viernes, 8 de junio de 2018

Juan 19,31-37. SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS



Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne.
Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús.
Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas,
sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua.
El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean.
Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ninguno de sus huesos.
Y otro pasaje de la Escritura, dice: Verán al que ellos mismos traspasaron.
Palabra del Señor


Un monje de la Orden de San Basilio, sabio en las cosas del mundo, pero no en las cosas de la fe, pasaba un tiempo de prueba contra la fe. Dudaba de la presencia real de Nuestro Señor Jesús en la Eucaristía. Oraba constantemente para librarse de esas dudas por miedo de perder su vocación. Su sacerdocio se convirtió en una rutina y se destruía poco a poco. Especialmente la celebración de la Misa se convirtió en una rutina más, un trabajo más. Era el año 700

La situación en el mundo no le ayudó a fortalecer su fe. Había muchas herejías surgiendo durante esta época. Sacerdotes y obispos eran víctimas de esas herejías, las cuales estaban infestando a la Iglesia por todas partes. Algunas de estas herejías negaban la presencia real de nuestro Señor en la Eucaristía. El sacerdote no podía levantarse de esta oscuridad que envolvía su corazón. Cada vez estaba más convencido, por la lógica humana, de esas herejías.




Una mañana del año 700, mientras celebraba la Santa Misa, estaba siendo atacado fuertemente por la duda y después de haber pronunciado las solemnes palabras de la consagración, vio como la Hostia se convirtió en un círculo de carne y el vino en sangre visible. Estaba ante un fenómeno sobrenatural visible, que lo hizo temblar y comenzó a llorar incontrolablemente de gozo y agradecimiento.

Estuvo parado por un largo rato, de espaldas a los fieles, como era la misa en ese tiempo.  Se dio vuelta, miró a sus fieles, le contó lo que pasaba: ¡afortunados testigos a quienes el Santísimo Dios, para destruir mi falta de fe, ha querido revelárseles El mismo en este Bendito Sacramento y hacerse visible ante nuestros ojos! Vengan, hermanos y maravíllense ante nuestro Dios tan cerca de nosotros. Contemplen la Carne y la Sangre de Nuestro Amado Cristo.

Las personas se apresuraron a ir al altar y, al presenciar el milagro, empezaron a clamar, pidiendo perdón y misericordia.
Otros se arrodillaban en señal de respeto y gratitud por el regalo que el Señor les había concedido. Todos contaban la historia por toda la ciudad y por todos los pueblos vecinos.

La carne se mantuvo intacta, pero la sangre se dividió en el cáliz, en 5 partículas de diferentes tamaños y formas irregulares. Los monjes decidieron pesar las partículas y descubren fenómenos particulares sobre el peso de cada una de ellas. Inmediatamente la Hostia y las cinco partículas fueron colocadas en un relicario de marfil.

Dónde se conservó y cómo fue pasando de un lugar a otro, lo pueden googlear como “El milagro de Lanciano”. Con el tiempo, a aquella hostia  convertida en carne y a la sangre le hicieron estudios cada vez más sofisticados. El último, en 1981 o sea 1200 años después.
A las distintas investigaciones eclesiásticas siguieron las científicas, llevadas a cabo desde 1574, en 1970-71 y en 1981. En estas últimas, el  científico Profesor Odoardo Linoli docente en Anatomía e Histología Patológica y en Química y Microscopía Clínica, con la colaboración del Profesor Ruggero Bertelli de la Universidad de Sena, utilizó los instrumentos científicos más modernos disponibles.


Los análisis, realizados con absoluto rigor científico y documentados por una serie de fotografías al microscopio,
dieron los siguientes resultados:

*La Carne es verdadera Carne. La Sangre es verdadera Sangre.

*La Carne y la Sangre pertenecen a la especie humana.

*La Carne está constituida por el tejido muscular del corazón. En la Carne están presentes, en secciones, el miocardio, el endocardio, el nervio vago y, por el relevante espesor del miocario, el ventrículo cardiaco izquierdo.

*La Carne es un CORAZON completo en su estructura esencial.

*La Carne y la Sangre tienen el mismo grupo sanguíneo (AB).

*La conservación de la Carne y de la Sangre, dejadas al estado natural por espacio de 12 siglos y expuestas a la acción de agentes atmosféricos y biológicos, es de por sí un fenómeno extraordinario.
Y otros resultados no menos sorprendentes.
Pero es un trozo de carne del corazón. Esa hostia, convertida en carne para ayudar a un fraile en su fe, es un pedazo del corazón, del corazón inmenso de Jesús.Presumimos que, debido a las experiencias emocionales y físicas de Jesús esos momentos desde la oración en el huerto, se le reventó el corazón. Cuando eso sucedió la sangre del corazón se mezcló con  el líquido del pericardio que rodea el corazón. La lanza  rompió el pericardio y brotó la mezcla de sangre y agua.
Sea como sea, quizás algún médico lo explique mejor, conmueve profundamente que se convierta en un corazón. No en un musculo que nos hablaría de fuerzas, de garra…no es un pie para indicarnos camino o caminante. No en una mano, que bendice , que indica,  que abraza, que sostiene…es un corazón que incluye todo lo anterior. Maravillosa declaración de amor de Jesús, que si no le bastara lo que hizo algún día en Jerusalén entregando su vida, se aparece cada tanto en estos milagros que aumentan nuestra fe.

Hoy celebramos que un día se le apareció a una monjita  en 1675 a santa Margarita María de Alacoque  mostrándole su corazón, un corazón rodeado de llamas de fuego que simbolizan el amor, coronado de espinas con una herida abierta de la cual brotaba sangre y de él salía una cruz. Esa devoción al Sagrado Corazón de Jesús está desde los primeros tiempos del cristianismo cuando se meditaba en el costado abierto de Jesús.
Hoy nos queda decir con toda fe Sagrado Corazón de Jesús en vos confío, para lo que viene, para mi vida, mi familia, para mi patria, para las decisiones de nuestros legisladores, para proteger la vida de todos, y hoy más que nunca de los no nacidos.
Buena jornada para todos. Sagrado corazón de Jesús en vos confiamos.

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