lunes, 21 de enero de 2019

Marcos 2,18-22. A VINO NUEVO, ODRES NUEVOS



Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?".
Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo.
Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!".
Palabra del  Señor


A veces las preguntas que le hacían a Jesús, suena mucho con eso de: te preguntamos, pero ya sabemos la respuesta…es para ponerte en evidencia.  Para ellos la respuesta era: no son muy religiosos que digamos, porque si lo fueran deberían realizar el ayuno correspondiente como lo hace cualquier hijo de vecino… hay gente que pregunta así, para analizarnos si mentimos o no: ¿fuiste al supermercado? Cuando saben que no fuimos… ¿dejaste tal papel? Cuando saben que no lo dejamos. No seamos así.


Jesús les hace mención a la fiesta de casamiento: los novios una vez que se casaban, no partían de luna de miel como es corriente entre nosotros. Se quedaban en casa y por una semana recibían a todos los que iban a saludarle. Las distancias tampoco eran tan cortas como ahora o tenían medios para llegar al lugar, entonces se quedaban ahí. Por eso ayer cuando leíamos las Bodas de Cana, había cierta desazón entre los encargados de la fiesta, porque sin vino, se acababa la fiesta y esa era la semana más feliz en la vida de una persona, que hubiese quedado trunca, si la mamá de Jesús, no actuaba sin que alguien se lo pidiera .


En esas fiestas los amigos del novio por supuesto no ayunaban. Es más, había una disposición concreta de los rabinos que decía: “todos los que están al servicio del novio quedan relevados de todas las prácticas religiosas que hubieran reducido su alegría”…prácticas religiosas que hubieran reducido su alegría.

Entonces podemos entender que lo que Jesús nos dice es: la vida cristiana, con Cristo (  a veces suena como redundante pero en algunos casos y algunas personas no lo es), es una vida de alegría. 
Encontrarse con Él, participar de su vida, nos debe llenar de alegría.
No puede ser el cristianismo, algo que nos quite la alegría de vivir, de sonreír, de amar, de soñar, de jugar, de ser feliz.


No puede ser que un cristiano, a veces apoyado en el poder que le da la organización, nos quite la alegría de vivir, de festejar y nos ancle en el pasado por lo que nos han hecho.

 No puede ser que convirtamos el cristianismo en un conjunto de ritos tristes, que no nos ayudan a ser felices, ni salir renovados de ellos.

No puede ser que el cristianismo, la vida de Cristo, se convierta en un peso enorme de culpas que no nos dejan elevar las alas y volar.

No puede ser que ser cristiano, sea tener cara de “pepinos en vinagre” como dijo alguna vez el Papa Francisco, con caras que no reflejan ninguna alegría interior, que son repelente de personas que se acercan, no puede ser que el cristianismo, nuestro de cada día, a medida que pase el tiempo se convierta en una sucesión de padrenuestros, avemarias y glorias y que queden nuestras manos vírgenes por no dar a nadie de nuestra vida…

Algunos al ser recibidos nuevamente por el Padre, saltan de alegría, como el hijo menor de la parábola. Otros, que siempre estuvieron, tendrían que aprender a vivir como le dijo el padre al hijo mayor: hijo si todo lo mío es tuyo, podrías haber tomado un cabrito y compartirlo con tus amigos, ¿Por qué no sonreíste nunca?

A veces parece que vivimos como cuando les dijo a ellos: llegará el tiempo que será quitado el novio, como si se hubiese acabado la fiesta, retorna la obligación de los deberes a cumplir, el cumplimiento: cumplo y miento, el aburrimiento, el hastío por lo religioso… a veces es bueno preguntarse: ¿soy feliz siendo cristiano? ¿Por qué si? ¿Por qué no?... Jesús con Él, nos llama a ser felices.



Y el otro gran mensaje que nos deja es que necesita Él, su palabra, su Vida, su obra, corazones jóvenes siempre dispuestos a recibir lo mejor y adaptarse a ello. O mejor dicho, necesita CORAZON JOVEN, aunque la edad cronológica diga lo contrario.
 A veces tratamos de poner parches en la vida, y son parches de vida nueva sobre la vida vieja, y no corre, no va, no sirve. A veces deberemos resetear todo y comenzar de nuevo con nuestro nuevo corazón.  Y eso implica hasta cambiar amistades que no nos ayudan…

