. Consiste no solo en leer , sino abrir la mente y dejarnos habitar por el santo espíritu que nos lleva a rincones inimaginable por nosotros mismos. Se trata de buscar, quizás la palabra ideal para definir todo lo que hoy el evangelio nos trae. Buscar, ser buscadores eternos, para mejorar, para amar más, para estar más unidos a Dios y entre nosotros.
Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día

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