miércoles, 24 de abril de 2019

Lucas 24,13-35. EMAÚS...



Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.
En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos.
Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
El les dijo: "¿Qué comentaban por el camino?". Ellos se detuvieron, con el semblante triste,
y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!".
"¿Qué cosa?", les preguntó. Ellos respondieron: "Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo,y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.
Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro
y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo.
Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron".
Jesús les dijo: "¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!
¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?"
Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.

Cuando llegaron cerca del pueblo adónde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.
Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". El entró y se quedó con ellos.
Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.
Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.
Y se decían: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?".
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,
y estos les dijeron: "Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!".
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor




Emaús queda al oeste de Jerusalén, hacia el ocaso, hacia la tarde noche. Diez kilómetros de distancia. Y ellos, dos amigos, esposo y esposa, hermanos, no sabemos bien que eran,  volvían en esa tarde, enceguecidos con el sol del poniente y enceguecidos de tristeza por lo que había sucedido con Jesús.



El ocaso no es un destino para los cristianos. Nosotros siempre marchamos hacia el amanecer, cuando vencemos la noche y comenzamos a despuntar junto al sol, por una nueva realidad, mucho más fresca, nueva, renovada, con aire nuevo y fuerzas nuevas.



A veces en algunos ocasos, en momentos de tristeza, de baja energía, de desconsuelo, nos cuesta ver a Jesús. A aquellos dos, quizás el sol de frente al ponerse les impedía ver bien al caminante compañero. Es el sol del poniente cuando las defensas están bajas. Quizás nosotros, en días de pocas energías, con ganas de largar todo, días de desconsuelo por motivos diversos, familiares , económicos, sociales, nos encontremos como solos, que hemos sido abandonados por el Jesús que creímos victorioso en nuestra vida, por la realidad de Dios a quien vemos derrotado ante tanto sufrimiento o desaliento… Jesús no se quedó en la cruz. Si lo hubiera hecho, nuestra vida sería un fracaso lleno de mentiras y desesperanzas. Jesús resucitó y vive al lado de cada uno incluso en esas situaciones en que nos debemos enfrentar a las cosas diarias y que tanto nos cuestan. No nos deja solos, está, camina con nosotros.



Aquellos dos hablaban de lo maravilloso que fue la vida de Jesús cuando estaba vivo y de los sueños que tenían junto a Él. Tenían algunos comentarios de otros que dijeron verlo, pero de ahí nada más. No había certeza. Jesús hábilmente  hace que todo tenga sentido. Aquellos dos tenían sus sueños e ilusiones hecho trizas y así lo dijeron:” Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel”…desilusión total, frustración, amargura.



Pero vino Jesús, habló con ellos y se le aclararon las cosas. El por qué de  las tinieblas, el sentido de la vida. Muchas veces nos abruma el desaliento. Solo en Jesús encontramos sentido a lo que nos pasa, a todo lo que encierra la vida, sus misterios, sus caminos, sus soluciones.



Jesús nunca dejó de ser cortés  y esperó que fueran ellos los que lo inviten a la casa. Dios nos regaló el don más preciado o el más peligroso, depende de cada uno. Ese don es la libertad, una libertad que sirve para invitar a Jesús a nuestra vida, o para dejarle que siga de largo.


Aquella frase dicha por los dos de Emaus, son frases que nos quedan para siempre a nosotros que caminamos en el mundo, sin ser de él: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". Quédate con nosotros Señor, la noche es larga, la lucha es dura, nos queda mucho por vivir, nos asusta tanta oscuridad, nos asusta que no le encontremos salida a los problemas, nos asusta la noche de la vida, el atardecer de la juventud , de nuestra juventud,  nos asusta  lo que no podemos controlar, nos asusta el futuro de nuestros hijos, nos asusta el proyecto de vida que no logra concretarse, nos asusta tantos días que quedan hasta poder cobrar nuevamente, nos asusta las persecuciones mediáticas contra los que pensamos según tus valores, nos asusta los compañeros  de los seres que amamos, nos asusta la soledad, la pérdida del ser querido, el desamor, la traición de alguien en quien confiábamos…quédate con nosotros Señor…


Y Él, no solo se queda CON ellos, sino se queda EN ellos, en la fracción del pan. Si los católicos entendiéramos bien esto de la eucaristía no dejaríamos pasar un día sin recibirlo. Saber que ya no está por fuera sino que se queda dentro de nosotros, que cada partecita de pan, se convierte por los  procesos digestivos en parte de mi sangre de mi vida misma…


Y luego la explosión, ya no se puede guardar,  la noche no importa, los miedos desaparecen y esa misma noche corrieron a contar a los demás lo vivido. Es que Jesús le da sentido a nuestra vida, la alegra, la embellece y ya no hay más miedo, ni vergüenza, ni dudas, hay certezas, hay ilusiones nuevas, hay esperanzas renovadas.