Los odres nuevos tenían una cierta elasticidad. Cuando se poner viejos, se ponen duros y no cedían ante el vino nuevo que esta fermentando.  Cuando nuestra mente se fija en eso que ya vivimos y no queremos salir de ahí, cuando se vuelve incapaz de contemplar nuevas posibilidades, puede que estemos físicamente vivos pero nuestra mente está muriendo de a poco.
 La Iglesia nos ha llamado muchas veces a hacer nueva nuestra evangelización: nueva en ardor, métodos y expresión. Y nos cuesta.
También nuestra Iglesia quizás debería repensar nuestra liturgia ya que hace 55 años (desde el Concilio Vaticano II) repetimos lo mismo, en una sociedad que vive mucha de ella con los 180 caracteres, con instrumentos que vinieron para quedarse, con redes sociales que condicionan la vida sobre todo de los más jóvenes, con homilías a veces sin contenido para la vida, con una distancia cada vez mayor entre el pulpito y los problemas reales.asi nuestros templos estarán vacios, solo con gente de cierta edad, sin jóvenes  a los que no llegamos con nuestras estructuras quizás vetustas.
Muchas veces, y volviendo a la fiesta del novio, lo nuestro se torna aburrido y no nos alienta en la vida, en la semana, en el día. A nosotros también a veces nos falta el vino. Y se nos acaba muy pronto la fiesta y la alegría.


Buena jornada para todos. Vivir en clave de Cristo, es vivir en clave de felicidad, servicio, renovación, alegría y nuevas aventuras. Dios hace nueva todas las cosas.



sábado, 19 de enero de 2019

Marcos 2,13-17. LEVI



Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía allí, y él les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". El se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían.
Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: "¿Por qué come con publicanos y pecadores?".
Jesús, que había oído, les dijo: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".


Palabra del Señor



Haciendo de la orilla del mar,  un lugar de predicación y reclutamiento. No es solo el templo, el lugar religioso, la Iglesia, la capilla, la parroquia, donde debemos ser cristianos, o mostrarnos como tal. Es hasta en esos lugares de esparcimiento, de encuentro, de after office, de reunión con amigos, lugares donde debemos ser más cristianos que en un templo donde todos los son ( o por lo menos así debe ser). Jesús salía hasta esos lugares donde ningún maestro se le ocurriría ir a enseñar.


 Ahí encontró a Mateo, un  odiado publicano recaudando quizás impuestos aduaneros, que cobraba lo que quería con tal de dar al estado lo que el estado le pedía. Todo lo demás era para sus bolsillos.

Tiene que haber tenido un gran vacío en el corazón. Bolsillos llenos, pero alma desnutrida, flaca, sin amigos verdaderos, pues los que tenían eran de su misma condición, también avaros, envidiosos, enceguecidos ante el afán de poseer más. Eso al hombre, en el fondo, no le basta. Hemos sido hechos para Dios, y nuestra alma no descansará hasta descansar en él, eso nos decía san Agustín de él mismo y nos lo dice a nosotros. Podremos tener muchos conocidos en redes sociales a los que llamamos amigos o seguidores. Podremos tener millones de like en nuestras publicaciones, pero muchas veces sentimos el alma vacía, insatisfecha. Hoy tenemos en Mateo , alguien que pasó por lo mismo, y que resolvió de una manera extraordinaria, su vacío.



Mateo, es el que más dejó de los apóstoles. Todos los pescadores, podían volver a sus antiguos trabajos. Peces habrán siempre, y oportunidad de pescar siempre las tendrían. Pero Mateo, dio un portazo a su trabajo, y se la jugó por algo mejor para su salud mental y espiritual,  ya nunca más pondría la mano en el arado y miraría para atrás. Nunca se arrepintió de dejar esa mesa recaudadora. Nunca dejó una puerta abierta a su viejo mundo , a su hombre viejo, “por las dudas” no le gustara seguir a Jesús. Su cambio fue 180 grados. Es un incentivo para aquellos que no pueden dejar un lugar de trabajo o estudio  que no les hace bien a su salud espiritual, familiar, porque creen que se acaba el mundo, porque no conseguirán nada más. o para aquellos que dejaron una puerta abierta en su conversión y no terminan de llegar hasta el mismo Jesús…Mateo, se levantó y lo siguió de una, sin darle vueltas al asunto, sin siquiera ordenar sus papeles, cerrar la recaudación… se levantó y lo siguió. Sin Jesús, su vida hubiese sido la habitual: cobrador, cínico, odiado, con una vida de placeres transitorios, muerte y olvido… con Jesús, trascendió, fue santo, tiene fama eterna, es un escritor maravilloso, que fue el primero que le dio al mundo un libro de las enseñanzas de Jesús. Sin Dios, nuestra vida pasa y pasa, vivimos porque el aire sigue siendo gratis, no dejaremos huellas por el mundo. Con Jesús, somos parte de Dios, nos volvemos eternos, dejaremos caminos para que otros puedan hacer autopistas…



