sábado, 17 de agosto de 2019

Mateo 19,13-15.DEJEN QUE LOS NIÑOS VENGAN A MÍ


 Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron, pero Jesús les dijo: «Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos». Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.

Palabra del Señor

Seguramente eran las mamás,  la que traían los niños hasta Jesús. El niño , receptivo como es, no hubiese aceptado llegarse hasta ese hombre si éste, no les brindaba algo que les resultara atractivo, su jovialidad, su amor. Y me impresiona que el evangelio diga “para que les impusiera las manos”.


Pensé mucho en sus manos, que acariciaron, que bendijeron, que sanaron, que protegieron. Imaginarnos las manos de Jesús, fuertes, de carpintero, de trabajador, de hijo, de amigo, unas manos que aunque eran así de fuertes, podían volverse tiernas para bendecir, para acariciar la cabeza de los niños. En muchos lugares hay hijos que se ponen de rodillas delante de sus papás y le piden que les den la bendición. Así se van seguros y confiados a la vida misma. Hoy quizás sea un buen día para ponernos de rodillas delante del Señor y pedir que nos imponga sus manos fuertes, generosas, que nos llenen de seguridad y de amor para nuestra vida misma. Solo bajemos nuestra cabeza y pidamos que Él nos toque, nos bendiga, que toque aquellos sentimientos que no puedo sanar, aquellos recuerdos que no puedo pensar sin que me hagan daño.

Los apóstoles, en su afán de proteger a Jesús, se molestaban con los chicos. No querían que lo molesten. Sus gritos, berrinches, su poco respeto por el orden establecido, sus juegos, parece que fastidiaban un poco y quisieron frenar aquella ola infantil para que “no molesten”… parece que son los precursores de aquellos que se creen con derecho a permitir que unos entren y que otros no, al seno de la Iglesia, a al templo, o a las oficinas de los pastores. Hay quienes de “ofenden” porque alguien entra a la iglesia sin su consentimiento, o algunos son los guardianes de los templos que ponen mala cara cuando alguien de “afuera” osa entrar. Hay muchos que se alejan de la Iglesia por las actitudes de algunos que ni están ni dejan estar. No están, porque sus actitudes están lejos del corazón de Jesús.  O no están, porque sus comportamientos alejan a la gente de las cosas de Dios, dan malos testimonios de la misericordia de Dios.

A veces esos gritos agudos de los chicos, son parecidos a los gritos afligidos de quienes necesitan hablar con los pastores de almas, que muchas veces son “protegidos” para no ser molestados…


Cuando era chico, en el colegio donde pasaba mucho tiempo de mi infancia, había un sacerdote, santo varón de Dios, fiel reflejo de san Juan Bosco al que me enseño a amar, que tenía muchísimo cariño por los niños, los cuidaba, tenía una sala de juegos, los niños felices, bicicletas con ruedas excéntricas que las fabricaba él, o bicicletas con rueda gigante y otra pequeña, o pistas de autitos a control remoto, metegoles, futbol esos de cuero que él mismo reparaba… un santo. En él, los niños encontrábamos el rostro amable y misericordioso de Dios y el abrazo y cuidado especial de María Auxiliadora.  Pero cuando uno “cambiaba de patio” o sea pasaba al sector de secundaria, pasaba a ser adolescente, él sentía que su tarea había terminado, o más bien que debía seguir con su tarea en los niños pequeños y dentro de nosotros sentíamos un pequeño vacío porque nos quedábamos sin el curita amigo, en quien podíamos depositar nuestras pequeñas dudas y miedos… claro, no era Jesús… Jesús lo vemos aquí con los niños, que llegan hasta Él, porque había algo en él que , primero no les impedía llegar y segundo, lo hacía atractivo hacia ellos, los más pequeños, y lo vemos en cada momento, cuidando a uno, a otro, hablando con el joven rico con mucha delicadeza y sufriendo porque se fue sin volver, con la samaritana, con la mujer que le llamaban adultera, o sea una persona, que así como era con los chicos, lo era con todos, por eso nuestra esperanza , nuestra confianza en él, nuestro amor por él, nuestra necesidad de llegarnos hasta él para pedir que nos imponga sus manos santas y generosas…


Y los niños, los simples, los sencillos. Jesús decía que ellos estaban más cerca de Dios que nadie. Increíblemente, la SENCILLEZ de los niños está más cerca de la omnipotencia de Dios .La tragedia o la “ley de la vida”, es que a medida que nos hacemos mayores, nos alejamos de Dios, como del tiempo de la infancia, en vez de acercarnos a Él.  Siempre hay un camino de vuelta en esto, retornar a la sencillez, al amor pleno, a vivir en la confianza a Dios, aunque el mundo nos asuste un poco o mucho.

Buena jornada para todos.

viernes, 16 de agosto de 2019

Mateo 19,3-12. ¿ ES LICITO DIVORCIARSE?



Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?».
El respondió: «¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer; y que dijo: "Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne"?
De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido».
 Le replicaron: «Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?». El les dijo: «Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así.
Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio».
 Los discípulos le dijeron: «Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse».
Y él les respondió: «No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!».

Palabra del Señor



Los hombres habían ido desvirtuando tanto la creación, que según los ojos de la  ley judía,  la mujer era una cosa. Que pertenecía a su padre o su esposo. La mayor parte de los matrimonios los concertaba el padre o alguien que se dedicaba a eso. Á veces ni se conocían los futuros cónyuges.
En relación al divorcio, la ley general era que el marido tenía la iniciativa. Él decidía divorciarse o no. Él lo podía hacer con o sin el consentimiento de la mujer. La mujer nunca podía iniciar el proceso de divorcio, no se podía divorciar ella, sino solo ser divorciada por el marido.


