sábado, 16 de febrero de 2019

Marcos 8,1-10. MULTIPLICACIÓN DE PANES


En esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
"Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer.
Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos".
Los discípulos le preguntaron: "¿Cómo se podría conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?".
El les dijo: "¿Cuántos panes tienen ustedes?". Ellos respondieron: "Siete".
Entonces él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo, después tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. Ellos los repartieron entre la multitud.
Tenían, además, unos cuantos pescados pequeños, y después de pronunciar la bendición sobre ellos, mandó que también los repartieran.
Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado.
Eran unas cuatro mil personas. Luego Jesús los despidió.
En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta.
Palabra del Señor



A veces creo que perdemos  ( si es que lo tuvimos alguna vez) el sentido de la consideración.


Perdemos ese sentido en nuestras relaciones, en nuestro trabajo, con los compañeros o con el público hasta en nuestras familias.  Se olvida el detalle, de bajar el volumen para no molestar, de apagar la luz cuando eso molesta y aumenta la cuenta, de ser servicial, de ofrecer un asiento, de mostrarse amigable o simpático. Dejamos de ser considerados en nuestra vida de cristiano, cuando, parece, que estamos por encima de los detalles, cuando no nos interesa mostrarnos amables, cuando ni preguntamos el nombre de las personas. En nuestras parejas cuando dejamos de ser atentos, esa atención que teníamos al momento del enamoramiento, cuando  estamos con él o ella y tenemos más la mente en la pantalla del celular… la consideración, si.  No es bueno  dejar de lado los detalles de la vida.


La consideración, es demostrar cortesía y respeto hacia alguien, dar una mano amiga a quien lo necesita. Cuando somos considerados, siempre buscamos y ayudamos al bien de los demás, más que todo el de aquellos que nos rodean y hacen parte de nuestra vida, encontré en una página de valores, que define bien esto que leemos hoy.


Es lo que Jesús tuvo. Había mucha gente que estuvo con él. Fue a escucharle y a sanar penas y dolores. Todo lo que estaba haciendo con tanta paciencia y tantas horas, le podría haber hecho que mire eso maravilloso y grandioso, sin importarle el detalle de la comida combinado con la hora de partir. Total, el camino ya no era su responsabilidad y esas historias mínimas de tanta gente caminando buscando volver, no era tarea suya ni de sus ayudantes


Ante ese problema,  su primera reacción fue: ayudar. Muchas veces nos pasa que la primera reacción es a no ayudar, haciéndonos los desentendidos  del problema. Muchas veces somos parte del “no te metas”, y dejamos de hacer el bien a veces por miedo, por vergüenza o por eso que llamamos “respeto humano” que nos hace en definitiva insensibles hasta a esos pequeños detalles o no que hacen parte de la vida.


Fue compasión la de Jesús. Fue padecer con… pero esa compasión se puso en movimiento. Al lado de esa consideración de Jesús, y de esa reacción a ayudar, surgió la reacción de los apóstoles de patear la pelota a otro lado: mostraron los problemas prácticos, la distancia, el dinero, la imposibilidad comercial que conseguir tanto alimento…


¿Cuántos panes tienen ustedes?. La compasión convertida en desafío. Es ahora, ya la ayuda. ¿Hay algo para dar?, darlo. No esperar mejores tiempos o circunstancias…ya cuando estemos mejor económicamente voy a ayudar, ya cuando los chicos sean grandes voy a poder hacer algo en la Iglesia, ya cuando tenga tiempo voy a ir, ya cuando…ya cuando… pateamos la pelota siempre para el campo contrario o para afuera que es peor. Hoy sabemos que eso poco (unos cuantos panes para tanta gente) Dios lo multiplica en forma infinita. Él sabe que lo que yo tengo puede ayudar a otro. Hasta un consejo, una escucha, una hora de tiempo, un poquito de dinero ahorrado que ofrezco no sin sacrificio… cada pequeña obra, cada pequeño gesto, suma, nos convierte en personas consideradas que ven hasta el pequeño detalle para hacer el bien.

Algunos dicen que toda esa gente estuvo allí, porque alguien evangelizó sobre Jesús, alguien les dio testimonio y aumentó fervientemente las ganas de conocerlo, escucharle y sanarse.  Algunos dicen que ese alguien fue el muchacho aquel del que salieron los males y fueron a parar a la piara de cerdos que quedó en el lugar proclamando el nombre de Jesús, su benefactor, amigo y salvador, que lo había rescatado de la muerte espiritual. Sea quien sea, fue alguien que ofreció de esta manera también siete panes para que Jesús haga el resto.


