lunes, 16 de julio de 2018

Mateo 10,34-42.11,1. DESAFÍO DE JESÚS


Jesús dijo a sus apóstoles:
"No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada.
Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra;
y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.
El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió.
El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.
Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa".
Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región.
Palabra del Señor


Siempre que hay una causa , una gran causa como lo es la vida de Jesús, la gente de divide irremediablemente. No se puede evitar que haya quienes acepten y quienes rechacen el desafío. Jesús nos enfrenta a la verdad,  y se debe decidir  si se acepta o no.
Todo en esta vida, es un decidir
si me voy contigo, o me quedo aquí.
Romperé los muros, de mi propia casa,
iré mar adentro y pescaré por Ti.

Hoy mi pueblo está clamando,
pide vida, pide amor
gritan mis hermanos
y llega hasta el Cielo su voz.

La misión que tu me has dado
debo hacerla realidad
Luchar por la vida,
luchar por un mundo de paz.

dice la canción de Eduardo meana

Lo más triste es que a veces  nos enfrentamos por ello,  con los de nuestra propia familia, los de la propia casa.

Y aun más, a veces con nosotros mismos. Porque se trata de decidir seguirlo o seguir con nuestro egoísmo, nuestra sensualidad, nuestra soberbia, nuestra pereza, nuestra avaricia contra todo eso arraigado en lo más profundo de nuestra naturaleza. Es una batalla contra el mal humor, contra el mal trato hacia los demás, con la poca amabilidad que tenemos a veces. Y así, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, dirá san Pablo en su carta a los Romanos. Una batalla diaria.


Decidir, elegir… cuanto más amo a mi esposa, aun más amo a Cristo. No me pide nunca que deje estos lazos humanos de amor a mi familia, esposa hijos nietos, me pide que aun sea mayor el amor hacia sus cosas que enmarca toda mi vida, que es el “fondo de pantalla” para todos los proyectos de vida, que es el sostén donde se funda todo lo bueno que podamos ser.


Decidir, elegir… eso de la cruz, la gente del tiempo de Jesús sabía bien que era. El que llevaba la cruz estaba condenado. Llevar la cruz, la de todos los días, nos significa muchas veces resignar  ambiciones personales, tranquilidad, la comodidad de nuestra zona de confort. Resignar a veces deseos profundos,  resignar amistades, lugares, resignar posiciones de privilegios. Renunciar a  quedarse en cama cuando hay tanto por hacer. Resignar devolver el insulto, devolver el mal trato, la hipocresía, devolver el daño recibido… en el cristianismo hay cruz, pues no hay rosas sin espinas.


Decidir por la aventura de Jesús: El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.


Muchas personas hubieran podido salvar su vida fácilmente, pero si la salvaban así, la hubieran perdido en la historia de la humanidad. El mundo nos quiere mediocres, que no sobresalgamos, que vivamos según los estándares de vida normales, que seamos uno más de la manada. La aventura de Jesús es para aquellos que deciden salirse del molde, de los que luchan contracorriente, de los que nos se dejan vencer por adversidades ni obstáculos que se le presentan a su vida de gracia, esos están llamados a constituirse protagonistas de la historia, protagonistas de verdad. Así nos necesita Jesús, no nos necesita en las tribunas , Jesús no necesita alentadores seriales, que coreen su nombre. Necesita que nos metamos en la cancha para jugar el partido de la vida junto a él. Decidir , elegir… o me quedo en la tribuna o bajo a jugar el partido.

Que Dios nos ayude a elegir correctamente. Buena jornada para todos
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