La formulación decía que el hombre podía divorciarse de su mujer “ si  ella no hallaba gracia en sus ojos, porque él había encontrado algo indecente en ella”…y la cuestión era lo que era indecente, según la mirada de los hombres, amos y señores de la vida de las mujeres…una corriente hablaba  haber cometido adulterio como única causa… otra escuela decía  que “indecencia”, era, estropear la comida, llevar el cabello suelto, hablar con otros hombres en la calle, cosas menores, sencillas, que no tenían mucho que ver con la esencia del matrimonio en si…

 Los fariseos tratan de arrastrar a Jesús a estas discusiones y a su modo de pensar, y Jesús les da un mensaje inesperado para ellos.

Retrotrae todo a la creación, de donde no deberían haberse corrido…Dios creó a Adán y Eva, exclusivamente el uno para el otro, no había nadie más. Su unión era necesariamente indisoluble y completa.
Moisés hizo una concesión para que no se siga aumentando el número de relaciones promiscuas, alejadas aun más del plan de Dios creador. Era muy fácil divorciarse para el hombre. Moisés no había dado  una ley sino más bien una concesión. No mandó a divorciarse, sino a tratar de regular aquello que ya parecía diversión o facilismo, rompiendo el plan de Dios sobre el hombre y la mujer, y sobre el verdadero amor de pareja

El ideal judío sienta las bases del ideal cristiano. Dios, siempre ha pensado nuestra felicidad, nunca nuestra derrota ni tristeza. Somos nosotros los que vamos tomando el camino y a veces nos equivocamos al momento de decidir
La palabra hebrea para el matrimonio significa santificación o consagración. Esto quería  decir que, en el matrimonio, el varón estaba consagrado a la mujer y la mujer al varón. Cada uno pasaba a ser una ofrenda al otro.  El hombre y la mujer, dejan a sus padres, se unen y llegan a ser una sola unidad, se consagran, se aman, se cuidan, se protegen, se desean el bien el uno al otro, se perdonan, porque son uno solo.  Una manera de entender esto de dos personalidades distintas que conviven para siempre según un proyecto de vida juntos.  No se puede pedir a ninguno de los dos que anulen su personalidad, sino que,  en el amor se complementen, se cuiden, crezcan juntos.


Es necesario pensar en esto cuando uno está elaborando su proyecto de vida. Si no fortalecemos nuestros noviazgos o nuestra formación para encarar el mismo, repetiremos tantos “fracasos” de hoy que dejan mucho dolor en el camino, incluso de quienes debían sostenerse en la unión como los hijos mismos. Hay que prepararse para esa consagración, para esa donación mutua. Son siempre dos personalidades, que se unen. Una persona de origen distinto, de gustos diversos, de forma de vida distinta.


Si para llegar a una carrera universitaria o ser profesional, debemos pasar estudiando desde el jardín de infantes, pasando primaria, secundaria universidad…muchos años de estudio, para llegar a lograr el éxito buscado, que a veces incluso se deja de lado dedicando la vida a otras tareas, cuánto más deberíamos formarnos para llegar a esta decisión que es la más importante de la vida.
Más aun , en el mundo egoísta que nos hace egoístas, que nos hace pensar  solamente en uno, que debemos vivir siempre a la defensiva, aprender a dar, a buscar , a consagrarnos a otra persona, es una tarea, ardua que deberíamos comenzar en cada hogar, para que llegado el momento, surja efecto en la relación.

Para nosotros los matrimonios, es relanzar nuestra unidad, conquistándonos todos los días, amándonos cada día un poco más, consagrándonos cada día a él o ella, sabiendo que Dios está en medio y cuando él consagra nuestro amor, nos da las fuerzas y herramientas necesarias para llegar a nuestra consagración total y cada día más feliz.


El hoy, nos encuentra con tantas familias ensambladas, uniones de hechos, en segundas instancias, familias y personas que también son acogidas por la misericordia de Dios aunque algunos hombres se equivoquen y juzguen como no deben. La Misericordia de Dios que ama profundamente al hombre y también a sus fragilidades y realidades a veces no tan de acuerdo con la voluntad de origen.  Así lo dice el Papa Francisco en su exhortación apostólica sobre la “alegría del amor” :
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Los Padres sinodales han expresado que, aunque la Iglesia entiende que toda ruptura del vínculo matrimonial «va contra la voluntad de Dios, también es consciente de la fragilidad de muchos de sus hijos» Iluminada por la mirada de Jesucristo, «mira con amor a quienes participan en su vida de modo incompleto, reconociendo que la gracia de Dios también obra en sus vidas, dándoles la valentía para hacer el bien, para hacerse cargo con amor el uno del otro y estar al servicio de la comunidad en la que viven y trabajan
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Entonces será la misericordia de Dios la que dirá al último: ¿cuánto has amado? ¿Cuánto has ofrendado tu vida en el bien de los demás? Ojalá que todos los que de una u otra manera se sienten “fuera” puedan encontrar la mano generosa y misericordiosa de Dios a través de los pastores. Y que nuestros pastores sean buenos pastores que conduzcan a todos al encuentro con Jesús. Y los que nos sintamos de este lado, renovemos todos los días el amor, lo hagamos nuevo, que saquemos las telarañas de la rutina, que demos testimonio del amor y sobre todo de la alegría que ello significa. Los jóvenes, los niños, nos ven y quieren creer en ese amor para siempre y creer en que ese amor nos hace felices y que vale la pena jugarse por él.
Buena jornada para todos

jueves, 15 de agosto de 2019

Fiesta de la asunción de la Virgen . Lucas 1,39-56.



En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».
 María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Palabra del Señor


Hoy es la fiesta de la Asunción de María a los cielos.


Nos situamos después de la muerte de María. Es la tradición mantenida en el tiempo, la que fue pasando de generación en generación, y la que afirmaba y afirma desde siempre que María fue asunta, es decir llevada al cielo. Ella no subió por sus propios medios. Eso sería ascensión. Fue asunta, es decir llevada por alguien.