Ojalá que podamos también nosotros ser generosos en la invitación y la proclamación de todo eso maravilloso que Dios hace siempre en nuestra vida. Y que nunca perdamos el sentido de la consideración entre quienes nos rodean, sobre todos con quienes compartimos día a día nuestra vida y que suelen ser los que más nos aman.



viernes, 15 de febrero de 2019

Marcos 7,31-37. CURACIÓN DE UN SORDOMUDO



Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.
Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos.
Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua.
Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: "Efatá", que significa: "Abrete".
Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.
Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban
y, en el colmo de la admiración, decían: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos".
Palabra del Señor



Hubiera sido muy bueno,  que en esa época convivieran con Jesús, esos cronistas de viajes que nos van contando día por día lo vivido, los gestos, las palabras, los hechos ocurridos, los momentos de comidas, de charlas entre Jesús y sus discípulos. Debemos contentarnos con lo que la imaginación nos dicte de lo que puede haberse vivido en ese viaje tan largo, hasta Tiro y después hasta Sidón, bajando de nuevo hacia Galilea…¡¡ lo que Jesús habrá hablado, enseñado, concientizado  en sus discípulos!!, quedó grabado a fuego, y nos han transmitido ese fuego, no tanto como los hechos.

Son dos renglones de la historia del viaje, pero ¡que emocionante debe haber sido, que viaje maravilloso para ellos, un retiro espiritual peregrinando con el Maestro!

Cuando llegó le trajeron a este muchacho sordomudo. Dicen que era más bien sordo y que tenía dificultades para hablar a consecuencia de no poder escuchar . 

¿Qué hizo Jesús?


Lo llevó aparte. 
Dicen que las personas sordas, tienen un sentido del ridículo muy agudo. Nadie sabe que no escuchan y  ellos ven que la gente les habla y  no pueden  devolver el dialogo de manera como quisieran. Esto se da también en los hipoacusicos que deben esforzarse al máximo para escuchar y no pasar en ridículo en alguna reunión social, familiar.

Al llevarlo aparte , Jesús le evita cualquier momento de tensión. 

Y hace lo que ese muchacho puede entender: ¡gestos!  Tocó sus oídos, puso saliva en su lengua, levantó los ojos al cielo…suspiró… Jesús sabe lo que la persona necesita. Para él no es un problema clínico: un oído a recuperar. Es una persona con rostro propio, con alma, con amores y desamores, con valores, con sus problemas, una persona normal y corriente a la que Jesús atiende con tanta ternura, dedicación, atención personal, amor, misericordia…

Y sana, y se destraba su lengua y habla y se comunica y es feliz… recupera su capacidad de escuchar y con ella de hablar.



Si grande es la desgracia del sordomudo  físico, mucha mayor es la del sordomudo espiritual, o del sordomudo que no quiere escuchar o no sabe escuchar.

Siempre nos dicen que Dios, en su naturaleza perfecta nos dio dos orejas  y una boca, para que escuchemos más, para que hablemos mejor. Muchas veces no escuchamos, o escuchamos mal, con prejuicios, pensando en la respuesta antes que escuchar bien, contestando antes de escuchar, no escuchando las dos campanas.

O no escuchamos bien cuando cerramos los oídos a la voz de Dios que llega a través de la naturaleza, de los signos de los tiempos. O no escuchamos a nuestros hijos que reclaman un dialogo por andar aturdidos por tantas cosas tecnológicas o actividades que decimos, hacemos por mantener a esos hijos y familia. No escuchamos los pedidos de ellos que reclaman atención, que los miremos a ellos, aunque sea en la misma medida que miramos el celular, la computadora o la televisión.

No escuchamos la Palabra de Dios que nos marca un camino y cuando nos damos cuenta, nos hemos alejado de ese  camino,  no sabemos porque estamos tristes sin razón aparente…no escuchamos la voz de la razón que nos dice que una cosa está bien y otra está mal, y nos dejamos llevar por la sordera del mundo

Necesitamos sanar nuestras sorderas espirituales y del alma. Y comenzar a hablar a comunicar… a pedir ayuda, a rezar, hablar con Dios.

"Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos”…  igual que en el relato de la creación: Vio Dios lo que había hecho y todo era bueno… había sido perfecta la creación… el hombre complicó todo, ahora vino Jesús a renovar todo, a hacer nueva todas las cosas y hacerlas bien. Todo lo ha hecho bien. También en mi vida y en tu vida. Somos maravillosos porque somos hechos a su imagen y semejanza. Que luchemos por ser esas personas maravillosas también por dentro y puedan decir de nosotros, viéndonos, conviviendo con nosotros: una vez más, Jesús todo lo ha hecho bien. Abrió sus oídos, sano sus heridas, es una persona nueva.


Que Jesús cure nuestra incapacidad de escuchar. Buena jornada para todos.

audio: https://soundcloud.com/sergio-valdez-853878468/2019_02_15_07_19_40-mp3

jueves, 14 de febrero de 2019

Marcos 7,24-30. UNA MUJER SIROFENICIA



Después Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto.
En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de él y fue a postrarse a sus pies.
Esta mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio.
El le respondió: "Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros".
Pero ella le respondió: "Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos".
Entonces él le dijo: "A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija".
Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio.
Palabra del Señor


Allá fue Jesús. A Tiro. 65 km al norte de Cafarnaúm, lejos, fuera de la estructura de Jerusalén, BUSCANDO AL HOMBRE, donde estaba . Leyendo podemos discutir esto diciendo que  la mujer  fue al encuentro de Jesús, cuando Él fue casi a descansar o a tomar fuerzas para volver al lugar donde era cada vez más perseguido. 

Pero esta mujer podría cantar  como la canción de Maná:


Bendito el lugar y el motivo de estar ahí

Bendita la coincidencia
Bendito el reloj que nos puso puntual ahí
Bendita sea tu presencia
Bendito Dios por encontrarnos en el camino
Y de quitarme esta soledad de mi destino

Benditos ojos que me esquivaban

Simulaban desdén que me ignoraban
Y de repente sostienes la mirada

Bendito Dios por encontrarnos en el camino

Y de quitarme esta soledad de mi destino

Bendita la luz

Bendita la luz de tu mirada




Oh gloria divina de esta suerte... de buen tino
De encontrarse justo en medio del camino
Gloria al cielo de encuentro ahora llevo mi soledad
Y coincidir en mi destino... en el mismo destino

Bendita la luz
Bendita la luz de tu mirada


Para Dios y con Dios no hay  suerte que produce  coincidencia, hay Diosidencia.  Cuando vamos al encuentro de Jesús, Él, antes ya nos ha encontrado.

A esta mujer fue Jesús, una mujer fuera de la estructura, fuera de la filosofía de vida de los de allá, fuera del sistema.  A Dios no le interesan tantas filosofías que tengamos, le interesa cada persona.
Cuando sintamos la soledad en el camino, cuando creamos que nadie se acuerda de nosotros, que estamos lejos de todo, o que por alguna razón, nos fuimos de su lado, sepamos, tengamos la certeza de que Jesús nos está buscando. No pasa como con nosotros que cuando alguien nos falla, no queremos verlo más. Él, se empecina en buscarnos, porque nos ama tanto, que despreciar y olvidar ese amor, sería un desatino.

Jesús estaba en territorio gentil.  Antes borraba las diferencias entre alimentos buenos y malos. Hoy acaba con las diferencias entre personas “limpias e impuras”

Y después el dialogo con la mujer. Dicen que para limpiarse las manos, frotaban las mismas con pan y que esas migajas que caían, la comían los animales de la casa. Hay un dialogo que parece descortés, pero que era la forma de hablarse entre ciudadanos de estas regiones. Sabiendo lo que fue a hacer Jesús en esas tierras, no deja de tener un tinte de humor y de chanza este dialogo.


De todas maneras se encontró con una fe luminosa que no aceptaba la negativa como respuesta. Una mujer con una tragedia interna por lo que le pasaba a su hija, pero que tenía suficiente luz para replicar también con humor. Su fe había sido sometida a prueba y había salido triunfante.


Una fe  grandiosa, que ojalá sea la nuestra también.
Buena jornada para todos.

audio: https://soundcloud.com/sergio-valdez-853878468/evangelio-14-de-febrero-de-2019 

miércoles, 13 de febrero de 2019

Marcos 7,14-23.LO QUE SALE DEL HOMBRE



Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: "Escúchenme todos y entiéndanlo bien.
Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.
¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!".

Cuando se apartó de la multitud y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron por el sentido de esa parábola.
El les dijo: "¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? ¿No saben que nada de lo que entra de afuera en el hombre puede mancharlo,
porque eso no va al corazón sino al vientre, y después se elimina en lugares retirados?". Así Jesús declaraba que eran puros todos los alimentos.

