sábado, 7 de julio de 2018

Mateo 9,14-17. CON JESÚS ESTAMOS ALEGRES


Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?". 
Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y los odres se pierden. ¡No, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y así ambos se conservan!".
Palabra del Señor


Estar con Jesús es estar de fiesta.  
No es esa fiesta desenfrenada en que cada uno hace lo que quiere, como si estar con Jesús, nos da derechos extras en la vida y nos hace reclamar a todos, atención especial porque somos del Señor. No nos da libertinaje, no nos hace estar en un pedestal o en un escenario creyéndonos los dueños de la fiesta, llevándonos la atención de todos.
Si, una fiesta de alegría, donde estamos felices… ¡felices, cristianos, felices!. A veces no lo entendemos y ni nuestra cara de amargados lo expresa así. Parece que ser cristiano tiene que ver con “no”. No podes hacer esto, no podes hacer aquello, y entonces todo se torna en amargura. Nuestras liturgias, misas, celebraciones son un canto al desencanto. A veces queremos pasar rápido por ahí y nos viene esto de la obligación, y no disfrutamos.

Si entendiéramos esto del gozo que es estar con Jesús, viviríamos más felices, sonrientes, dichosos y, lo que es mejor, atraeríamos a más gente al lado de Jesús. Es un rostro, el de la alegría, que está en el lugar de los pendientes en nuestra vida. Las cosas del Señor, no pueden amargarnos la vida, hay que disfrutar más. Un grupo, una asociación, un movimiento, no pueden amargarnos la vida si es que son del Señor. Las cosas del Señor debemos disfrutarlas más. Si no nos pasará como al hijo mayor  de la parábola, que estaba aferrado a su papá solo por obligación y jamás se animo a disfrutar nada de lo de su padre.

Pero también, nos dice Jesús, que todo pasa. Hay momentos en que se quita al Señor de nuestra vida. Son los verdaderos momentos de tristeza. Y nos desafía. Nos dice: los momentos buenos hay que disfrutarlos, pero, al pasar los momentos malos, ¿seguirás a mi lado?, porque no se trata solo de esos momentos alegres. Así cualquiera es cristiano. Cristiano de puertas adentro, cuando todos piensan lo mismo, cuando rezo y todos rezan, cuando amo y todos aman. Cristianos ante el dolor, la persecución y cristianos hasta cuando parece que Dios se mantiene en modo silencio o “modo avión” pues no manda ni recibe mensaje, se corta la comunicación, pasamos por tiempo o lugares donde no se escucha su voz.

Esta  es la buena nueva del evangelio. Una buena noticia que requiere de nosotros amplitud de espíritu para vivir en la libertad de los hijos de Dios. es más fácil obedecer mandatos de siempre : hacer lo que es debido, lo que mandan …y nunca pensar, asimilar la idea, ser responsables al llevar a cabo esa idea. Quizás vivir en la libertad de los hijos de Dios sea la idea nueva del evangelio. Sabernos sostenidos por su amor, sabernos amados por Él, nos hace vivir en paz, nos hace amar las cosas del Señor, gozar de su presencia, DISFRUTAR  A SU LADO y por lo tanto vivir en consecuencia. Eso requiere que nuestra vida sea un odre nuevo, que se expanda ante este vino nuevo, y no un odre viejo, endurecido que ya no se estira más y se rompe por la “fermentación” de ese vino nuevo. Necesitamos urgentemente mostrar ese rostro de alegría a un mundo triste que se excita demasiado con un viernes al que definen como el mejor día de la semana porque sábado y domingo no se trabaja y porque , parece llega el descontrol esos días, como si eso fuera TODO EN LA VIDA. Un mundo triste que depende de un éxito deportivo para ser feliz. Un mundo triste que abandona la lucha a causa de la comodidad, del confort. Ojala que siempre seamos odres nuevos para la ley del amor de Jesús que hace nueva todas las cosas y todos los momentos de nuestra vida.
Buena jornada.

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