Cuenta esta tradición que al tercer día, los Apóstoles, que velaban en torno al sepulcro el cuerpo de la mamá de Jesús, oyeron una voz muy conocida, que repetía: "La paz sea con ustedes". Era Él, que venía a llevarse el cuerpo de su Madre… dice también esta tradición que el Arcángel San Miguel lo arrebató del sepulcro, y, unido al alma para siempre, fue llevado a las alturas. En el sepulcro sólo quedaron aromas de jazmines y azahares. En los aires una estela luminosa, que se extinguía lentamente…


Esta tradición  iluminó desde ese comienzo  la vida de los cristianos con muchísima claridad.

San Agustín dice que María  pasó por la muerte, pero no se quedó en ella. Los Orientales gustan de llamarla Dormición con ánimo de afirmar la diferencia. 


Pasaron años, pasaron siglos, y recién el 1 de noviembre de 1950, el papa Pío XII, después de escuchar , meditar y vivir toda su vida esa tradición traída de generación en generación, dijo:  "Proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial” , es el dogma, es lo que creemos…María fue elevada al cielo.


 Ella, nos trae a Jesús  como hizo con su prima Isabel. Nos visita y también nosotros podremos decir:

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?

Y decirle desde el corazón, desde nuestra inteligencia y todas nuestras necesidades:

Gracias madre, Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!


La mayor bienaventuranza que la mujer podría tener, la más esperada a  lo largo de los siglos pues se le dio la bienaventuranza de ser la madre de Jesús, la madre del Hijo de Dios. Aunque una bienaventuranza que también le atravesaría el corazón un día, cuando ese hijo querido, maravilloso y amado, estuviera suspendido frente suyo en una cruz, con llagas en todo su cuerpo, con la gente insultándolo e insultándole por ser la madre del reo de muerte


Este ángelus es un canto lleno de vida y de verdades.
Ella canta a la  revolución del amor de Dios:

Disperso a los soberbios de corazón, nos esfumó el orgullo, nos hizo ver en un espejo frente a Dios, ante quien debemos doblar nuestras rodillas. Es la revolución moral, del orden.

Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Es la revolución social, donde no hay superiores o inferiores, no hay ciudadanos de primera y de segunda…somos todos iguales ante los ojos de Dios, tenemos la misma dignidad, no hay diferencias delante del Señor. Él ve el corazón del rico y del pobre, ama a todos.


Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.  Es la revolución económica en el amor de Dios. Los bienes de la tierra son de todos y es de todos hacer que eso llegue con más equidad a todos, sin acaparar algunos, sin morir de hambre otros.


A ella hoy le decimos:
 Bendita Madre de Dios, bendita desde siempre, bendita y hermosa para siempre. En ti confiamos y creemos que cuando falte el vino, estarás  para decir a tu hijo: hijo, les falta el vino de la alegría, de la paz, del amor, de la serenidad y nos dirás a nosotros: hagan lo que les pide mi hijo. Muchas veces nos falta el vino, estos días estamos tristes,  heridos y agobiados. Precisamos el alivio y fortaleza, que solo Jesús puede darnos.

Y ella está, presente como en aquellas bodas para pedir a su hijo que haga el milagro.


María es nuestro refugio porque con su ternura nos devuelve la paz y, por su poderosa intercesión nos sabemos protegidos. Glorificada anticipadamente, vive en el Cielo con una mirada  maternal y amorosa por todos sus hijos. 

Gracias Madre, porque desde allá, al lado de tu hijo, te llegas a la tierra para alentarnos siempre, para mimarnos, para hacernos sentir tu amor, el mismo amor  a los hermanos de tu hijo que a tu hijo mismo.

Feliz día de la Asunción de María. Dios bendiga nuestro día

miércoles, 14 de agosto de 2019

Mateo 18,15-20. CORRECCIÓN FRATERNA




 Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.
 Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.
Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos».
Palabra del Señor


Normas, protocolos para actuar en la vida de comunidad y también para comportarse en la sociedad, demostrando lo cristiano que somos.

El que no piensa como Cristo ¿Cómo hace?

Hace correr el chisme, casi como una forma de mostrar lo limitado y poco apto para vivir el evangelio. Si alguien hace algo malo, se largan “bombas” para que, corriendo, destruyan la fama y el honor de la persona…o incluso cuando hacen algo que no  agrada, que no siempre es lo correcto o incorrecto, sino lo que por medio de sus lentes, se ven como bueno o malo.

Y haciendo correr el chisme, se regocija cuando la persona afectada, es vapuleada con cuanto comentario se diga sobre esto.


En este tiempo de tantas redes sociales, es tan fácil hacer esto, tan rápido se viraliza, tan sencillo se calumnia o injuria. La calumnia es la acusación o imputación falsa hecha contra alguien con la intención de causarle daño o de perjudicarle. La injuria  es toda expresión proferida o acción ejecutada en deshonra, descrédito o menosprecio de otra persona.  Y se difama, actuando muy mal sobre el honor de alguien sea verdad o no lo que se dice de él o ella.



¿Como más actúa el que no piensa como Cristo?...usa la violencia para “salvar el honor”. se devuelve más que ojo por ojo y diente por diente. Vivimos en una sociedad casi ciega porque nos pasamos devolviéndonos ojo por ojo, aun en los pequeños momentos del día, en el transito, en la calle, en la familia, en nuestras relaciones personales, nunca dejamos pasar nada y nos sentimos afectado por todo lo que dicen o hacen de nosotros…hasta en el deporte ¿vos me hiciste? Yo te hago…

¿Cómo más? Lamentándose en silencio, sintiéndose siempre víctima, auto compadeciéndose, prometiendo venganza…


¿Cómo más? Corrigiendo en público, abochornando a la persona en cuestión, gritándole sin paciencia,  enrostrándole que no piensa como él o ella

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¿Cómo actúa el que piensa según Jesús?... va y habla, primerea, habla a solas, muestra el error con caridad, actúa con paciencia,  con ánimo de corregir, con ánimo de rescatar, tiene en claro lo que está bien y lo que está mal, para eso se apoya en la Palabra de Dios. A veces es más fácil ser compinches y no corregir, y eso con nuestros amigos, como con nuestros hijos o familiares.

