lunes, 2 de julio de 2018

Mateo 8,18-22. TE SEGUIRÉ DONDE VAYAS



Al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla.
Entonces se aproximó un escriba y le dijo: "Maestro, te seguiré adonde vayas".
Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".
Otro de sus discípulos le dijo: "Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre".
Pero Jesús le respondió: "Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos".


Palabra del Señor


Aquel escriba le llamó maestro. El titulo de más alto honor que conocía. Eso era ya un milagro. Un milagro producido por la personalidad de Jesús. Escribas  era a quienes se  había instruido en la ley. Éstos hacían del estudio sistemático y de la explicación de la ley su ocupación. Se les contaba entre los maestros de la ley. Y este hombre le llamó MAESTRO, abrumado por la personalidad de Jesús, de quien decían habla como quien tiene autoridad, su potencia de voz es tan buena que lo escuchan todos aquellos que estaban en la montaña escuchando el sermón, o su firmeza es tal que corre él solo a vendedores curtidos y rudos del mercado, pero a la vez se conmueve con un amigo que muere, o un niño que se acerca y defiende a una mujer que es perseguida por el machismo imperante. Que rápido contestaba y confrontaba a todos a través de una moneda, que no tenía tiempo ni para comer con tal de tocar a cada uno que llegara hasta su vida.

Lo había impactado. A veces no hace falta tanto hablar a las personas acerca e Jesús, sino lograr que ellas se encuentren con él y dejar que su personalidad haga el resto.

A este hombre, al que uno generalmente festejaría su adhesión a la vida cristiana por lo que acababa de decir, Jesús le dice lo de los zorros y las aves… cualquiera podría decirle: señor, mira lo que te dijo y vos le salís con los peligros que tiene seguirte, lo hubieras dejado venir y después que él vea como hicimos nosotros… sin embargo Jesús le aclara, no quiere que nadie lo siga por la emoción del momento, quiere que el fuego sea en brasas duras y firmes y no que sea el fuego en la paja que rápido de prende y también rápido se apaga. Es como que le dice: calcula el precio de tu jugada, no es fácil, pero vale la pena, no es sencillo, te dejan a un lado, te abandonan, amigos dejan de seguirte, les molestará tu presencia como la luz a los ladrones, pero vale la pena.

A un deportista que quiere triunfar le dicen: vas a tener que dejar de salir por las noches,  vas a tener que comer sano todos los días, dejar esto y aquello, dejar esos gustos que te das a veces, y ellos aceptan porque miran la meta final. A un estudiante que quiere recibirse  en tiempo, le dicen: mira que vas a tener que pasarte noches estudiando, que vas a perder  hasta esa vida social que tenías, que las vacaciones serán un nombre del pasado, pero sabes cuál es la meta final. Y decimos: vale la pena.

Así a nosotros también nos dice todos los días: esto de ser cristiano, nos exige ser los mejores, nunca mediocres, nos exige cuidarnos de ciertas cosas, ser más serviciales, “mi cansancio que a otros descanse” cantamos habitualmente…pero VALE LA PENA.

 Y el otro discípulo  le dice: déjame que entierre a mi padre… no era que ya había fallecido y debía cumplir el trámite. Esa expresión era : te voy a seguir  cuando muera mi padre, que puede ser mañana, pasado, dentro de un mes, un año o varios años… ni siquiera significaba que estaba enfermo, grave.  Muchas veces nos sentimos movidos a hacer algo bueno, a abandonar algún mal hábito, o decir una palabra de aliento o de admiración, o simplemente “te quiero” a papá, mamá, y dejamos pasar el tiempo, postergamos y no lo hacemos nunca. Jesús le decía: ahora que estas decidido, que tienes la convicción, ahora hacelo, no esperes hasta mañana. ¡Cuánto postergamos muchas veces, volver a la vida de gracia, orar, hacer eso que nos propusimos para mejorar nuestra vida!. En lo espiritual hacemos como con la dieta: comienzo el lunes y así dejamos pasar oportunidades hasta que todo se diluye.



Que Dios nos conceda la fuerza de la decisión para hacer hoy lo que debemos hacer hoy.

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