Muchos momentos de estos dos de Emaús son el fiel reflejo de nuestra vida. será el tiempo del desaliento, será el tiempo de hablar con Dios, será el tiempo de escucharle, será el tiempo de dejarlo entrar a nuestro corazón, será el tiempo de la transformación en El, será el tiempo del anuncio a los cuatro vientos… en ellos nos vemos reflejados, con ellos, ojalá,  sintamos la presencia de Jesús en nuestra vida. Un Jesús que vive hoy ahí al lado tuyo y mi. ¿lo ves?.

Buena jornada para todos

martes, 23 de abril de 2019

Juan 20,11-18. " ¡MARÍA!"



María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro
y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.
Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo".
Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!".
Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'".
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.
Palabra del  Señor



Maria Magdalena fue la primera que vio a Jesús resucitado. Pedro y Juan fueron, vieron el sepulcro vacío y se alejaron, felices porque creyeron en la resurrección. María se quedó ahí, sin entender del todo, llorando, buscando respuestas, intrigada por los dos ángeles que custodiaban el lugar donde estuvo el cuerpo de Jesús, con los ojos llenos de lagrimas, no alejaba su vista del sepulcro.



Ella quería llorar su amor sobre el cuerpo muerto de Jesús. Las lágrimas no dejaban ver bien. A veces las tristezas sobre todo cuando parte alguien muy querido, no nos dejan ver bien. Lagrimas siempre hay y habrá. Pero ojalá no nos tapen la gloria que viene. Muchas veces pasamos situaciones de dolor, de angustias. El sol está a la vuelta de la esquina. Ya pasará lo malo, el dolor.



María tampoco reconocía al Señor, porque se quedó mirando hacia el sepulcro, el otro lado donde estaba Jesús. Quedarnos mirando aquello que murió en nuestra vida, quejarnos de lo mal que estamos, de lo muerto que está la vida, de lo malo que hay en tanta gente, quedar mirando el pasado, un pasado que Jesús ya perdonó o sanó, es como repetir el gesto de María Magdalena. Jesús se pone enfrente de eso, Jesús quiere que miremos para el otro lado, Jesús quiere que veamos la Gloria y no la muerte, el dolor, el pesimismo… solo basta dar vuelta la cara y verlo. Seguramente es tan fuerte la luz que no lo
reconoceremos al comienzo y pensaremos que es “suerte” o “casualidad”… será hasta que sintamos la voz de Jesús que, sonriendo dice nuestro nombre…entonces, como podamos, dejemos metidos en esa tumba todo lo malo, todo lo que debe morir y ser enterrado para siempre, y miremos para otro lado que Dios nos quiere felices y resucitados.


“María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras”.

 Antes le había dicho que no lo retenga.


Cuando hemos encontrado la luz y la verdad, no debemos retenerla, debemos hacerla correr y mostrarla a los demás con la  convicción , y certeza de María, porque de eso se trata: VER A JESÚS. El cristianismo no quiere decir saber de Jesús, sino conocer a Jesús. No es ponernos a discutir de Jesús, sino encontrarse con Él. Quiere decir tener la certeza de que Jesús está VIVO y vive para siempre. Solo hay que mirar para el lado donde está Él, que es el opuesto a la muerte, al dolor, que quedarán enterrados para siempre en un lugar donde están las cosas muertas. Él, vive y vive al lado nuestro. solo hay que verlo.


Buena jornada.

lunes, 22 de abril de 2019

Mateo 28,8-15. ¡ALÉGRENSE!, QUE VAYAN A GALILEA


Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.
Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán".
Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido.
Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero,con esta consigna: "Digan así: 'Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos'.
Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo".
Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.
Palabra del Señor


Las  mujeres  fueron al sepulcro y lo encontraron vacío.

 Dos hombres le preguntaron porque buscaban entre los muertos al que vive.