¿Cómo más? Habla, dialoga, pregunta… si seguimos con esto de las redes sociales, debemos tener en claro que la corrección la debo hacer cara a cara. No es un mensaje de Whatsaap, lo suficientemente claro como para expresarse, ahí no hay expresiones, no hay gestos, no hay posibilidad de dialogar…eso con este tipo de mensaje y con cualquiera que en un tiempo no muy lejano, tengamos uso.


Primeriar, ir al hermano, tratar de que corrija su actitud, tratar de sumar y no de restar: hablan de un comportamiento cristiano.

También el saber escuchar, pensar y cambiar, cuando alguien viene a decirnos lo que hacemos mal, sin rechazar, sin negar…a veces hace falta que alguien , desde fuera, nos diga algunas cosas que nosotros, por la rutina, por el vivir diario, porque por el mundo y las circunstancias no nos damos cuenta y la comunidad lo siente para mal. 

Y otro elemento para vivir en cristiano y en clave de comunidad es, unirnos en oración.
“También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá”

¡Hacemos “juntadas” para tantas cosas!, pero nos cuesta decir: hoy nos juntamos a rezar. Tiene más participantes la “mástica” que la “mística”. Jesús nos da una fórmula para lograr algo que anhelamos, algo por lo que sufrimos, algo por lo que tenemos miedo. La oración nunca puede ser egoísta, pidiendo solo por nosotros. La oración que no es así, es escuchada, siempre teniendo en cuenta que en la oración recibimos, no tanto la respuesta a lo que deseamos sino la que Dios en su sabiduría y su amor sabe que es lo mejor para nosotros.

Simplemente porque somos seres humanos, que tenemos esperanzas, sueños, temores, deseos humanos,  muchas veces pedimos evasiones, salir, dejar de tener tan cosa, ser librados de una desilusión, de una situación dolorosa o difícil. Dios no promete la evasión, nos promete VICTORIA, nos da fuerzas para enfrentar la adversidad, sabiduría para encontrar el camino, fortaleza para vencer la adversidad, ¡victoria!…

Unir las manos, los corazones, las fuerzas, orando, seguro nos da victoria, quizás no como la esperamos, pero si mucho mejor. Unirnos en casa, esposos, padres e hijos. Unirnos en las comunidades de profesores, de maestros, de amigos, en los grupos apostólicos… Dios escucha mucho esta oración como lo dice nuestro Maestro hoy.
Buena jornada para todos.

martes, 13 de agosto de 2019

Mateo 18,1-5.10.12-14. COMO NIÑOS




En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: «¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?».Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.

  Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.
 Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.

¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron.
De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.

Palabra del Señor



¡Cuántas cosas nos enseña este tramo del evangelio acerca del amor de Dios!

Amor que se hace ternura en el abrazo de Jesús a un niño, y ponerlo como ejemplo de cómo deberíamos ser para poder aspirar a la vida eterna.

Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, dice el Señor. O sea que los veía y nos ve que andamos en la vida alejados de esta forma de vivir. No se trata de tener actitudes infantiles, se trata de pensar en las virtudes que tienen los niños y que hace que Jesús pondere y nos ponga como ejemplo para vivir mejor.


Su humildad, el estado de dependencia hacia sus padres, la confianza absoluta que tiene en sus papás…


La humildad, eso de no querer sobresalir, de no ser orgulloso, de no ser engreído (hasta que los adultos los transformamos para mal), es un comportamiento que nos enseña el trato para con nuestros hermanos.  Solo cuando el niño comienza a crecer y empieza a iniciarse en un mundo competitivo, con luchas feroces, es cuando deja atrás la humildad instintiva.



La dependencia, y la confianza, nos enseña en nuestro trato con Dios, a sabernos sostenidos por su amor, que nos ama, nos protege…

Un niño fue hasta lo de su abuela y vio que estaba cocinando un bizcochuelo. ¿Quieres un poco? Le preguntó ella. -¡si abuela!, contestó.
-Toma un poco de harina y come…
-no abuela es fea.
-Toma dos huevos y cómelos,
- uf, no son feos
Y así, le iba ofreciendo cada ingrediente a lo que el niño rechazaba. Al final le dijo:

¿ves? Mezclamos todo, procesamos, ponemos al horno y sale un exquisito bizcochuelo … así hace Dios, a veces por pequeñas cosas amargas y difíciles que ocurren en nuestras vidas, decisiones de otros que duelen, que no se entienden, es Dios el que está amasando algo bueno para darnos un rico pastel. Hay que dejar a Dios elaborar con cada ingrediente. Él sabe lo que hace. Nosotros tratemos de poner la parte más dulce que lo amargo ya lo ponen muchos. Y crecer en la confianza a Dios, en este tiempo



La  parábola de la oveja perdida, nos vuelve a hablar del amor de Dios.


Un amor individual, personal.

No bastaban las noventa y nueve que estaban juntas y con el pastor. Dios, parece no sentirse tranquilo hasta que el último de los hijos retorne al hogar. Sabe nuestro nombre, sabe nuestro camino, sabe que muchas veces por escuchar voces de pastores diferentes, o por mirar mucho abajo, a la tierra, confundidos por el “canto de sirena” nos hemos alejados del conjunto que vive con ese pastor bueno. No es un trato colectivo, que podría significar la palabra redil, ya vemos que se puso mal por esa que faltaba, su corazón se le estrujó.



