martes, 12 de junio de 2018

Mateo 5,13-16. SAL Y LUZ






 
Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor


Sal y luz. Dos elementos que son parte de nuestra vida.
La sal era relacionada con la pureza, probablemente por su blancura. Era la más primitiva de todas las ofrendas. Nosotros cristianos deberíamos ser ejemplos de pureza como la sal. Pureza al hablar, pureza siendo honrados. Diligentes en el trabajo o el estudio, más responsables. El mundo ha bajado el nivel de todo eso. Hasta en los gestos que hacemos. Estamos en el mundo  y a veces nos hacemos inmundos.
La sal era el más común de todos los conservantes.  La sal preserva de la corrupción del tiempo, del espacio, del clima. Nosotros por aquí tenemos el charqui, carne deshidratada  conservada en sal. Los cristianos estamos llamados a ser sal que ayude a preservar  de la corrupción nuestros metros cuadrados, nuestras familias, nuestras instituciones, nuestra patria. Cuanto más sal haya, más libre de la corrupción estaremos.
La sal da sabor, la más típica función. Una comida sin sal es insípida. Pero con mucha sal, hace mal o no se puede comer. Cristianos que llenan todo con su vida cristiana que hablan, que quieren imponer lo cristiano, que no son coherentes entre lo que dicen y hacen, a veces son tan salados que se los deja pasar y se les deja de escuchar.
La sal da sabor, nosotros los cristianos siendo sal deberíamos dar sabor a la vida. En un mundo lleno de ansiedad, nosotros deberíamos ser los más serenos. En un mundo deprimido, deberíamos contagiar esperanza en Dios, en lo que vendrá, en un futuro mejor. En un mundo triste deberíamos ser alegría, aunque también nosotros por distintas circunstancias andamos con cara amargada, como de duelo por la vida, nunca disfrutando de las maravillas de Dios. ¿Qué le queda para los demás? Parece que ser cristiano es sufrir, es alejarnos del mundo, es vivir sin mirar a los demás. El mundo debería contagiarse de nuestra alegría, una alegría que les lleve a preguntarse ¿Por qué está así este hombre o esta mujer? ¿Por Cristo? Entonces ser cristiano vale la pena.

Y ser luz.
La luz está primero para que se vea. Con luz vemos, sabemos dónde vamos, donde estamos. Con luz vemos el rostro del hermano. Ser luz es tratar de iluminar alrededor, ayudar a otros y a nosotros mismos a ver.
Cuando uno va por una ruta de noche, sabe donde hay una ciudad por el resplandor de sus luces. Entonces la oscuridad se corta, hay vida, hay luz. Nos dijo que seamos luz del mundo, del mundo, no solo de la Iglesia, no dijo sean luz de la Iglesia… eso sería como poner una lámpara dentro de una caja o bajo de una mesa. Es más fácil ser luz solo en la Iglesia donde todos me ven, saben quién soy, doy testimonio ahí porque son todos del “mismo palo”. Jesús nos dice sal y luz del mundo, en muchos de sus lugares a oscuras, de Dios, de sus valores. La presencia de cada cristiano, es una lámpara encendida en cada lugar. Es un desafío ser luz en el mundo, pero a eso hemos sido llamados. Es fácil pescar en una pecera, es difícil ir mar adentro y echar redes. Ahí nos manda, por eso ser cristianos es de valientes y héroes.
La luz es guía, como en los aeropuertos cuyas pistas están señalizadas a ambas márgenes con luces que indican el ancho. El cristiano guía, indica anchos, largos, ayuda a que otros puedan diferenciar el bien del mal, la pista o la banquina.
La luz también es usada para advertir, a veces de un accidente más adelante o de un peligro por obras en construcción. Advierte la luz. Cuando se apaga por distintas razones, puede provocar accidentes o situaciones desagradables. Somos luz que advierte, profetas de la nueva era, hay que animarse a advertir, a predicar, a ser luz, a decir palabras si es necesario, hay que ser luz que indique caminos, que ilumine el mundo a oscuras, que lleve paz, serenidad, alegría mucha alegría.
Esto de ser luz es hacernos parecidos a Jesús que dijo: soy la luz del mundo. Si nos dice que seamos luz es para que lo imitemos. El mundo nos necesita, por favor no nos apaguemos. No perdamos el sabor.
No me asusta la maldad de los malos, me aterroriza la indiferencia de los buenos. (Mahatma Gandhi)
A lo que hay que temer es al cansancio de los buenos, decía Juan XXIII
Buena jornada para todos.

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