lunes, 9 de julio de 2018

Mateo 9,18-26. TEN CONFIANZA, TU FE TE HA SALVADO



Mientras Jesús les estaba diciendo estas cosas, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: "Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá".
Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto,
pensando: "Con sólo tocar su manto, quedaré curada".
Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: "Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado". Y desde ese instante la mujer quedó curada.
Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo:
"Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme". Y se reían de él.
Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó.
Y esta noticia se divulgó por aquella región.


Palabra del Señor


Así es Jesús, está para todos. Para el alto jefe, que según dicen era el “intendente” de la sinagoga, o sea aquel que cuidaba el lugar, que disponía de lectores, ordenaba todo en ella, que estaba mal por su hijita que estaba muriéndose, a cuya casa fue sin tanto tramite: ya voy, después del mediodía, déjame comer y voy, mañana seguro estoy por ahí, y tantas otras excusas rápidas que solemos poner nosotros…Jesús, ya en el acto, fue. 

Y con esta mujer sencilla y humilde de su tierra.  Los judíos llevaban en las esquinas de su manto, cuatro borlas (una en cada esquina), que los identificaba como tal y como miembro del pueblo elegido. No importaba donde estaba, y servía para recordarle al judío cada vez que se pudiera el manto, que él pertenecía a Dios. Esto fue a tocar aquella mujer. "Con sólo tocar su manto, quedaré curada", pensó.

Cuando tocó el manto, fue como si el tiempo se detuviera. Como si estuviéramos viendo una película y de pronto todo se detiene y siguiéramos viendo lo mismo. Lo conmovedor de esta historia, que casi siempre leemos de corrido y sin pausa, es que Jesús se detuvo en medio de aquella multitud que iba con él y que lo apretujaba por todos lados, y parecía que nada ni nadie existía  para Él, salvo aquella mujer y su necesidad. No era solo una pobre mujer, perdida en medio de la multitud, sino una persona a quien Jesús dio la totalidad de sí mismo.
Para Él, nadie esta perdido en la multitud, nadie es uno más. A veces sentimos que Dios es de los otros, de los buenos, de los que están siempre con Él.  El mundo suele separar los importantes de los que no lo son. En una de las  crónicas del hundimiento del titanic, en diarios del mundo se hablaba de la trágica muerte de un súper millonario que iba en el barco hundido… solo al final de las editoriales, se decía que también habían muerto 1800 personas más. Parecía que el único importante era el millonario, la vida de los demás, no valían.

Para Jesús, todos valemos lo mismo, todos somos destinatarios de su cuidado, parece que el mundo se detiene en nosotros dos, Jesús y yo. Certezas que nos quedan cuando parece que nadie más atiende de nosotros y parece que ante el mundo somos invisibles, invisibles en casa, delante de papá y mamá que a veces están metidos en sus problemas y no nos escuchan, invisibles delante de los hijos que viven su mundo y no están en algunos momentos, invisibles ante la sociedad que pone atención en los otros, en los más ricos o en los más pobres según las circunstancias, invisibles delante de la Iglesia  que mira para otro lado, invisibles delante de amigos que a veces nos hacen a un lado, o se ríen de nosotros, invisibles delante de los familiares que viven metidos cada uno en sus asuntos. PERO PARA JESÚS, NO, como vemos con esta mujer excluida, tratada como impura o inmunda por la Ley, que la obligaba a permanecer fuera de todo para no “contaminar” a las personas o muebles donde se apoyaba, a esta mujer  Jesús miró de manera especial, solo a ella, como a vos o a mí, y tuvo un gesto de misericordia , de amor, de exclusividad: "Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado". Le dijo, y nos dice, que con fe, con solo eso, podemos acercarnos a Él y nos  mirará de manera tan especial como a aquella mujer.
Cada uno de nosotros puede tener esa experiencia: ir con fe, tocar su vida, sentir que nos mira, que nos ama, que nos sana, que nos da Él su misma vida, todo lo que tiene. Ojalá así sea.
Buena jornada para todos.

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