Es paciente:
 a pesar de los llamados, de los pedidos para que no salga de la mirada del pastor, a pesar de todo, la oveja se va. Culpablemente se va, no puede echar culpas en nadie más que en ella misma, por abandonar lo que tenía como familia. Sin embargo,  el pastor no dice para sus adentros: ¿se fue? Que no vuelva más, todo lo que le pase es por su culpa y otras frases que solemos decir nosotros como ese famoso “yo te lo dije, ahora te  embromas” … el pastor bueno, nuestro Dios bendito, tiene paciencia, ama a todos, y lo que es mejor…


… Busca , pues es un amor que busca…
fue a buscar a la oveja perdida, sufrió las mismas raspaduras que ella con los espinos, piedras, sufrió el mismo miedo por las alturas a superar. Fue a buscarla, y hasta que no la encontró, no se quedó tranquilo. Dios nos busca, a pesar de nuestra tozudez, nos busca, nos manda mensajes, pasan cosas en nuestra vida que no sabemos bien porque y nos hablan de esa búsqueda que hace Dios, que, con paciencia, trama toda una red para que podamos volver, y cuando nos encuentra, no nos lleva dando saltitos enojado, sino que nos carga sobre sus hombros, para que no nos pase más nada en el camino de vuelta… ¡qué grande es Dios!

Y es un amor que se regocija,
Que festeja, que se alegra tanto con la vuelta a casa de cada uno, que supera el daño que esa persona puede hacer al irse… un amor que festeja cada vuelta a casa de cada uno.


Nosotros somos muchas veces esas ovejas que, por no escuchar la voz de nuestro pastor, nos alejamos. O por mirar mucho la tierra donde picoteamos solo lo de aquí, sin levantar la vista al cielo… nosotros somos los que culpable o inculpablemente nos metemos en lugares no convenientes. ¿Y Él? pacientemente, nos busca, y nos trae para rodearnos de amor y protección.


Buena Jornada para todos. Que podamos crecer en “niñez”, que podamos confiar en el Buen Pastor, que vivamos en ese amor para que otros sientan conmigo el amor generoso de Dios.

lunes, 12 de agosto de 2019

Mateo 17,22-27 IMPUESTO DEL TEMPLO



Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres: lo matarán y al tercer día resucitará». Y ellos quedaron muy apenados.
Al llegar a Cafarnaúm, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?».
«Sí, lo paga», respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?». Y como Pedro respondió: «De los extraños», Jesús le dijo: «Eso quiere decir que los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti».

Palabra del Señor


El templo de Jerusalén tenía muchos y grandes gastos.  Ellos mismos, en otro momento se comprometieron, y comprometieron a todas las generaciones venideras, a pagar un impuesto que sirviera para mantener y sostener el culto.



Había separación de estado y templo, pero cada varón judío de más de 20 años debía pagar el impuesto anual  del templo que era de medio siclo, o más o menos dos días de trabajo de un obrero. Era en marzo y alcanzaba para todo el año. Había conciencia de mantener, conservar, sostener el culto.



Se hacía así, cada uno debía aportar para eso. Si no, no había forma de mantener eso que ellos decían, era para Dios. También en alguna oportunidad hacían negocios raros para que entre dinero a las arcas  como por ejemplo, los mercaderes del templo que corrió Jesús algún día, por hacer negocios con la pobreza de la gente.



Hoy una buena pregunta es ¿Cuánto hacemos nosotros  para sostener nuestro culto?  A veces somos cristianos, somos católicos, hasta que nos tocan el bolsillo y somos pocos generosos en dar para sostener lo que creemos. Los cirios, los manteles, la energía eléctrica, el agua, secretaría, todo son gastos que  cuestan pagar. Y está en nosotros (¿en quién más?)  sostener lo que creemos, apoyar esos espacios de culto, ya sea con nuestro dinero, con nuestros talentos o con nuestro tiempo. En varios lugares se estila, al momento del ofertorio en la misa, que el sacerdote se siente y espere que la gente realice su ofrenda monetaria, para luego seguir con el rito del ofertorio  y ofrecer el pan y el vino… es que la ofrenda es en serio, ofrezco mi vida, lo que soy, lo que puedo, lo que deseo de corazón para que las cosas de la fe sigan adelante.





Pero volvamos a nuestra lectura diaria. Esa escena en casa, ese dialogo con Pedro, esa recomendación que le da. Que vaya y al primer pez que saque,  le abra la boca y en él encontrará el dinero suficiente para  pagar el impuesto.  Suena al menos, raro.



Jesús nunca hizo un milagro para su propio fin. Lo pudo hacer cuando aquel demonio le decía en el desierto que convierta las piedras en pan para poder alimentarse. Y no lo hizo. Podría haber usado aquel milagro de la multiplicación de los panes para hacerse de fama y gloria e instaurar un nuevo reino triunfante, pero no lo hizo. Jamás lo hizo, tampoco ahora en ese requerimiento de impuestos.


Jesús, no realiza ningún milagro para hacer lo que podemos hacer nosotros. No estaba fuera de las posibilidades de sus discípulos conseguir ese dinero que les faltaba para pagar el impuesto. Si Dios resolviera todos nuestros problemas con un milagro, nos perjudicaría más que ayudarnos.



¡Qué fácil sería para nosotros los que creemos, estar bien con la vida, con las deudas al día, cuotas sin vencer, la cuota del colegio de los chicos, todo pago, con solo descubrir cuál es el pez donde deberíamos ir a buscar el dinero! Pero no. El sudor siempre ha sido y debería serlo, el precio de todas las cosas… antes y ahora. No hay vida fácil. El único trabajo que se comienza desde arriba, es el del sepulturero, leía por ahí. Dios nos da todo para poder resolver nuestros problemas, pero no anda a cada rato haciendo milagros para hacer lo que debemos nosotros.