Si bien, hoy podríamos poner foco sobre el  “sígueme” de Jesús, un llamado que incluye mirada, serenidad, astucia, delicadeza hacia el odiado, misericordia, perdón, el evangelio nos invita a imitar a Leví, alguien que sentado en esa silla angustiante que recibía todos los días su vacío, su soledad, su avaricia y egoísmo también, se levantó de ella para partir hacia una VIDA MEJOR.  Una persona corajuda, decidida, que cuando vio la luz, se dejó iluminar, cuando sintió el llamado no dudó. SE LEVANTÓ Y LO SIGUIÓ. Y no solo eso, fue un misionero entre los suyos a quienes llevó a Jesús para que le escuchen.


Buena jornada para todos.

viernes, 18 de enero de 2019

Marcos 2,1-12. LA FE DE LOS AMIGOS



Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa.
Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres.
Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.
Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados".
Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior:
"¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?"
Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: "¿Qué están pensando?
¿Qué es más fácil, decir al paralítico: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate, toma tu camilla y camina'?
Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados
-dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".
El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: "Nunca hemos visto nada igual".
Palabra del Señor


Cuando hay una fe dispuesta a encontrarse con obstáculos y superarlos, tiene premio. Aquellos amigos, llegaron hasta la casa donde estaba Jesús, se dieron cuenta que estaba abarrotada de gente, que no entraba ni un alfiler por la puerta, es más ,había gente fuera escuchando como podía la enseñanza del maestro, pensaron: ¿Qué hacemos ahora? Trajimos a nuestro amigo en camilla, y no podemos presentarlo ante Jesús…

Como en esas películas interactivas donde la audiencia elige entre dos finales, o como en un diagrama de flujo, pensaron:


No podemos, entonces nos vamos, se cierra la historia, nuestro amigo seguirá así para siempre.

o

Si podemos, debe haber una solución, esperemos o entremos por otra parte, nuestro amigo se merece  nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, hasta con las consecuencias de lo que hagamos (arreglar el techo de la casa luego).



Siguieron la segunda opción, opción que nos invita la historia a repetir en nuestra vida. Ante cada problema, tenemos la opción de sentarnos, largarnos a llorar desesperadamente, cruzarnos de brazos, dejar de luchar, guardar  en el baúl de cosas inacabadas todos esos sueños…

ponernos a trabajar, luchar una vez más, ofrecer ayuda, salir de la zona de confort, ponernos botas, mameluco y salir a la acción, ser proactivos siempre como actitud de vida: ante cada problema hay una solución. “lo único que no se remedia es la muerte” dicen los ancianos sabios de por aquí.  Ojalá que esta actitud llegue a todos, incluso para los que están pasando momentos difíciles en lo laboral, social, familiar. Muchas veces debemos poner en camilla todos nuestros problemas y no dejarnos vencer hasta que Jesús los tenga frente suyo. Él, hace el resto.
Jesús viendo la fe de los amigos, lo sanó. Si, viendo la fe de los amigos, sus ganas, todo lo que hicieron hasta la emoción.



Primero, le sacó el peso de encima del pecado. Ellos los judíos, sentían y pensaban que un enfermo era alguien  con quien Dios estaba enfadado. Si bien hay muchos males que nos vienen por situaciones del alma, mucho envejecimiento que llega a causa de la ira contenida, tampoco podemos establecer una relación directa entre la acción y reacción, pero eso creían y mucho por aquellos tiempos.


Puede ser que el enfermo también lo creía así, por eso Jesús le libera el alma, antes que nada. Más para ellos que creían que el enfermo, lo era porque había pecado… y como eso del perdón del pecado no se ve, él les dio la prueba de lo que pasaba por dentro se reflejaba en lo de fuera…sanó su vida entera, y el muchacho, tomo su camilla y se fue en medio de todos.


Jesús nos dice como a él: Dios no está enfadado contigo… te espera, te espero, quiero abrazarte para que puedas sentir mi amor.


Y después nos dice: toma tu camilla, y ve a tu casa, a comenzar de nuevo, y si es posible pon en esa camilla a tus amigos para que vengan … hoy lo hicieron por vos, ahora , hazlo por los otros, gratis te dieron, da gratuitamente.



