miércoles, 4 de julio de 2018

Mateo 8,28-34. DOS ENDEMONIADOS



Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino.
Y comenzaron a gritar: "¿Que quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?"
A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo.
Los demonios suplicaron a Jesús: "Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara".
El les dijo: "Vayan". Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron.
Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados.
Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.
Palabra del Señor


¿En qué o en quienes pensamos, al escuchar esta Palabra?

Dos endemoniados que salían de la zona del cementerio… personas que estaban poseídas o enfermos que creían estarlo, fuertes, molestos, agresivos,  impedían el paso a cualquiera, los hacían asustar, son de esos que nos dan miedo, a los que nunca quisiéramos enfrentar o tener cerca. Aquellos que quitan el sueño cuando somos niños, que son sombra negra cuando somos grande… miedos, angustias, personas malas, ansiedades de todo tipo y por cualquier motivo. Le gritaron: ¡¡has venido a atormentarnos!! Sabían quién era, sabían que había frente a ellos , alguien más fuerte, con más poder, ante el cual se rendían.

Pensamos en los animales, cerdos, o cualquiera de ellos. ¿Qué culpa tenían ellos? Ninguna. Solo que muchas veces tenemos una desproporción en el cuidado hacia ellos o hacia cualquier  ser humano. Hay lugares donde se gasta U$S 1400 por año en el cuidado de mascotas, entre alimentos, veterinarios, psicólogos, accesorios. ¿Vieron los espacios que hay en supermercados para las mascotas? Son mimados al extremo, cuidados mejor, con visitas periódicas al veterinario. Eso no está mal, pero si está mal cuando perdemos de vista la proporción que le corresponde al animal al lado de cada ser humano. Muchas veces nos angustia, nos duele más, ver a un animal sufrir  en la calle, que a un hermano que vive en la calle, o un niño que trabaja vendiendo productos por las noches en los restaurantes… es más, nos molestan pues nos sentimos culpables por dentro de no hacer nada, y queremos que los retiren del lugar.


Pensamos en los cuidadores, que asustados por lo que había pasado, y por temor a ser expulsados del trabajo por no haber cuidado de los animales, corren a decir lo que había acontecido. Seguramente exageraron la situación de tal manera que vinieron todos del pueblo a pedir por las buenas  a Jesús que se vaya.

Y los habitantes de aquella región, a los que no les importó ver a dos personas…si , a DOS PERSONAS iguales a ellos, sanos , tranquilos, rescatados, sino que vieron como un comerciante perdía sus ingresos y le pidieron a Jesús que se vaya. Cuando decimos, no me importa que le pase a los demás, con tal de no perder mis ganancias, mi comodidad o mi tranquilidad. Sistemas económicos que no les importa el hombre en sí, sino el poder económico, aunque por eso tengan que destruir a muchos seres humanos que viven el día a día, que sufren la falta de trabajo, el desempleo. Cuando, como empresario se prioriza la maquina, y se deja de lado al hombre que vive en cada empleado. Muchas ocasiones en la vida que el hombre prioriza otra cosa que no es el hombre mismo: sus ganancias, sus réditos, su dinero…


En la actitud de Jesús, a quien no le importó más que el hombre mismo, que enfrentó el temor que producían aquellos dos, que por esto sabemos que nos protege, que nos cuida que sale en defensa nuestra aunque el mundo se empecine en hacer lo contrario, que nos rescata del más profundo mal, que nos tranquiliza, que es nuestra serenidad. Un Jesús que es echado de tantos hogares, de tantas naciones aunque haga el bien. Que es expulsado de tantas vidas porque molesta, porque es mejor vivir en la oscuridad o en la mediocridad, que es expulsado de tantos hogares que dicen vivir mejor en el ateísmo, de una vida sin Dios ni religión.
Hoy nosotros, seguramente decimos a Jesús, como aquellos discípulos camino a  Emaus: quédate con nosotros Señor, la noche es larga y cerrada y te necesitamos.
Buena jornada para todos.

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