Ellas corrieron a anunciar la noticia. Son mujeres a las que se les desafió a creer. Era muy bueno lo que estaba pasando, muy bueno para ser cierto. Esa vez los hombres le recordaron lo que Jesús les decía. Y ahí entendieron y cayeron rendidas ante la evidencia. Hoy también cuando tengamos dudas de fe, es necesario volver una y otra vez a su Palabra para entender, darnos cuenta y rendirnos ante la evidencia.

Se las desafió a alegrarse: "Alégrense", les dijo Jesús cuando se apareció… alegrarse, vivir felices, vivir en la alegría cristiana. La resurrección es un hecho que debe alegarnos la vida. ¿lo hemos vivido así o solo nos hemos dedicado a mandar saludos y desearnos buenos augurios con la Pascua?

Hoy , el mundo, debería ser mucho mejor por la alegría que llevan en el corazón tantos hermanos que creen en Cristo y que salieron renovados de este Paso de la tristeza a la alegría. Nuestros hogares deberían estar un poco mejor, nuestras familias, más alegres, con mucha más buena onda que rompe la desesperanza social, el mal humor callejero, las luchas de poder que tienen a los habitantes de rehenes…y si estamos alegres que nuestra alma se lo comunique a nuestro rostro… así al menos lo sentía aquella nenita que rezaba intensamente: Señor , te pido que los malos sean buenos y los buenos, sean simpáticos…


Se las desafió a compartir, a llevarles la buena noticia a los hermanos. Les dijo:
Avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán".



El  Papa Francisco, nos dice que “volver a  Galilea significa volver a ese punto en que la gracia de Dios me tocó y me miró con misericordia” ahí comenzó todo, ahí llamó a Pedro, Santiago y los demás, ahí se dio a conocer, ahí comenzó la misericordia de Dios a caminar entre los hombres.

Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron


Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor.


"También para cada uno de nosotros hay una Galilea, el origen del camino con Jesús”.


 Ir a Galilea significa algo muy bello,

significa para nosotros re descubrir nuestro bautismo como fuente viva,
sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana,

significa volver a ese punto incandescente donde la gracia de Dios me tocó al principio del camino, porque con esa chispa puedo encender el hoy y llevar la luz a mis hermanos"


"En la vida del cristiano, después del bautismo hay una Galilea más existencial, la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirle y a participar en su misión”.

“Volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esa llamada, del momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en el que me hizo sentir que me amaba... “

“Es volver al primer amor para recibir el fuego que Jesucristo ha encendido en el mundo y llevarlo a los confines de la tierra"



Ojalá que también nosotros nos animemos a volver a nuestra propia galilea, la que encendió nuestra vida,  la Galilea del encuentro, la galilea de la primera Comunión, la galilea donde me encontré con la mirada de Jesús y su misericordia cambió mi vida, donde me sentí perdonado y amado, donde sentí que valía mucho porque lo valgo delante de Dios, donde me sentí comprendido, escuchado, donde fui y soy lo que soy y no solo una marioneta de los demás.


Y esta actitud de los soldados nos da a la vez de impotencia, seguridad y certezas: usaron la traición para apoderarse de él,  la ilegalidad para juzgarle, la calumnia para acusarlo delante de pilato, y ahora el soborno para silenciar la verdad… TODO LES FALLÓ.  Grande es la verdad y  ella prevalecerá, el evangelio de la bondad triunfa siempre sobre las leyes de la maldad… es ley grabada en el corazón de la historia. La verdad y la bondad siempre triunfan a pesar de pequeñas derrotas. Una certeza para nosotros y un motivo más para aumentar nuestra alegría.


Buena jornada atravesada por las certezas de la Pascua de Jesús en nuestra vida. 

sábado, 20 de abril de 2019

Lucas 24,1-12. SÁBADO SANTO, ESPERA Y ALEGRÍA





Ayer viernes 19, a las 8:12, la luna ingresó en su fase de LUNA LLENA.  Es  la primera luna llena del equinoccio de otoño, la primera después del 21 de marzo… para el hemisferio norte será la primera luna  llena  de primavera.
Es esa luna la que marca que ha llegado la pascua.