La cuestión será entonces, no quedarnos con esa camilla vacía, hay quienes necesitan al mejor medico del mundo. Otros  necesitan el esfuerzo que alguien hizo por vos.


Que Dios nos de fuerzas para no aflojar ante la duda, ante los obstáculos y que podamos poner en la camilla de nuestra fe a aquellos que necesitan que Jesús los sane.

Buena jornada.

jueves, 17 de enero de 2019

Marcos 1,40-45


Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: "Si quieres, puedes purificarme".
Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado".
En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.
Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente:
"No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio".
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.
Palabra del Señor


El leproso, sabemos, era un excluido social y familiar. No solo debía soportar el horror de su enfermedad, sino también la angustia mental y espiritual de estar totalmente desterrado de la sociedad y evitado aun por los suyos. En la edad media, por ejemplo, el sacerdote con la estola y el crucifijo, llevaba el leproso a la Iglesia y le leía el oficio de los difuntos. Era considerado un muerto en vida.



El leproso entre tantas normas a cumplir, no debía acercarse a ninguna persona. Debía ir gritando ¡Inmundo, inmundo!, para advertir a la gente de su presencia.



Este muchacho de nuestro evangelio, rompió la norma religiosa, se acercó a Jesús. Jesús tampoco cumplió la norma, pues el que tocaba un impuro, quedaba impuro. Le sanó la enfermedad, lo trajo de nuevo a la sociedad, le quitó su exclusión. Era más importante la necesidad, que la regla. LO TOCÓ.


No solo dijo Palabra poderosa. Lo tocó, tocó su carne maloliente y deforme, toco su alma al que nunca más nadie tocó, y menos abrazó, tocó su miseria, le hizo saber que era muy valioso para Él, que no importaba lo que le pasaba, para él, era un ser humano semejante a Dios, lastimado y herido, pero semejante a Dios porque al momento de la creación Dios dijo: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. ¡Lo que debe haber sido para aquel muchacho, que no solo Jesús le dijera: SI QUIERO CURARTE, sino ver que extendiera su brazo hasta llegar a su carne lastimada y  lo tocara…!

Ayer y hoy. Excluidos de todo tipo. La enseñanza de Jesús: tocar la miseria humana para sanar. A veces ni miramos al excluido, menos tocarlo. A veces nos duele más un animal que está sufriendo, que grita porque fue atropellado, que sufre, nos conmueve el alma, o gastamos fortunas en elementos para mascotas, que en un hermano, en un igual, que sufre frio, calor, vicios, al que ayudamos para sacárnoslo de encima, porque su olor es muy fuerte, porque su aspecto no va con nuestro status, ¿tocar?, casi ni lo miramos. Una escena al final de la película “el secreto de sus ojos” ( sin temor a spoilear dicha película pues es bastante antigua), el detenido por alguien que se vio afectado por su accionar, le dice al que investiga: dígale que me hable… lo tenía encerrado por muchos años y todo lo que hacía era llevarle comida sin decirle una palabra , una sola, que muestre aprecio o desprecio…nada de nada…y eso lo estaba matando… ni hablar de darle afecto, de tocarlo, de darle la mano…


Leproso hoy quizás sea el desesperado,  el hambriento, en el que no sabe qué es la vida y cómo puede ser vivida. Tantos leprosos de alma, no que tengan esa enfermedad tan horrorosa que hoy es tratable, sino por lo de ser excluidos, alejados, dejados de lado por la sociedad materialista que vivimos.


Que podamos ser como Cristo en el mundo de hoy. Nos animemos a romper la regla del “no te metas” y podamos llegar hasta el que necesita.

Buena jornada

miércoles, 16 de enero de 2019

Marcos 1,29-39. EN LA CASA DE LA SUEGRA DE PEDRO



Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato.
El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.
Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados,y la ciudad entera se reunió delante de la puerta.
Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.
Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.
Simón salió a buscarlo con sus compañeros,
y cuando lo encontraron, le dijeron: "Todos te andan buscando".
El les respondió: "Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido".
Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.
Palabra del Señor.


Venía de la sinagoga de Cafarnaúm donde había realizado el milagro de echar de la vida de una persona a un espíritu del mal. Quizás estaba cansado, pero cuando llegó se encontró con la suegra de Pedro, con una fiebre que no la dejaba hacer nada.