Luego agregó: "Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro.
Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios,
los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino.
Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre".
Palabra del Señor


Esto que les dijo Jesús, sobre los alimentos, debe haber causado un estupor muy grande aunque nosotros hoy no podamos dimensionarlo. Es que afirmar de que nada que entra al cuerpo de una persona puede hacerla inmunda, estaba contradiciendo y borrando con sus palabras, las leyes  por la que los judíos habían sufrido y  dado, incluso la vida. En la historia del pueblo de Dios, hubo momentos que para hacerlos renegar de la fe judía, les hacían comer cerdo, y algunos por no hacerlo, incluso familias enteras, perdieron la vida al no  abandonar el pacto sagrado. Años y años con una lista de animales  inmundos y por lo tanto no se podían comer.  Jesús les decía que el cuerpo sigue el proceso natural para tomar lo necesario y deshacerse del resto.


No vale la pena quedarnos en una discusión vana  si no todos los alimentos hacen bien. Eso lo sabemos. Nuestro cuerpo nos dice, nuestra sociedad nos dice. Las tasas de obesidad del mundo nos dicen, porque, sabemos, mucha gente muere de hambre, pero también muchos mueren por enfermedades producidas por el exceso, o la mala alimentación…


Tampoco vale la pena decir que todo eso que Jesús nos dice que sale del hombre, es producto también, muchas veces, del consumo, de propaganda, malos hábitos familiares, de violencia generalizada, de cosas que se ven o escuchan, de todo eso con que alimentamos el alma, bueno o malo…


Estas cosas que Jesús nos dice que salen del hombre, nos hacen pensar y mucho, como seguramente les debe haber tocado a los discípulos, pues se acordaron palabra por palabra lo que Jesús les dijo, y lo escribieron un tiempo después.


Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios,
los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino.


Del corazón del hombre provienen las malas intenciones. Cualquier pecado externo  procede de una decisión interior. De un mal pensamiento se deriva una mala acción… y nos lo dice después. Fornicaciones, robos, homicidios, adulterios…. Violencia, gestada en la ira que no controlamos o en el desorden emocional que no arreglamos, malos pasos dados por no haber dirigidos los malos pensamientos hacia un buen pensamiento, homicidios o peleas, gestadas en sed de venganza. Quizás estemos viendo la consecuencia y no la causa de nuestros males. Quizás estemos tomando aspirinas para solucionar lo que se ve y no solucionamos el origen de todo.


Malos pensamientos  también, que hoy la psicología nos ayuda a entender con la pulsión de muerte, “el impulso inconsciente y generador de excitación orgánica (es decir una pulsión) que aparece como la búsqueda del ser de retornar al reposo absoluto de la no-existencia. Se podría considerar como el impulso que busca la propia muerte y desaparición, el impulso que busca nuestra destrucción, en pequeña o gran escala: las veces que boicoteamos nuestra felicidad, que arruinamos todo cuando lo teníamos todo, las veces que no llegamos a la meta faltando tan poco, las veces que intentamos lastimarnos o, las veces que pensamos hasta en quitarnos la vida.


Malos pensamientos que deberíamos erradicar para ser mejores y más felices


Que en nuestro corazón no haya deseo de dañar, ni dañarnos. A lo mejor puede ser un momento de arrebato, pero desear, gestar, hacer que crezcan esos deseos sin controlarlos, nos puede hacer una persona que no tenga paz.


La avaricia: el deseo maldito de poseer, el hambre de lo que le pertenece al otro, el deseo de acaparar, como un avaro, que la gasta en lujos y excesos desmedidos. Es muchas veces cuando ponemos la felicidad en cosas, en vez de en Dios y siempre seremos insatisfechos, porque en el fondo, no es lo que busca nuestra alma.


Los engaños, traiciones engañosas que hacemos en menor o mayor medida. Engañamos cuando mentimos, cuando falseamos la verdad, cuando decimos amar y en realidad decimos “me amo”, cuando tenemos interés más que amor, cuando actuamos con dolo que es el engaño, fraude o la simulación llevados a cabo maliciosamente con la intención de dañar a alguien.


Las deshonestidades…


La envidia, el mal ojo el ojo que mira el éxito o la felicidad de los demás y si pudiera le echaría una  maldición. La difamación cuando damos información negativa, en público, de una persona en contra de su buen nombre, su fama y su honor, especialmente cuando es falsa.


