sábado, 1 de diciembre de 2018

Lucas 21,34-36. ¡ATENTOS!




Jesús dijo a sus discípulos: 

"Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra.
Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre".

Palabra del Señor



Tengan cuidado nos dice Jesús. El peligro es perder la conciencia crítica que nos hace discernir con exactitud dónde está el bien y donde el mal.


Decir conciencia, ya sería suficiente, pues la conciencia es siempre la realidad que crítica, que pasa por tamiz las cosas, que selecciona, que analiza, que configura algo o por el contrario que los desfigura.


Conciencia crítica sería algo redundante, pero vale como termino para ponernos frente a la realidad, y analizarla. La conciencia crítica es un sentimiento interior por el cual el ser humano es capaz de apreciar su propio valor y capacidades y de reconocerlos en las demás personas.



Frente a los medios de comunicación social necesitamos esa conciencia crítica que nos haga sacar conclusiones propias y no dirigidas por tal contenido editorial, a escuchar y ver dos campanas.



Frente a un problema necesitamos esa conciencia crítica que nos ayude a darnos cuenta lo fundamental de lo  accesorio, lo bueno de lo malo.



Frente al mundo: hoy el evangelio nos habla de excesos, embriaguez y preocupaciones de la vida. ¡Un mensaje tan actual!


Aquello vivido con exceso, que en cierta medida nos hace bien, pero por múltiples factores lo vivimos con exceso, hace mal, desde la comida, pasando por amistades, diversiones, trabajo, estudio, o pulcritud, limpieza, orden, deporte, entrenamiento, cuidado de la belleza del cuerpo, descanso…



Embriaguez tanto de alcohol como de todo aquello que nos perturba la voluntad o que nos trae una serie de desequilibrios en la química cerebral que afectan tanto al comportamiento, como  los pensamientos, sentimientos y emociones. Que nos hace ser más agresivos, sin control.


O preocupaciones, esas que abarcan mucha parte de nuestra vida, de nuestros días desde la mañana a la noche: la cuota del auto, de la vivienda , del colegio, los vencimientos, los impuestos, a veces la vida se convierte en una calesita que da vueltas y vueltas y no se detiene, siempre con la misma preocupación, la misma rutina…



Tengan cuidado nos dice Jesús, Cada uno sabe cuáles son las cosas que embotan nuestro corazón, nuestra alma, nuestro espíritu, nuestra mente.




¿Cómo hacer para no perder esa conciencia crítica?
Estén prevenidos y oren incesantemente…


 la oración constante es un medio para no perder la presencia del espíritu, y nos ayuda a profundizar en nosotros la conciencia de la presencia de Dios en medio nuestro, nos hace ver con claridad, nos hace poner blanco sobre negro, luz sobre oscuridad, verdad sobre mentiras o mediocridad, nos hace dar a las cosa y personas el justo lugar. Con la oración constante, conseguimos mantenernos despiertos. A veces las esperan largas hacen que uno pierda la prevención o la atención. La oración nos ayuda a mantenernos vigilantes. 
A veces esa oración será el dialogo con Jesús sincero y profundo, a veces será simple repetir pequeñas letanías diarias o frecuentes: “Dios mío ven en mi ayuda”, “Jesús y María los amo”, “Jesús te necesito”… y tantas otras, como necesidades tenemos en el corazón.


Que Dios nos ayude. Y que podamos comenzar mañana, un bendecido adviento preparando la navidad.


Buena jornada para todos.

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