Los discípulos le dicen, nos relata el evangelio. Hace poco lo conocían y ya le dicen sus problemas, a él van, él es su refugio y fortaleza, le cuentan hasta estos pequeños problemas domésticos, una relación de mucha confianza que ojalá nosotros la tengamos. Somos amigos de un Dios Vivo, que siempre nos escucha, que va con nosotros a nuestro trabajo, a la facultad, que estudia a nuestro lado, que cocina con nosotros, que va  al campo a arar o sembrar o cosechar, sintiendo el mismo calor que yo, la misma lluvia que a veces impide pasar. Ojalá nosotros también tuviéramos esa cercanía con Jesús.

Este es un indicio más del poder de su palabra. Es lo que dice ser. Jesús vino a salvar al hombre y la mujer. No solo su espíritu, también su cuerpo. Podría haber dicho: déjenme un poquito tranquilo para que descanse… ese muchacho en la sinagoga me quitó las energías…pero no, vio la necesidad, y acudió a ella. ¿Mucha paciencia? Mejor es decir MUCHO INTERES. Interés en la persona, en el otro, en sanar, en escuchar, en bendecir. No ese interés que busca rédito: interés por el otro, por su bienestar.

Quizás sea necesario eso en nuestra vida hacia los demás. ¿Cómo le tenes tanta paciencia a éste o ésta? Muchas veces nos damos cuenta que lo que tenemos es interés en el bien de la otra persona y que esa persona vaya bien. La paciencia es superada por ese interés por el bien de la otra persona. Es lo que tienen los buenos papás y mamás: interés para que el hijo sea feliz. Y cuando ese objetivo no es claro, entonces si , nos falta la paciencia. Cuando el querer bien a un hijo, se mezcla con la ira al retarlo, o con el quedar bien delante de otros papás, o querer mostrar ser los mejores padres de la humanidad, se pierde de vista ese interés primero y ahí nos falta paciencia, y nos quejamos, y nos agotamos.

Jesús mostraba interés. También con los fueron después de que comenzaran a brillar las estrellas en el cielo de Cafarnaúm. Encontrarse con personas tullidas, lastimadas, sumidas en la pobreza, con poco agua para higienizarse, sucias, gritonas por lo que estaban viviendo por dentro, histéricas porque no eran atendidas, y amar con la misma pasión a cada una de ellas, con mucho interés por su bien, le hacía superar el cansancio.

Nos enseña a amar ¿verdad? Si pusiéramos más interés en salvar a los demás, en ayudar , en servir, no nos haría nada el cansancio, no pondríamos condiciones, no compararíamos lo que hacemos, con lo que hacen los demás, daríamos siempre un poquito más. Mi cansancio que a otros descanse, cantamos siempre.

 Si ponemos en el otro al mismo Jesús, entonces todo
lo haríamos por Él, y lo que hacemos se llamaría caridad, incluso levantarse de un asiento  en el colectivo, para dárselo a alguien que lo necesite más que yo.

La suegra de Pedro, apenas se sanó se levantó y se puso a servirles, empezó de nuevo a ver las necesidades de los demás. Dios nos ayuda para que podamos ayudar a los demás, nos da dones para que los usemos en bien de los demás, que no nos pase que alguna “fiebre” que no es más que el síntoma de alguna enfermedad , nos tire en cama sin hacer nada, que no lo guardemos para nosotros nomás. Si esto estuviera pasando, es un buen momento para pedir a Jesús, nos saque esta fiebre tan molesta que no nos deja servir.

Al final del día es bueno preguntarse: ¿Qué hice por alguien hoy? ¿Tuve interés en el bien de esa persona o solo quería sacármelo de encima? Siempre hay algo por hacer. Nos decían a nosotros que una forma práctica es pensar en una obra buena por día.  Aunque sea, una. A veces pasamos días sin hacerla.  Es un buen inicio para ser más serviciales y que la paciencia sea superada por el interés en el bien común y particular de una persona.

Buena jornada para todos

martes, 15 de enero de 2019

Marcos 1,21b-28. EN LA SINAGOGA DE CAFARNAÚM



Jesús entró a Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar.
Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar:
"¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios".
Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre".
El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!".
Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.
Palabra del Señor


En seguida se fue a enseñar en la sinagoga. Había prioridad por la Palabra antes que toda la logística, que decía que debían acomodarse en aquel lugar. Le importaba más participar del sábado, para poder enseñar, para dar a conocer la Buena Noticia.