Entonces ¿Qué significa el relato? Había una forma oriental de decir las cosas. A Pedro lo mandó a buscar un pez. No lo mandó a un campo de trigo…porque Pedro era pescador. O sea, le dijo palabras más, palabras menos, ve al lago, pesca lo que necesitas para conseguir el dinero.



Si, con lo tuyo, con tu trabajo, con tu esfuerzo. Quizás si Pedro hubiese sido agricultor le decía que vaya a un campo y que iba a encontrar un tesoro entre las malezas que debía sacar para sembrar trigo. Hoy nos dice: con tu trabajo en la oficina vas a conseguir un pantalón necesario, una camisa adecuada. Con tu profesión honrada, vas a conseguir tu vivienda, tu progreso y el de tu familia. Yo te ayudo pero lo podes conseguir vos. Con tu esfuerzo, con tu trabajo, con eso de levantarse temprano todos los días, esos sacrificios honrados y sinceros, nos permitirán pagar, sostener, vivir, progresar.


Dios nos da las manos, la voluntad, la inteligencia para conseguir lo que necesitamos. Él nos sostiene, nos ayuda, nos fortalece en la lucha diaria. Pero debe ser en el esfuerzo, no en la dádiva o en la conveniencia, o en la corrupción que lo logra todo por lo oscuro, no esperando que todo se resuelva desde arriba, no en la suerte de un numero de lotería o de un juego en un casino, no en cábalas o amuletos de la suerte que nos resuelven el problema mágicamente, no esperando que las soluciones lleguen de los otros, incluso del estado, sino procurando por lo propio, por nuestras manos, por nuestro esfuerzo, lo que podamos lograr, mucho o poco.

Buena jornada para todos.

sábado, 10 de agosto de 2019

Juan 12,24-26. SAN LORENZO: GRANO DE TRIGO EN LA TIERRA




Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.

Palabra del Señor



Por medio de la muerte, viene la vida. Es difícil entenderlo, más para nosotros que siempre estamos aferrados a la vida. Si vemos el grano de trigo, seguro y feliz, en un estante o en una bolsa de productos,  decimos: no es aquí donde debe estar. Debe estar en la tierra , y ahí es cuando comienza el proceso de dar frutos.


Hoy celebramos a san Lorenzo Mártir. Fue su muerte, y la de todos los mártires, lo que hizo que la Iglesia creciera: la sangre de los mártires, es la semilla de la Iglesia.


San Lorenzo fue uno de los siete    diáconos  que en, Roma, se encargaba de ayudar a los pobres y necesitados.  Era el año 258.
Cuando  estalló una persecución , el Papa San Sixto fue condenado a muerte. Mientras era llevado a la ejecución, Lorenzo lo siguió llorando, "Padre, ¿a dónde vas sin tu diácono?" él dijo. "No te voy a dejar, hijo mío", respondió el Papa. ." 
 Lorenzo, entonces,  les dio a los pobres el resto del dinero que tenía a mano e incluso vendió buques costosos para tener más que regalar.


El prefecto de Roma, un pagano codicioso, pensó que la Iglesia tenía una gran fortuna escondida. Así que ordenó a Lorenzo traerle el tesoro de la Iglesia. El Santo dijo que lo haría, en tres días. Luego recorrió la ciudad y reunió a todas las personas pobres y enfermas apoyadas por la Iglesia. Cuando se los mostró al prefecto, dijo: "¡Este es el tesoro de la Iglesia!" .era comienzos de agosto de ese año.


Con gran enojo, el prefecto condenó a Lorenzo a una muerte lenta y cruel. 
El Santo estaba atado a una parrilla de hierro sobre un fuego lento que asaba su carne poco a poco. Lorenzo sentía un profundo amor por Dios, a pesar de aquello que estaba pasando. Incluso bromeaba  y le decía al juez:"Dame la vuelta",  "¡He terminado de este lado!" Y justo antes de morir, dijo: "Ya está cocido".

 Luego oró para que la ciudad de  Roma  se convirtiera a  Jesús  y para que la fe católica  se extendiera por todo el mundo. Era un 10 de agosto como hoy.




 En esa fuerza , en ese amor, en esa entrega, la Iglesia se sostiene. No lo hace en dinero, en propiedades, en oro o en plata. No lo hace en personas falibles que muchas veces se equivocan…lo hace en tantos mártires que entregaron y entregan su vida, que vivieron en carne propia esto del grano de trigo.



Pero al común de nosotros, no nos pasará lo de san Lorenzo. Si, debemos pensar que, como en toda empresa que realicemos,  éstas viven, por la vida que uno deje en ella.

A veces, es solo cuando sepultamos nuestros intereses y ambiciones personales, que comenzamos a serle útil a Dios para algo.
 Por la muerte a la ambición personal, se llega a estar disponible para Dios.



Muchas veces nos pasa, como  cuando leíamos lo que hizo Pedro de querer ponernos delante de Jesús e indicarle a él, el camino: ve detrás Pedro, aquí el que va adelante soy yo, parece decirle el Señor, y decirnos a nosotros.



 Creemos que Jesús debe jugar el partido con nuestras reglas, con nuestro reglamento, y no pensamos que en esto, las reglas las pone otro, que sabe lo que hace y quiere y que quiere para nosotros un bien mucho más grande que el que nosotros mismos queremos…


¿Cuántas veces hemos postergado nuestro encuentro con Jesús por poner nosotros las fechas, por ordenar en nuestra agenda algún tiempo libre, muy pequeño, para darlo a favor de los demás?.
Hay momentos que es necesario des estructurarse y dejar que él nos lleve a donde quiera, que el tiempo lo ponga él o quienes nos invitan a cosas mejores…no podemos siempre poner nosotros las reglas en la vida, que todos se adapten a mi mal genio, a mi carácter, a mis horarios, a mis ganas…

Tiempo de jugar el partido con las reglas de Jesús, para eso hay que escucharlo, pensar en cada momento: ¿Cómo harías esto tu Señor?...¿qué haría Cristo en mi lugar?



