viernes, 10 de agosto de 2018

Juan 12,24-26. DAR LA VIDA PARA GANARLA





Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.

Palabra del Señor



Por medio de la muerte, viene la vida. Es difícil entenderlo, más para nosotros que siempre estamos aferrados a la vida. Pero si vemos el grano de trigo, seguro y feliz, en un estante, o en una mesa de esas que se adornan con grano, decimos: no es aquí donde debe estar. Debe estar en la tierra , y ahí es cuando comienza el proceso de dar frutos.

Hoy celebramos a san Lorenzo Mártir. Fue su muerte, y la de todos los mártires, lo que hizo que la Iglesia creciera: la sangre de los mártires, es la semilla de la Iglesia.

San Lorenzo fue uno de los siete  diáconos  que en, Roma, se encargaba de ayudar a los pobres y necesitados. 
Cuando  estalló una persecución , el Papa San Sixto fue condenado a muerte. Mientras era llevado a la ejecución, Lorenzo lo siguió llorando, "Padre, ¿a dónde vas sin tu diácono?" él dijo. "No te voy a dejar, hijo mío", respondió el Papa. ." 
 Lorenzo, entonces,  les dio a los pobres el resto del dinero que tenía a mano e incluso vendió buques costosos para tener más que regalar.


El prefecto de Roma, un pagano codicioso, pensó que la Iglesia tenía una gran fortuna escondida. Así que ordenó a Lorenzo traerle el tesoro de la Iglesia. El Santo dijo que lo haría, en tres días. Luego recorrió la ciudad y reunió a todas las personas pobres y enfermas apoyadas por la Iglesia. Cuando se los mostró al prefecto, dijo: "¡Este es el tesoro de la Iglesia!"


Con gran enojo, el prefecto condenó a Lorenzo a una muerte lenta y cruel. 
El Santo estaba atado a una parrilla de hierro sobre un fuego lento que asaba su carne poco a poco. Lorenzo sentía un profundo amor por Dios, a pesar de aquello que estaba pasando. Incluso bromeaba  y le decía al juez:"Dame la vuelta",  "¡He terminado de este lado!" Y justo antes de morir, dijo: "Ya está cocido".

 Luego oró para que la ciudad de  Roma  se convirtiera a  Jesús  y para que la fe católica  se extendiera por todo el mundo. Era un 10 de agosto como hoy.




En esa fuerza , en ese amor, en esa entrega, la Iglesia se sostiene. No lo hace en dinero, en propiedades, en oro o en plata. No lo hace en personas falibles que muchas veces se equivocan…lo hace en tantos mártires que entregaron y entregan su vida, que vivieron en carne propia esto del grano de trigo.



Pero al común de nosotros, no nos pasará lo de san Lorenzo. Si, debemos pensar que, como en toda empresa que realicemos,  estas viven, por la vida que uno deje en ella.

A veces, es solo cuando sepultamos nuestros intereses y ambiciones personales,  que comenzamos a serle útil a Dios para algo.
 Por la muerte a la ambición personal, se llega a estar disponible para Dios.

Muchas veces nos pasa, como ayer cuando leíamos lo que hizo Pedro de querer ponernos delante de Jesús e indicarle a él el camino: ve detrás Pedro, aquí el que va adelante soy yo, parece decirle el Señor, y decirnos a nosotros.
 Creemos que Jesús debe jugar el partido con nuestras reglas, con nuestro reglamento, y no pensamos que en esto, las reglas las pone otro, que sabe lo que hace y quiere y que quiere para nosotros un bien mucho más grande que el que nosotros mismos queremos…

tiempo de jugar el partido con las reglas de Jesús, para eso hay que escucharlo, pensar en cada momento: ¿Cómo harías esto tu Señor?...¿qué haría Cristo en mi lugar?

También nos dice el evangelio que la única manera de no perder la vida es darla…amamos en demasía nuestra vida , por dos motivos principales:
El egoísmo y el deseo de seguridad.


Un mensaje especial para aquellos que buscan seguridades, buscan “estar bien”, se convierten incluso como cristiano, en pequeños burgueses, del “así nomas”, es “suficiente lo que tenemos”  , no hace falta que venga más gente, esos hacen mucho lio, los jóvenes no vengan a molestar… :es preferible consumirse que enmohecerse, es preferible llegar al final de la vida con manos callosas y cuerpo cansado, que tener la cara tersa , pero el alma llena de telas de arañas por haber sido amarretes en dar.

«Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» dice el Papa Francisco, en Evangelii Gaudium.

Buena jornada para todos, sostenidos por la vida y entrega de san Lorenzo que entendió esto de dar la vida para ganarla.

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