martes, 29 de mayo de 2018

Marcos 10,28-31. HEMOS DEJADO TODO Y TE HEMOS SEGUIDO



Pedro le dijo a Jesús: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido".
Jesús respondió: "Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia,
desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.
Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros".

Palabra del Señor


Acababan de ver aquel joven rico alejarse ante la mirada de todos, pues poseía muchos bienes y al momento de la donación, del dejarlo todo para seguirle, se fue. Seguía con sus cosas y su conciencia habrá golpeteado mucho tiempo con aquellas palabras de Jesús. ¿Quién sabe si algún día hizo lo que Jesús le había dicho?...


Si sabemos lo que dejaron aquellos hombres. No eran muchas posesiones, pero habían dejado su vida proyectada, cambiaron su futuro, sus sueños. Dejaron en la orilla, su barca y con él buscaron otro mar, y eso para un pescador desde la cuna, o un recaudador que ganaba muchísimo dinero o para un joven que tenía todo el futuro por delante, contrastado con aquel muchacho que se fue, era blanco sobre negro, muy evidente. Al contrario de aquel hombre rico que había rehusado su invitación a seguirle, él y sus amigos le habían aceptado, le estaban siguiendo.
Y Pedro, siempre frontal, acostumbrado a pedir por los pescadores un pago mejor, acostumbrado a hablar del “nosotros”, (distinto a la mamá de los hijos del zebedeo, ¿recuerdan? Cuando pidió a Jesús un lugar a la derecha y otro a su izquierda para sus hijos) le dice a Jesús: hemos dejado todo, te hemos seguido, a pesar de las contras de familiares, amigos, hemos dejado nuestro poco o mucho bienestar, nuestra casa calentita, nuestra comida diaria, para correr detrás de ti a una aventura. Extrañamos a padres, madres, hijos, extrañamos a nuestros amigos de esa vida anterior, extrañamos salir de pesca , tranquilos y tomarnos algo de noche sin que nadie nos diga nada, y ahora estamos aquí siguiéndote…

Pedro, el primer sindicalista cristiano. Nunca pidió para sí, pidió para él y sus amigos, habló del nosotros, el bien es para todos, no solo para mí que hablo o para alguno en particular: es para NOSOTROS. Y pensaba, la promesa de Jesús ante el requerimiento del ¿y nosotros qué?, y pienso lo que lograríamos cuando nosotros en vez de hablar de mi hablamos del nosotros, cuando ante Dios le pedimos por nosotros, por nuestra familia, por nosotros, patria dolorida y dividida, nosotros, iglesia peregrina que camina entre penas y alegrías, entre santidades y pecados propio de hombres y mujeres que la integran, por nosotros, amigos que luchamos día a día por un mundo mejor. Y nos hacemos más hermanos entre nosotros pues tu lucha es la mía y la mía es tuya y vamos en la vida unidos con eslabones de amor más fuerte que los eslabones de la guerra y el odio.


La respuesta de Jesús: nadie renunciará nunca a nada por causa de Él y su evangelio, que no lo recupere multiplicado por cien, y esto no es para que especulemos con lo que damos sino para que veamos la generosidad infinita de Dios que siempre nos devuelve el ciento por uno a lo que hacemos y damos. Nunca se deja ganar en generosidad, nunca. Lo vemos a diario, en tantas bendiciones de tantas personas que dejan todo por seguirle, que abandonan viejos hábitos y amistades por seguirle, entonces aparecen otros y otros y la pequeña familia que teníamos se convierte en una inmensa familia mundial donde hablamos de NOSOTROS     y somos muchos.
Y no deja Jesús de ser honrado en lo que dice y habla, nos dice que todo lo conseguiremos en medio de la persecuciones. Si no estamos atentos a estas palabras, las persecuciones nos harán desistir. Y dejaremos el camino que comenzamos. Y nunca nos soborna con lo bonito que viene como premio. Si no, nos DESAFÍA y está en nosotros aceptar ese desafío o alejarnos.
Y nos dice también que a pesar de todo esto que promete, no nos la creamos, pues quizás por esto nos creamos los elegidos, los primeros, los que están al frente, y entonces el orgullo, que nos persigue, nos ponga en el último lugar…
Pedro hablo también en nombre tuyo y mío. Hoy podríamos hablar en nombre de tantos que necesitan de NOSOTROS, los niños por nacer, los pobres y enfermos, papá, mamá, hijos, familia, iglesia, movimiento, esposo, esposa. Es hasta cambiar de forma de expresarnos, pasar de “en ÉSTE país” a “en NUESTRO país”… seamos como Pedro.
Buena jornada para todos.

Publicar un comentario