martes, 27 de noviembre de 2018

Lucas 21,5-11. "¡NO LOS SIGAN!"



Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo:
"De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido".
Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?".
Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin".
Después les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo."
Palabra del Señor


Dicen los historiadores que el templo  era de una gran belleza. Las columnas eran de mármol blanco de una sola pieza de 12 ms de alto. Mucho  oro, por ejemplo una parra con racimos del tamaño de una persona. Tanta belleza no dejaba de sorprender a propios y extraños, no solo por la belleza, sino por lo monumental de la obra, que hacía que el hombre se sienta muy pequeño.
Jamás podrían imaginar a ese monumento, convertido en polvo, o que iba a ser destruido, como les decía Jesús…y fue lo que pasó. Hacia el año 70, ante tantas luchas internas, conflictos, y sobre todo por no escuchar la voz de Dios que invitaba a un cambio de vida, o “dejar pasar la visita de Dios” con Jesús, las fuerzas gobernantes destruyeron todo.

Jesús había visto todo antes, se los había dicho, pero no escucharon.
Todo se ve mejor cuando se ve con los ojos de Dios.


Le preguntaron a Jesús cuando sería todo eso que ellos no creían que pudiera pasar.


"Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan.


Todo se ve mejor cuando se ve con los ojos de Dios… es una invitación al discernimiento, nos dirá el Papa Francisco, esta virtud cristiana de comprender donde está el espíritu del Señor y donde está el mal espíritu.

y ¡cuánta falta nos hace saber distinguir esto! En que muchas veces se hayan unidos por raíz el bien y el mal, y crecen juntas como nos dice la parábola del trigo y la cizaña. Pero el problema es que nos confundan luego el bien con el mal, que todo se licúe, que nada es bueno ni malo, que es todo de lo mismo. 

Allá en el año 1934, Enrique santos Discépolo, escribía el tango Cambalache. Hace 84 años. Ya en aquel tiempo se decía que todo era un cambalache:
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. ¡Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor! No hay aplazaos ni escalafón, los inmorales nos han igualao... Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que si es cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón…dice una estrofa

Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remache ves llorar la Biblia contra un calefón…


Hay una dictadura del relativismo que nos hace pensar que todo está bien. No hay sentido del pecado y quizás sea lo peor que nos puede pasar.


Hay líderes del mundo, falsos salvadores que tratan de sustituir a Jesús, brujos, falsos “santos”, personajes que quieren atraer las mentes y corazones especialmente de los jóvenes… Jesús nos pone en guardia: “¡no lo sigan!” , también nos dice el  Papa Francisco (13-11-2013)


¿Porque pasó lo que pasó con el templo y en muchas partes de la humanidad? Por la codicia, por el odio, por la sed de venganza.


Mientras tanto nosotros deberíamos dedicarnos a edificar la casa sobre roca firme, en cualquier ámbito donde nos toque vivir. En casa, en la familia, con los amigos, noviazgo, matrimonio, en la educación de nuestros hijos, en el cuidado a nuestros nietos, en el servicio apostólico en que estemos. Paso a paso y pidiendo a Dios sobre todo la luz del discernimiento:

Señor, Concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia.


Buena jornada para todos. Siempre se ve mejor con los ojos de Dios

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