Los escribas, encargados de transmitir la Palabra , lo hacían referenciando citas de autores pasados,  libros del antiguo testamento. Hoy también vemos como algunos , para darse más importancia, viven referenciando autores y nos dejan con la boca abierta por todo lo que saben y  consultan por los desconocidos autores que citan y que nos hacen sentir lejos de la sabiduría por inalcanzables conocimientos. Jesús, dice el evangelio, que hablaba como quien tiene autoridad. Una autoridad personal que no necesitaba ninguna autoridad fuera de sí mismo. Hablaba con la autoridad de la voz de Dios. Los que escuchaban se daban cuenta que sus palabras eran una brisa de Dios, brisa que llega hasta nuestros días.


A veces sentimos y vemos cómo nuestra Iglesia incluso,  va perdiendo autoridad y también, por qué no, credibilidad. Nuestros templos reciben poca gente también los domingos.



Quizás no sea bueno hablar de manera autoritaria de la Buena Noticia, como decíamos ayer no puede ser que la Buena Noticia sea cada vez más carga para el hombre de hoy. No basta con transmitir tradiciones y ampararnos que siempre fue así. No basta dejar la Palabra ahí en el púlpito, hablando con palabras hermosas, pomposas, pero que no atraviesan  la vida de todos los días de las personas. Necesitamos una nueva manera de enseñar. No debería nuestra Iglesia estar llena de escribas, debería estar llena de discípulos de Jesús, que curan la vida no que adoctrinan mentes, anunciar su espíritu, su vida, su ideario, no las teologías que quedan para algunos y que muchos no entienden ni pueden “bajar” para su vida.

La Palabra de Dios corresponde a la verdad, está unida a su voluntad y realiza lo que dice.

Y si las palabras de Jesús, causaban admiración, más lo hizo aun lo que pasó después. A reacción  de esa Palabra bendita apareció el espíritu malo que habitaba en la vida de esa persona. Una persona que estaba en la sinagoga, no afuera, no en los dominios del mal. Estaba ahí, participando también de ese momento de lectura y adoración. O sea que es un mensaje que llega para todos, incluso para aquellos que “están dentro”.
 La palabra de Dios enfrenta con aquello malo que pueda surgir del hombre.


Decía el papa Francisco:

El Evangelio es palabra de vida: no oprime a las personas, al contrario, libera a quienes son esclavos de muchos espíritus malignos de este mundo: el espíritu de la vanidad, el apego al dinero, el orgullo, la sensualidad... El Evangelio cambia el corazón, cambia la vida, transforma las inclinaciones al mal en propósitos de bien. El Evangelio es capaz de cambiar a las personas.


Solo basta pensar en todo aquello que nos tiene cautivos: la sensualidad, el poder, el dinero, las cosas materiales, los gastos superfluos, el mal pensamiento hasta con la vida misma , nuestras falta de proyectos, nuestra pereza espiritual.


Terminaba el papa esa enseñanza diciendo:


Por eso les pido siempre tener un contacto cotidiano con el Evangelio, leerlo cada día, un trozo, un pasaje, meditarlo y también llevarlo con ustedes adondequiera que vayan: en el bolsillo, en la cartera... Es decir, nutrirse cada día en esta fuente inagotable de salvación. ¡No se olviden! Lean un pasaje del Evangelio cada día. Es la fuerza que nos cambia, que nos transforma: cambia la vida, cambia el corazón. ( ángelus, 1 de febrero de 2015)


La Palabra de Dios es bueno escucharla, recibirla, meditarla, hacerla vida y también de alguna manera anunciarla. Dice que su fama, se extendió rápidamente, y con ella, su Palabra.

El cambio que ella realiza en nosotros, basta solamente para anunciarla entre los que nos rodean. Predica siempre y si es necesario, usa palabras les decía san francisco a los suyos. A veces, mostrando el cambio que la palabra produce en nosotros, es una gran manera de anunciarla, de poner luz sobre tinieblas, de alumbrar donde hay noche en la vida.

Que la palabra de Dios realice en nosotros, lo que tiene en si mismo: poder para sanarnos, poder para iluminarnos, poder para cambiar la mente y el corazón.
Buena jornada

lunes, 14 de enero de 2019

Marcos 1,14-20. LA BUENA NOTICIA



Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo:
"El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia".
Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores.
Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".
Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.
Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó,
y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.
Palabra del Señor



Hoy comenzamos a transitar el llamado Tiempo Ordinario durante el año. Y lo hacemos con este evangelio de san Marcos en que Jesús nos habla de Buena Noticia y elige a sus amigos.