También nos dice el evangelio que la única manera de no perder la vida es darla…

Amamos en demasía nuestra vida, por dos motivos principales:

El egoísmo y el deseo de seguridad.


Egoísmo, que como nos damos cuenta, nos hace mirar nuestro propio interés  y dejar de lado los intereses  de los demás.

Deseo de seguridad, cuanto más grande somos, más seguridad buscamos en lo pequeño y lo grande, en nuestro futuro, en el dinero ahorrado, en los controles de todo, incluso en controlar  rigurosamente cada actividad de nuestros hijos, pequeños o jóvenes. O el miedo al riesgo, no jugarnos por lo bueno.



Muchas veces , por buscar seguridades, buscar “estar bien”, nos convertimos incluso como cristiano, en pequeños burgueses, del “asínomas”, es “suficiente lo que tenemos”  , no hace falta que venga más gente, esos hacen mucho lio, los jóvenes no vengan a molestar… :es preferible consumirse que enmohecerse, es preferible llegar al final de la vida con manos callosas y cuerpo cansado, que tener la cara tersa , pero el alma llena de telas de arañas por haber sido amarretes en dar.


«Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» dice el Papa Francisco, en Evangelii Gaudium.

Buena jornada para todos, sostenidos por la vida y entrega de san Lorenzo que entendió esto de dar la vida para ganarla.

viernes, 9 de agosto de 2019

Mateo 16, 24-28 RENUNCIAR, CARGAR LA CRUZ, Y SEGUIRLO




Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.
Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino».
Palabra del Señor



Pasó eso de Pedro, que después de afirmar su mesianismo, lo llevó a un aparte para “reprenderle” porque hablaba de un final de cruz para luego resucitar. Jesús se molestó con Él. Y como conclusión de ese reto, dijo esto que para nosotros, los cristianos, es un desafío. Son tres cosas que debemos estar dispuestos a llevar a cabo, desafíos para personas con coraje, valientes de la nueva época. Hacer lo contrario es hacer lo que hacen la mayoría y como dice el Padre José Antonio Pagola, “Después de siglos de «imperialismo cristiano», los discípulos de Jesús hemos de aprender a vivir en minoría. Es un error añorar una Iglesia poderosa y fuerte. Es un engaño buscar poder mundano o pretender dominar la sociedad. El evangelio no se impone por la fuerza. Lo contagian quienes viven al estilo de Jesús haciendo la vida más humana”

Esas tres cosas son:

1)Renunciar a si mismo…en un principio parece anular la propia personalidad e ir como rebaño sin vida propia, sin poder opinar distinto, siguiendo a un líder que lleva por cualquier camino.  O parece que es estar dispuesto a auto renuncia,   como privarnos de ciertos placeres o lujos a fin de conseguir alguna buena Causa… la renuncia a sí mismo es destronar al yo, para permitir que Dios reine la vida, es renunciar a hacer toda la vida con el yo de centro,  como actores de la obra: “cuarto cualquiera” o sea primero yo, segundo yo, tercero yo…cuarto, cualquiera.  Es poner a Dios como iluminador de nuestro proyecto de vida al cual soñaré por la capacidad para servir a los demás, en quienes vive Dios. Es poner al centro de la vida, como lo más importante a Dios. Dios debería ser el principio rector y la pasión dominante de la vida.



2) Tomar la cruz… es decir asumir la vida de sacrificio. La vida cristiana es una vida de servicio como sacrificio. Servir debería ser nuestra forma de asociar la vida a la cruz del Señor. Deberíamos, entonces, estar dispuestos a abandonar la comodidad o las ambiciones personales pues a veces servir a Jesús en ciertos ámbitos o con ciertas personas, no tiene mucha retribución  o recompensa e incluso prestigio.

 Esto nos obliga muchas veces a dejar la comodidad del hogar, nuestra zona de confort esa en la que nos habituamos a estar, dejar la trasmisión de ese partido de futbol tan esperado, dejar la siesta, o abandonar temprano la cama, dejar a veces reuniones sociales o “juntadas” con amigos, con tal de servir a quien lo necesita, ayudar en los grupos de jóvenes, dar catequesis, visitar un hogar de ancianos olvidados por familiares… cada uno sabe donde puede hacerlo, con tal de asumir esa cruz, con la que nos asociamos y parecemos a Jesús…cuando Lucas nos escribe este mismo acontecimiento de Jesús con Pedro, dice: Después dijo a todos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga…. De cada día. No hacen falta grandes momentos de sacrificio, hacen falta esos momentos diarios en que nos esforzamos por ser mejores, por ayudar, por dar una mano dejando la propia comodidad…


3)Y seguirlo… seguir a Jesús es seguirlo en su Palabra, pensamiento, obras.  Seguir las huellas del Maestro.  Solo basta ver como algunos siguen a sus líderes terrenales: cada palabra es amplificada, cada pensamiento es enmarcado en cuanta red social o propaganda haya, se conoce la hora en que se levanta, cuáles son sus actividades diarias, se quisiera estar siempre con él o ella, escuchando sus pensamientos, su manera de vivir y de encarar cada proyecto o momento. ¿Qué haría Jesús en este momento, en este acontecimiento? Podríamos preguntarnos, para poder adentrarnos en su vida, cuestionar, investigar, leer la Palabra donde seguramente encontraremos su manera de pensar que nos ilumine el camino…



De que nos sirve, saber todo del mundo, ganar el mundo, ser famosos, tener bienes, poseer la última generación de celulares, si perdemos la fe, la vida del alma… por eso, perder muchas veces es ganar. Perder la vida, dándola, sirviendo, es ganar la vida para siempre.