El orgullo que nos lleva a ponernos `por encima de los demás, despreciando todo aquello que no sea ella misma. Esto muchas veces  aflora, pero otras, quedan en el corazón gestando personas orgullosas, soberbias, que se creen dueños del mundo y llevan a todos por delante con pedantería, con vanidad.
El desatino, el que se hace el tonto para salirse con las suyas, la necedad.


En fin. Cuando leemos esto, todos sabemos dónde nos aprieta el zapato a cada uno. Ojala que podamos comenzar cambios en la vida a partir de sanar el corazón que es donde se anidan las buenas y  malas acciones.


Buena jornada para todos

martes, 12 de febrero de 2019

Marcos 7,1-13. CORAZÓN LEJOS DE DIOS



Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús,
y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar.
Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados;
y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.
Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?".
El les respondió: "¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos.
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres".
Y les decía: "Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios.
Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte.
En cambio, ustedes afirman: 'Si alguien dice a su padre o a su madre: Declaro corbán -es decir, ofrenda sagrada- todo aquello con lo que podría ayudarte...'
En ese caso, le permiten no hacer más nada por su padre o por su madre.
Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!".
Palabra del Señor


De esos primeros diez mandamientos y los cinco primeros libros del antiguo testamento, que llamaban la Torá y nosotros el Pentateuco, llegaron a un conjunto de normas muy difíciles de recordar y cumplir. Y no solo eso: creyeron que el cumplimiento de normas externas, los hacía servir a Dios y amarlo mejor que otros.


Para los ortodoxos de ese tiempo, las reglas rituales y ceremoniales, eran la esencia del servicio a Dios. Con esto Jesús muchas veces se enfrentaba. Cumplir estas reglas, era agradar a Dios, quebrar estas reglas era pecado.


Así era la idea que tenían  de la bondad y del servicio a Dios. En el sentido religioso Jesús y esas personas hablaban lenguas diferentes. Entonces había y hay una diferencia fundamental entre las personas que ven a la religión  como ritual, ceremonial, reglas y normas y los que consideran ¿consideramos? La religión como amar a Dios, amar a los semejantes, acercarnos a su misericordia.


Y los enfrenta como otras tantas veces  en su corta historia pública. Con lo que leímos y leeremos varias veces en el año, Jesús los acusa de hipócritas, que llegan  a tener una vida entera  en una pura farsa sin ninguna sinceridad personal. Cualquiera de nosotros para quien la religión quiere decir cumplir determinadas   leyes y normas externas, o el cumplimiento de ciertos ritos, está llamado a ser un hipócrita.


No se puede llegar a pensar que se es buena persona si cumple todas las prácticas en forma correctas, independientemente como sean su corazón y sus pensamientos. 


No se trata de llamarnos buenos porque somos cumplidores. No nos hace buenas personas caminar todo el día con una Biblia bajo el brazo o frecuentar el templo. La cuestión es cómo tenemos el corazón, como estamos delante de Dios a quien no engañamos, como andan nuestros sentimientos, si estamos lleno de orgullo, de envidia, de amargura … si hacemos aquello y no limpiamos lo de dentro, seremos unos farsantes delante de Dios que es lo que vale.


Y los enfrenta porque sustituían las leyes de Dios con normas inventadas por los hombres. Y le daban más importancia a estas que a la misma ley de Dios. Para elaborar un proyecto de vida se dejaban llevar por las discusiones, la casuística la ley esa de normas transmitida de generación en generación, y no tanto en la palabra de Dios.


Esto muchas veces nos confronta con nuestras actitudes delante de Dios.


A veces  exigimos a los otros que sean esos “tan buenos” como nosotros. Aquellos discípulos no eran gente rica ni de buena posición social. El agua era escasa en los hogares, Vivian en sitios no muy generosos en espacio y no debe haber sido una norma muy fácil de llevar adelante esto de higienizar todo para no caer en “pecado”. A veces la simpleza de la vida nos permite ver a Dios en estado puro. Es difícil pensar en un Dios que , porque no te lavas las manos, te condena.


Muchas veces creemos que cumplir ciertos ritos, son suficientes para cumplir con Dios, para estar en paz con él, cumplo por las dudas, pero después mi vida pasa por otro lado, el cumplimiento es uno más de los tantos compartimientos estancos que tengo en la vida, pero  nuestras cosas no están atravesadas por el amor, la misericordia.