Conviértanse y crean en la buena noticia. Convertirse, es decir hasta cambiar de mentalidad. No falta solo un cambio de fachada, o una pintura estética que le ponga a mi alma. Significa cambiar la manera de pensar en algunas cosas. A veces confundimos el dolor por las consecuencias del pecado y el dolor por el pecado mismo. Si pudiéramos evitar las consecuencias del pecado, capaz que seguimos pecando y obrando mal sin problemas. Entonces el cambio verdadero y profundo será sentir dolor por el pecado mismo, por ofender, por herir por traicionar el amor que Dios nos tiene.





Y es una buena noticia, vaya si lo es. Ayer un programa que desea en sus avances, buena semana, comenzar con buena onda, con muchas vibras, con mucha sonrisa de parte de sus conductores, comenzaba con noticias como: inflación…hantavirus en el sur… accidente casi fatal de un jugador…inundaciones… y eran flash de noticias una tras otras que para nada ayudaban a tener un comienzo de semana feliz.


Por supuesto que los miles de hechos positivos, de jóvenes que se reúnen para ayudar, de padres que se juntan para reír y festejar junto a sus hijos, de millones de buenas acciones que se hacen en el país, de eso no se habla porque no da rating…vivimos en un mundo donde nos cortan la esperanza, donde no hay paz, donde hay hastío por vivir, donde se potencia al máximo el Karpe Diem…



entonces si nosotros no creemos en la Buena Noticia con mayúsculas, vamos a caminar igual de tristes que el resto de la gente, igual de indiferentes a Dios que los demás, iguales de iguales a los demás, cortados con el mismo molde, haciendo las mismas rutinas, siguiendo las mismas modas.
El evangelio nos cambia el humor, nos cambia el ánimo. Ojalá que al recibir el evangelio diario nos transforme la vida, nos haga retomar la esperanza, nos haga soñar y proyectar muchas y mejores cosas, nos haga sonreír y no meternos más y más culpa que transforma esta Buena Noticia, en una carga pesada imposible de cumplir y llevar.


Y elige a sus amigos. Ahí en la orilla del Mar de Galilea, había , dicen algunos, cerca de 330 barcas de pesca. Fue en dos que paró para hablar con los pescadores.

Eran personas sencillas, no venían ni de escuelas ni colegios, no eran del clero de entonces  tampoco ricos o aristocráticos. Jesús cree en las personas sencillas, la busca donde están y llama. Jesús puede hacer de esas personas ordinarias y corrientes, personas extraordinarias. Él ve con el corazón, no tanto lo que somos, como lo que podemos llegar a ser. La persona que ama a otra sabe hasta dónde puede llegar, incluso cree en esa persona más que la persona misma. Jesús nos ama de manera infinita. Sabe a dónde podemos llegar, sabe lo que podemos dar.


¿Por qué confía en nosotros hombres y mujeres sencillas? ¿Por que nos ama?. Y ante estos hechos muchas veces nos preguntamos como dice la canción:


A veces te pregunto "¿por qué yo?"
y solo me respondes "porque quiero",
es un misterio grande que nos llames,
así, tal como somos, a tu encuentro.

Entonces redescubro una verdad:


mi vida, nuestra vida es un tesoro.
Se trata entonces sólo de ofrecerte,
con todo nuestro amor, esto que somos.

¿Qué te daré? ¿Qué te daremos?
¡Si todo, todo, es tu regalo!
Te ofreceré, te ofreceremos
Esto que somos...
Esto que soy, ¡Eso te doy!


Ellos estaban haciendo lo de todos los días. Pescando y remendado redes. La llamada de Dios puede llegar en un retiro, en una iglesia , pero también en la vida diaria, en el trabajo, en la casa. El mundo está lleno de Dios y Dios llama.



No les ofrece privilegios, no les ofrece ser parte de una casta que gobierne, ni de una organización que tenga poderes en el mundo. No les ofrece ser parte de una mayoría que domine y pise a una minoría, ni de una elite que imponga sus ideas. Les ofrece servicio, dejar la propia vida para ganar VIDA, dejar nuestros egoísmos para ganar  generosidad, nos ofrece gastar la vida buscando a otros que necesiten encontrarse con la verdad, la paz y la esperanza. A cada uno en lo que esté. Capaz que a algunos ser misioneros, a muchos les pide ser sembradores de esperanza, del sí se puede, aunque en pequeñas cosas. Todo servicio suma, todo servicio para el bien es importante, aunque sea pequeño. Salvar el mundo depende de cada uno y no de los grandes políticos que tienen a un botón, la salvación o condenación de todos.