Hay una diferencia grande entre “existir” y “vivir”…

Existir es algo natural que pasa porque respiramos, porque nos levantamos, desayunamos, trabajamos, estudiamos, crecemos en cuerpo y envejecemos al mismo tiempo…y la vida pasa, y existimos porque el aire es gratis aun.


Vivir , es honrar la vida, es estar vivo en un mundo que vale la pena, es desear y lograr la paz, es cambiar el mundo que Dios me dio para transformarlo, el mundo, mi mundo; es vivir con gozo en el corazón del deber cumplido, es llegar cansados de ayudar, en lo más simple, ayudar a papá y mamá, ayudar a los hijos, jugar con ellos, es visitar a aquel con el que estamos distanciados, es el que arriesga  todo por encontrar la vida junto a Jesús, es el que está dispuesto a ir mar adentro, no siguiendo una huella como lo hace muy bien el agricultor, ir mar adentro donde no hay rutas, donde se va por lo que Dios va mandando, el que sabe que no existen fronteras, ni solo algunas personas para hacer el bien, sino cada uno que pasa al lado, en que Jesús vive porque lo hace en cada pequeño , vulnerable, simple que vive al lado nuestro.

Que podamos “vivir” para que honremos la vida y que podamos dejar solo de “existir”.
Buena jornada para todos.

jueves, 8 de agosto de 2019

Mateo 16,13-23.¿QUIÉN DICEN QUE SOY?





Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?».
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?».
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».
Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.


Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
 Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá».
Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Palabra del Señor



Estaba pronto su final entre nosotros. Y , Él, humano como era, quería saber.
Saber que opinaban de él.
Saber si lo que iba dando, quedaba grabado a fuego en el corazón de la gente y de los suyos.
Saber si habían entendido todo el camino realizado.
Saber si estaba dejando todo en buenas manos o si iban a cambiar el mensaje que traía…


La gente, lo ponía en lugares importantes. Era Juan bautista, alguien muy importante para ellos
Era  Elías que estaba llamado a ser el precursor del Mesías,
Era Jeremías que presagiaba la venida del Mesías, es decir que Jesús era muy importante para la gente.

Y la pregunta llego. La pregunta para ellos, los íntimos, los que habían vivido con él este tiempo:

"¿Y ustedes, quién dicen que soy?

Pedro , inspirado por el Espíritu, respondió. Hizo la gran confesión. Jesús supo que alguien, al menos uno, entendía.




El descubrimiento de Jesús, tiene que ser personal. Cuando Pilatos le preguntó si era él el rey de los judíos, Jesús le repreguntó: dices esto por ti mismo o te lo han dicho otros de mi?


Nuestro descubrimiento no debe ser de segunda mano. El cristianismo no consiste en saber acerca de Jesús, sino en conocer a Jesús. Jesús nos demanda una respuesta personal: ¿Quién soy yo para vos?
Recordemos lo que nos decía el papa Benedicto en su carta encíclica Deus Catitas est: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

Por eso la pregunta también es para cada uno de nosotros: ¿Quién soy para vos?




Pero, cuando la respuesta viene dado desde el impulso, o de las vísceras como decimos, cuando no razonamos la respuesta, cuando se nos “suelta la chaveta” , entonces nos pasa lo de Pedro también, por esto que pasó al último de nuestro evangelio


Jesús comenzó a hablar de su muerte, de lo que le pasaría, de lo que debería enfrentar, Pedro lo llevó a un costado, le dijo que deje de hablar de eso, que jamás le pasaría , que Dios no lo permita, y otras cosas más.

Jesús se molestó.
El Pedro que decía eso, no era el Pedro que Él quería, era un Pedro que se dejaba llevar por lo impulsivo, y en la vida debía ser más sereno, prudente, reflexivo.


Le dice “ve detrás de mi Satanás”…Satanás es el adversario, el opuesto. Como que Pedro quería ponerse delante de Jesús (casi sin intención)  y Jesús le decía que lo siga él, así debía ser. Adversario es el que se opone. Satanás es cualquier fuerza que se opone al camino de Dios, es cualquier influencia que quiere apartarnos del camino que nos propone Dios, es cualquier poder que trata de hacer que los deseos humanos ocupen el lugar del imperativo divino, y esa intención venía de alguien que le amaba y mucho, y que no podía soportar que su amigo sufra, pero, estaba equivocándose. El adversario usó al amigo para ponerle piedras en el camino, y eso le dolía a Jesús


Así nos pasa cuando queremos ponernos delante de Jesús, que él haga nuestra voluntad, que él cumpla nuestros deseos, que él sea el servidor fiel a nuestros gustos y caprichos, que él siga mis palabras y consejos… lo que Jesús nos dice es: ve detrás de mí, yo soy el que marca el camino, si estás conmigo, seguime, no te vas a equivocar, pero yo voy adelante y vos me sigues.


Así en la vida nuestra de cada día, cuando alguien se acerca y nos dice que dejemos de seguir sueños, proyectos de vida, que quieren quitarnos la esperanza, cuando nos impiden ser felices, cuando quieren a toda costa que seamos protagonistas del guion escrito por ellos, molesta. Así a Jesús.

Pedro quería que Jesús haga lo que él decía, y Jesús seguía adelante con su proyecto de vida, Pedro, un adversario a ese proyecto. Ve detrás, Pedro, que el que conduce la barca soy yo. Ve detrás joven, niño, adulto, deja que yo maneje la bicicleta de a dos, tu pedalea conmigo pero el que te lleva a destino soy yo.


Que nuestra respuesta surja desde del Espíritu. Él, quiere una respuesta personal, si es que queremos darla. Si estás leyendo o escuchando  esto es porque posiblemente tienes una respuesta personal para su pregunta: ¿quién soy yo para ti?.

 Buena jornada para todos.