miércoles, 18 de julio de 2018

Mateo 11,25-27. SE HA REVELADO A LOS PEQUEÑOS



Jesús dijo:
"Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar."
Palabra del Señor.



Era su propia experiencia: lo amaba la gente, lo rechazaban los rabinos y sabios de su tiempo. .
No condena Jesús la actividad intelectual, lo que condena es el orgullo intelectual. El corazón es el hogar del evangelio, lo que le cierra las puertas al evangelio, a las cosas de Dios, no es la inteligencia, sino el orgullo. Uno puede ser sabio, culto, inteligente, pero si no tiene sencillez, confianza en Dios, humildad, se excluye a sí mismo.

El apóstol Santiago dirá tiempo después en su carta:

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo?
¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario,
les dice: «Vayan en paz, caliéntense y coman», y no les da lo que necesitan para su cuerpo?
Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta.
Sin embargo, alguien puede objetar: «Uno tiene la fe y otro, las obras». A ese habría que responderle: «Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe»



A veces nuestra actividad intelectual, nos aleja de la gente, nos encierra demasiado, se produce el corte de comunicación entre el corazón y la mente, el intelecto. Parece que no se puede ser cristiano, sencillo y humilde cuando se adquiere cierta fama, cierto honor, o cuando estas actividades me hacen alejar de Dios, hasta dudar de su presencia.  Muchos de ellos  ocupan lugares en medios de comunicación social y transmiten su mensaje despreciando al humilde a quien ven solo como destinatario de la acción social del estado, como si su palabra, palabra sabia que viene de un corazón experto en amor, no valiera.

Einstein considerado el  científico más famoso y relevante de todo el siglo XX, creía en el famoso dios de Espinoza un dios panteísta y no personal, ese Dios que viene a nuestro encuentro siempre, como gran diferencia de nuestra religión cristiana con las otras  en que uno debe ir al encuentro.


Sin embargo, alguna vez en una entrevista dijo que Dios era como un Bibliotecario universal. “La mente humana,   decía, no importa cuán altamente capacitada esté, no puede comprender el universo. Estamos en la posición de un niño pequeño, entrando en una enorme biblioteca cuyas paredes están cubiertas hasta el techo de libros en muchos idiomas diferentes. El niño sabe que alguien debió haber escrito esos libros. No sabe quién ni cómo. No entiende los idiomas en los que están escritos. El niño observa un plan definido en la organización de los libros, un orden misterioso que no entiende, pero apenas sospecha sutilmente. Esa, me parece, es la actitud de la mente humana, incluso de la más grande y la más culta, hacia Dios. Vemos un universo maravillosamente organizado, obedeciendo ciertas leyes, pero solo entendemos las leyes vagamente. Nuestras mentes limitadas no pueden escrutar la fuerza misteriosa que balancea las constelaciones”. Entrevista en 1930

Siempre es bueno volver a ese lugar de donde partimos. Dios nos dio el gen de Dios, puesto en todos, absolutamente en todos aun en el niño educado en el más completo ateísmo. Ese Dios nos dice algo desde nuestro interior. Que el corazón, sea más fuerte que el orgullo de cerrar nuestra mente a las cosas de Dios. Se trata de BUSCAR, pero con la sencillez de aquel que hace de su vida, un servicio. ¿Quiénes serán lo que salvaran al mundo, tu mundo pequeño, el mío? Los intelectuales con sus formulas mágicas y su apoltronamiento en un sillón?  ¿ o los sencillos que se multiplican día a día en servir, en amar, en sonreír ante la adversidad, aquel que pone sus dones en beneficio de la sociedad, su casa para recibir al que está triste, al que pone un horno para hornear bollos para la comunidad, el que agarra un pico y una pala y se pone a trabajar para construir. La gran mayoría de nosotros no inventaremos ninguna vacuna, ni avance tecnológico para la humanidad. Nos toca cambiar el mundo con el esfuerzo, poniendo manos a la obra en el mundo en que estamos.

Buena jornada para todos. Que nuestro corazón humilde  gane al orgullo que nos quieren imponer.

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