El llamado es a seguirle. No invita a conocer su doctrinas en tantas bibliotecas, o ser parte de una filosofía cristiana…nos invita a seguirle , a hacer la experiencia de encontrarnos con él, a compartir vida, mates, charlas con él, a escucharle, a enamorarnos de su vida , su obra, nos invita a cambiar el mundo. Depende de cada uno



¿Qué te daré? ¿Qué te daremos?
¡Si todo, todo, es tu regalo!
Te ofreceré, te ofreceremos
Esto que somos...



Esto que soy, ¡Eso te doy!




Buena jornada para todos.

sábado, 12 de enero de 2019

Juan 3,22-30. LA HUMILDAD DE JUAN BAUTISTA



Después de esto, Jesús fue con sus discípulos a Judea. Permaneció allí con ellos y bautizaba.
Juan seguía bautizando en Enón, cerca de Salim, porque había mucha agua en ese lugar y la gente acudía para hacerse bautizar.
Juan no había sido encarcelado todavía.
Se originó entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío, acerca de la purificación.
Fueron a buscar a Juan y le dijeron: "Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del que tú has dado testimonio, también bautiza y todos acuden a él".
Juan respondió: "Nadie puede atribuirse nada que no haya recibido del cielo.
Ustedes mismos son testigos de que he dicho: 'Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de él'.
En las bodas, el que se casa es el esposo; pero el amigo del esposo, que está allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su voz. Por eso mi gozo es ahora perfecto.
Es necesario que él crezca y que yo disminuya.
Palabra del Señor


Una vez más, volvemos a encontrarnos con el encanto maravilloso de la humildad de Juan Bautista.


Sus discípulos, tenían un poco de celos porque Jesús se estaba llevando a la gente consigo y todo el trabajo que él había hecho parecía, quedar en el olvido. Le plantean a Juan el tema, y él vuelve a referirse a su misión, su papel dentro del plan de Salvación, su forma de llevarlo a cabo y la grandeza de su pequeñez.


"Nadie puede atribuirse nada que no haya recibido del cielo”: si el nuevo maestro estaba ganando seguidores, no era porque se los estaba quitando a él, sino porque Dios se los estaba dando. Muchos celos, frustraciones, resentimientos, envidia, nos ahorraríamos  si tuviéramos presente que Dios da a cada uno todo lo que le hace falta, y que en ciertas personas sobresalen más y en otras sobresalen menos, pero a todos, absolutamente a todos, Dios nos da dones exclusivos con los cuales podemos hacer bien.


'Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de él' :Juan sabe bien a que ha venido. Era solo un precursor del mesías, un anunciador,  y alguien que prepara el camino y los corazones para alguien que es más importante. No todos son papeles protagónicos en la vida de familia, de amistades, de la Iglesia, de nuestros grupos de apostolados, pero son todos importantes. Los papeles secundarios también hay quien los hace y de ellos depende el éxito. Hacer algo secundario para el Señor, lo convierte en algo maravilloso, entonces todo lo ordinario se convierte en extraordinario.


En el año 2001, el Papa Juan Pablo II beatificaba al matrimonio Beltrame Quattrocchi, santos ambos al mismo tiempo. Ese día, en la homilía, el Papa afirmó que los esposos beatos durante más de sus 50 años como matrimonio supieron vivir "una vida ordinaria de manera extraordinaria".


En lo ordinario de la vida podemos hacer lo extraordinario. Todo servicio cuenta igual para Dios. Recordemos el caso de aquel chico que puso sus cinco panes y dos pescados… nunca supimos el nombre, ni cómo era, si sus padres estaban entre los enfermos de aquel día…solo sabemos que puso su pequeña ofrenda que fue amplificada por Jesús.

“Es necesario que él crezca y que yo disminuya”: no solo persona a persona. Él debía de a poco desaparecer de la escena, aunque vengan algunos a aumentarle la compasión haciéndole sentir victima porque se alejan los demás de él. Juan estaba por encima de esas actitudes.

Si no también en la vida misma de cada uno. Es nuestra vida la que debe debilitarse para que aumente la de Jesucristo. Dice san Pablo en la carta a los Corintios: Y él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Disminuir los síntomas de egoísmo de soberbia, de vanagloria, de  falsa valoración de uno mismo tanto en más como en menos, poder llegar a decir que estamos en camino de hacer lo que san Pablo lo decía de él: y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí…


Buena jornada para todos.