lunes, 7 de mayo de 2018

Juan 15,26-27.16,1-4a. EL ESPÍRITU DARÁ TESTIMONIO DE MI




En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.
Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio.
Les he dicho esto para que no se escandalicen.
Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios.
Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho.»
Palabra del Señor

Jesús promete el Espíritu Santo, el abogado, el que nos indica todo, el que nos confirma en la fe.
Dice Jesús que él dará testimonio suyo. ¿qué hubiera sido del cristianismo si alguien no fijaba la doctrina, las enseñanzas, la vida de Jesús en las mentes y corazones de los hombres? Quizás la de tantas historias de gente que vivió y murió, pasando por la vida dejando una huella que se fue diluyendo con el tiempo. Es el mismo evangelio desde aquel entonces, el que leemos, el que vivimos día a día. Alguien hizo que nunca una coma o una letra sean alterada. El Espíritu Santo nos hace comprender, saber, imaginar, meternos en ese tiempo y ese lugar para encontrarnos a nosotros también ahí.
Ayer domingo, los hechos de los apóstoles nos recordaban cuando Pedro fue a la casa de Cornelio. Allí, dice que “Mientras Pedro estaba hablando, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban la Palabra”… también hoy , y mañana. Cuando escuchamos o leemos su Palabra creemos que el Espíritu Santo desciende sobre todos y nos transforma la vida, nos hace entender, nos hace conocer.

Y Ustedes también dan testimonio, dice Jesús.

El testimonio viene por estar con Él. Aquellos hombres vivieron junto a Jesús, lo conocían, con lo que “conocer” significa. Hoy, el Espíritu Santo, nos hace conocer a Jesús. Lo podemos ver, sentir, vivir. Sabemos que está vivo al lado de cada uno compartiendo vida. El testigo dirá: esto es verdad, es vida, yo lo sé. Por eso el testigo es aquel que vivencia la fe. No se puede ser testigos solo con el titulo de cristiano obtenido por el bautismo de hace tiempo sin vivencia la fe.
Y eso, vivir la fe, nos da convicción. Convicción en Jesús, convicción en que estamos en la verdad, en búsqueda.
Y eso sale al exterior. Es una verdad con la que no te podes quedar porque te quema, y de una manera u otra necesitas darla a conocer, hablar, testimoniar. A aquella mujer samaritana a la que Jesús esperaba en el pozo, le dijo que si ella entendía, si ella se convencía, si ella aceptaba la gracia, todo se le iba a convertir en un manantial, no ya un pozo de donde uno saca agua, sino  manantial que sale que brota, que fluye. Es cuando te ven y dicen: ¡que gente buena, tiene a Dios consigo! Y tu vida alienta al cambio, da esperanza, ayuda  a convertir, a confirmar en la fe, motiva a otros a servir, a vivir de mejor manera, a sonreír, a cambiar el rostro triste por uno lleno de alegría… somos testigos de Jesús, de su amor, de su verdad, su alegría.


Pero, todo cuesta. Si releemos esa última parte del evangelio de hoy:

Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios.
Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho…
No nos promete la vida fácil. Nos advierte pero también nos desafía a perseverar para lograr el éxito
Cuando Garibaldi luchaba por la unificación de Italia, dijo aquella proclama conocida: no les ofrezco cuartel, ni provisiones. Les ofrezco hambre, sed, marchas agotadoras, batallas y muerte: ¡el que ame a su país de corazón  y no de labios, que me siga!… y le siguieron a millares.
Jesús no nos dice que este camino sería bonito lleno de rosas. Nos ofrece la cruz, para llegar al triunfo. Esta en nosotros aceptar o no.
¿Es fácil seguirte? Le pregunté a Jesús…
Vale la pena, me respondió.
Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día

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