Que desagradable sería escuchar a Jesús decirnos: me alabas con los labios pero tenes tu corazón lejos de mí. Él, sabe. Él ve lo que sentimos y tenemos realmente. Lo esencial es invisible a los ojos dice el principito. Lo esencial, el alma, el corazón no se ve con ojos humanos, pero es lo que sirve para conservar el agua viva en estado puro sin contaminarse como en una tinaja limpia por dentro y no tanto por fuera.


Que podamos confrontar siempre nuestra vida con la palabra de Dios, de donde procede  y  tiene sentido toda norma moral o de vida. Que la vida de Dios nos desate y no nos ate a normas  que nos hacen creer que cumplir ,basta.


Buena jornada para todos

AUDIO:

lunes, 11 de febrero de 2019

Marcos 6,53-56. LA GENTE Y JESÚS



Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí.
Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús,
y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba.
En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados.
Palabra del Señor


Mucha gente iba y  venía. Gente necesitada, gente doliente. ¿y Jesús? paciente. Humilde, sereno, compasivo, atendía a todos. A todas partes donde entraba dice el evangelio, siempre había gente ahí necesitada. Dolencias físicas, dolencias del alma, pobreza, gente que sabía que el ÚNICO que podía ayudarles era Jesús. ¿Y Jesús? ayudaba, no preguntaba, no cuestionaba sobre si el problema era merecido a no.

Hay un giro en la vida después de Cristo. Nos hace ver a los hermanos de otra manera. Nos hace dar si tanto cuestionar. ¿Para qué le das a ese o esa si a la vuelta está su padre esperando el dinero para tomar? ¿Para qué le das a ese joven si puede trabajar? ¿Para qué vas a visitar a ese enfermo si tiene familiares que lo cuiden? ¿Para qué le das fruta a ese chico si las tira aquí a la vuelta?. Tantos “para que” que preguntamos nosotros cuando Jesús pacientemente ayudaba a todos. ¿Es tan difícil entender esto como cristianos?  Está bien. Nuestra obligación debería ser  como dice el refrán: no le des pescado sino enséñales a pescar…¿pero como sabemos si no tienen hambre ahí en el momento?

Eso de parte de Jesús y su enseñanza. Pero pensemos también en la gente y en nosotros. ¿Dónde estaban cuando a Jesús lo llevaron solo ante Pilato para condenarlo injustamente?... también en ellos, hay una actitud de aprovecharse de Jesús, de sacarle todo lo que se pueda, pero ¿darle?, nada.  En cierto sentido es natural que vayamos a Jesús a pedirle cosas, pues hay cosas que solo Dios puede darnos. Pero recibir, sin dar, parece que tristemente es la realidad de la naturaleza humana.

Solo basta pensar en las veces que creemos que somos merecedores del recibir pero no del dar.
En casa, en el hogar, cuando creemos que todos deben servirnos, tener la comida, la ropa limpia, la casa ordenada… ¿ y yo? Trabajo, decimos para mantener todo esto, pero resulta que soy intratable cuando al momento de hacer algo más, nos toca dar. A veces nuestros hogares parecen hoteles donde vamos a comer y dormir solamente.

Solo pensemos en las veces que escribimos o mandamos chat a amigos cuando los necesitamos nada más y cuando ellos nos necesitan, ni nos acercamos, por las dudas nos pida algo.

Pensemos en la cantidad de gente que cree que la Iglesia tiene la obligación de atenderlos, sin dar nada a cambio. Por un lado gente que reniega por el costo de algún acto litúrgico, cuando se gasta millones en los gastos de fiestas o eventos relacionados.  La cantidad de gente que pide urgentemente un sacerdote al momento de la muerte de algún ser querido y nunca un gracias o un aporte. Al contrario de estos actos interesados y egoístas también hay de los otros: hace unos días escuchaba un  médico , que, insatisfecho solo con el aporte material, decidió , en una parroquia, ofrecer una hora de su tiempo para atender a otros necesitados, y sumó gente y fueron y son muchos los que ahora en esa parroquia ofrecen una hora del tiempo preciado del descanso para ayudar a gente necesitada del lugar: médicos, dentistas, psicólogos, docentes,etc

Y pensemos las veces que suplicamos a Dios por algún milagro, desde aprobar una materia hasta la salud de alguien querido. ¿Agradecer? Muy raro. ¿Dar aunque sea a cambio? Raro. Ojalá tuviéramos esa capacidad que tienen muchos hermanos de religiones orientales cuyas oraciones, no son para pedir nada sino para llegar hasta el corazón de la divinidad y hacernos semejantes…ojalá pudiéramos orar para llegar hasta el corazón de Jesús y lograr alguna vez sentir y amar con su mismo corazón…

Una nenita todas las noches rezaba al borde  de su cama, y hablaba despacito con sus manos juntitas. El papá un día le preguntó  ¿Qué rezaba?¿que pedía? Y ella le dijo: “no papá, no pido nada… le cuento cuentitos a Dios para que se alegre pues debe tener mucho trabajo y la gente le pide muchas cosas y debe estar triste por todo los males del mundo. Yo quiero que él se alegre”.  Hacen falta muchos “bufones de Dios” que le hagan reír, que le hagan sonreír, no solo con chistes, canciones y mímicas, sino dando a los demás, que de esa manera aliviamos su tarea.

sábado, 9 de febrero de 2019

Marcos 6,30-34. DESCANSO Y MISIÓN



Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.
Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.
Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
Palabra del Señor



La vida misma nos enseña que no se puede vivir trabajando sin descansar, que hay tiempo para estar despiertos y estar durmiendo, que necesitamos ese imperioso tiempo de descanso cuando las actividades nos agotan física y mentalmente.


Lo mismo pasa con la vida cristiana. Una cosa es segura: se es cristiano las 24 hs del día. No somos cristianos de periodo escolar solamente. Aunque hay muchos que con las vacaciones de verano, se toman vacaciones de Dios. No somos cristianos solo dentro de las paredes de un templo. Lo somos siempre, aunque haya algunos que dividen cínicamente la postura de “estoy en modo misa” y las 167 horas restantes de la semana.

Así como es necesario el descanso en las tareas, Jesús les propuso el descanso de la actividad misionera para irse unas horas a solas, a charlar, a reír, a comer, a festejar … nuestra vida cristiana debería pasar de ese momento de relax que es la oración, a la actividad de servir , entrar en la presencia de Dios desde la presencia de la sociedad, y salir de la presencia de Dios a la presencia de nuestros semejantes.


Ninguno puede trabajar sin descansar, y ninguno puede vivir la vida cristiana a menos que se tome un tiempito para estar a solas con Dios. Antes de hablar a los hombres de Dios, es necesario hablar a Dios de los hombres. Difícil asumir las cargas de la vida si no tenemos contacto con el que es el Señor de la vida. Entonces un error es ser súper activos en la misión pensando que es esa una manera de oración. Está bien, pero necesitamos un encuentro a solas, como los  apóstoles, con el Maestro.


Tampoco nadie puede vivir de descanso sin trabajar.  Y por eso cuando la devoción no desemboca en acción  no es verdadera devoción.  No se puede buscar la devoción a Dios, a fin de evitar la comunión con nuestros semejantes, sino para prepararnos mejor para ella.


Es necesario entonces el encuentro alternativo con Dios en un lugar reservado y con nuestros hermanos en los lugares públicos donde vivimos el día a día.


Pero ese descanso, en caso de Jesús y los apóstoles, se vio cortado cuando la multitud hizo los 13 o 15 km por la orilla mientras ellos cruzaban los seis kilómetros por el lago.


Cualquiera podría tener gestos de fastidio, por sentirse  agobiado e invadido por la gente que venía a su encuentro. Jesús, no. Misericordia pura, transmite y enseña paciencia, amor, misericordia. Algo de que lo que debemos aprender todos. Dice el evangelio que se compadeció de la multitud  porque eran como ovejas sin pastor.



Si pensamos un poco en la imagen de ovejas sin pastor, nos damos cuenta que  estos animales así, no pueden encontrar el camino.  La vida puede llenarnos de confusión. Encontrarnos en un cruce de caminos y no saber por donde seguir, ir por una rotonda y nos saber cual camino correcto tomar para llegar a destino.

Ovejas sin pastor, no pueden encontrar alimento, ni agua ni comida, ni  sustento. Ovejas sin pastor cuando el alimento recibido  no nos sacia el alma, cuando buscamos y buscamos y no hay nada que satisface nuestra ansia de vida.


Ovejas sin pastor  que no tiene quien las defienda del agresor enemigo. Es difícil vivir el cristianismo, solos, aislados, sin Jesús. Él es nuestra fortaleza, nuestro escudo, nuestro sostén.

Buena jornada para todos.

viernes, 8 de febrero de 2019

Marcos 6,14-29. ASÍ MATARON A JUAN BAUTISTA



El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: "Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos:
Otros afirmaban: "Es Elías". Y otros: "Es un profeta como los antiguos".
Pero Herodes, al oír todo esto, decía: "Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado".
Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado.
Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano".
Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía,
porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea.
La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras y te lo daré".
Y le aseguró bajo juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".
Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió esta.
La joven volvió rápidamente a donde estaba el rey y le hizo este pedido: "Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".
El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla.
En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.
El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.
Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
Palabra del Señor


Entre tantos veredictos de quien era Jesús, surge lo de Herodes: : "Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado"… la conciencia no le dejaba tranquilo. Cuando el ser interior se transforma en  acusador, la vida es un calvario. Por el contrario, cuando perdemos el sentido de culpa,  estamos espiritualmente enfermos. “El sentido de culpa que rompe la falsa serenidad de conciencia, es tan necesaria al hombre como el dolor físico en cuanto síntoma que permite reconocer las alteraciones de las funciones normales del organismo” ( La Iglesia, J. Ratzinger). Muchos que creen haber hecho bien en la humanidad, sin embargo hicieron mal, muertes, destrucciones, mafias, dictaduras.

 Y hoy nos puede pasar a nosotros de perder ese sentido de culpa tan necesario para saber si estamos bien o en el mal.  Es que vamos haciendo nuestra conciencia tan laxa, que pocas cosas nos parecen que están mal, entramos en la dictadura del relativismo, como decía también el papa Benedicto.


 A pesar de que Juan le había recriminado a Herodes lo que había hecho en su familia, éste lo seguía admirando, le temía y respetaba. Sin embargo, pasó aquello que leímos. Seducido, por un ambiente sin escrúpulo, por una madre sin escrúpulo (Herodías, pues ese baile lo hacían prostitutas profesionales, y ella dejo bailar a su hija), terminó de matar a Juan, que ya debe haber estado un poco muerto a consecuencia de su encierro, un hombre acostumbrado a la naturaleza, a andar de aquí para allá sin cadenas, ni paredes que lo limiten, libre como el viento…


Herodes, es de esas personas que  temía lo que Juan dijera, pero le gustaba escucharle.  Temía y amaba a Juan, pero al mismo tiempo aborrecía su mensaje.  Es como hoy que mucha gente siente atractivo por Jesús, pone frases suyas, crea memes con su imagen, es un objeto de merchandising , pero aborrece su mensaje, lo odia, lo rechaza, lo cuestiona, lo olvida. En mayor o menor medida, nos pasa también, cuando escuchamos, nos entusiasmamos, pero quisiéramos arrancar varias hojas de la Biblia porque dice cosas que no van con nosotros, ni nos gustan.


Herodes actuaba por impulso. Y después no pudo volver atrás. ¿Cuántas veces hemos dicho cosas que nos arrepentimos después? ¿Cuántas veces hicimos cosas  llevados por el impulso, que no meditamos antes, e hicieron daño a otros?  Habla cuando tus palabras sean más dulces que el silencio. Pensar antes de hablar o de hacer… ¿es tan difícil formarse en esto?


 
Herodías, una mujer resentida. Buscó la oportunidad hasta que se le dio, de eliminar a la única persona que le dijo las cosas negativas que había hecho. Eliminó al único que tuvo el coraje de enfrentarla consigo misma. Una humana como todos. Pero que no nos pase que eliminamos de nuestra vida, a todos aquellos  que nos confrontan con lo que somos realmente. Todos los demás son un don para nosotros, incluso aquellos que son obstáculos en el camino, porque nos deberían hacer crecer en bondad, en paciencia, en sabiduría para resolver la encrucijada.  Hay personas que son en ciertas maneras, toxicas para nosotros. Pero hay otras que nos hacen cuestionar para crecer. Ojala podamos diferenciar a unas de otras.



Salomé, una joven que actuó  lo que los otros dijeron que haga.  No es bueno dejarse llevar por guiones que otros escriben para que yo lleve a cabo una película. Es necesario plantarse a realizar su propio proyecto de vida. partir de lo que somos y tenemos, y construir una vida  cuyo control lo lleve uno y no los demás, no el colectivo que manda hacer cosas que uno no quiere, no la sociedad que trata de encerrarlos en un numero sin identidad…



Y Juan, murió por la verdad, sin doblarse, sin cambiar. Que no nos pase como irónicamente decía el humorista de principios del siglo pasado: estos son mis principios, si no les gusta, tengo otros… que, cuando asumamos la verdad la defendamos con coraje en un mundo que va en contra.

Buena jornada para todos