Es a la luz de esa primera luna llena después del 21 de marzo, cuando Moisés, hizo cruzar al pueblo, por el mar abriendo sus aguas para que la gente pueda pasar.
 Es a la luz de esa luna que el pueblo judío celebró y celebra,  festejó y festeja desde ese mismo momento su liberación.

 Era la pascua marcada con esa luna, cuando Jesús, mucho tiempo después, quiso festejar con sus apóstoles en la última cena.
Su última cena, su oración en el huerto, la traición de su amigo, la noche de aquí para allá desde un tribunal a otro, todo alumbrado por aquel faro inmenso que recordaba la liberación, y que hoy nos recuerda el triunfo.


Esa luna que, posada en Jerusalén, vio como se cerraba una tumba con una piedra inmensa que corría sobre una especie de huella que había al pie de la puerta, por donde corría y se fijaba la piedra. Era viernes, dolor, angustias.
Entonces pasó lo siguiente que escucharemos esta noche:


El primer día de la semana (domingo), al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado.
Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro
y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes.
Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: "¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?
No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea:
'Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día'".
Y las mujeres recordaron sus palabras.
Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás.
Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles,
pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron.
Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno de admiración por lo que había sucedido
 Palabra del Señor


Es la luna llena la que vio correr desde dentro, la piedra inmensa, para que esa luz penetre en el interior del sepulcro frío y sienta el calor del resucitado que dijo: ¿Dónde esta muerte tu victoria? ¿Dónde está dolor tu triunfo? ¿Dónde estás humillación, donde estás cruz, donde está la lanzada? Aquí está alguien que vino a poner su corazón y quedarse para siempre en el corazón y el alma de un pueblo que hoy ya festeja.

La resurrección es el hecho central de la fe cristiana. No hay hecho más importante que esto, porque la resurrección nos da certezas:

Jesús, no es un personaje de la historia solamente. Podremos aprender de él por libros o videos…pero hace falta encontrarnos con Él. Si sentimos que tenemos más esperanza, menos miedo, que estamos más alegres y no sabemos por qué, es que Cristo ha pasado por nuestra vida… se produjo la pascua.


Si fuera solo un recuerdo, esto ya se hubiera acabado hace rato. El tiempo borra todo, decimos. Si Jesús hubiese sido un ídolo de esos que tantos abundan, posiblemente a no más de un siglo, hubiera desaparecido de la memoria colectiva, como tantos que vivieron hace diez, veinte, treinta años o más, incluso con altares edificados, con “santuarios”… si hubiese sido un recuerdo, desaparecía. No es un recuerdo: es una PRESENCIA VIVA


El padre Cantalamessa  en la celebración del viernes santo ayer en Roma decía que:

En los tres primeros siglos de la Iglesia la celebración de la Pascua no estaba distribuida como ahora, en varios días: Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Pascua. Todo estaba concentrado en un solo día. En la Vigilia pascual se conmemoraba tanto la muerte como la resurrección. Más concretamente, ni la muerte ni la resurrección se conmemoraban como hechos distintos y separados; se conmemoraba, más bien, el tránsito de Cristo de una a otra, de la muerte a la vida. La palabra «Pascua»  significa tránsito: paso del pueblo hebreo de la esclavitud a la libertad, tránsito de Cristo de este mundo al otro y tránsito, del pecado a la gracia, de los creyentes en él.


Hoy, esta noche, cuando veamos la luna llena (ojalá el tiempo lo permita) y celebremos la resurrección, pensemos en todas esas pascuas que vinieron a nuestra vida el año transcurrido: paso de la soledad a la compañía, paso de la vida sin hijos a la vida con hijos que llenan la vida, paso de estudiante a profesional, paso DEL PECADO A LA VIDA, paso de sentir que nadie me ama, a sentir el amor de Dios en cada célula de mi vida, paso de la enfermedad a la salud, paso de Cristo en un retiro, en una jornada que me cambio la vida… y pidamos por todas esas pascuas que anhelamos y que en la pascua de Jesús se logran: paso de la enfermedad a la salud, del odio a la vida en libertad interior, del pecado a la gracia, del desamor al amor, de la falta de posibilidades laborales a un trabajo que dignifique, pasos, pascuas, que no se lograrán con el bastón de moisés que separa aguas, sino con la cruz vencedora de Jesús, con su resurrección, con su fuerza que sale de ese sepulcro derrotado pues no logró ganarle a la muerte.

Que la luz de esa luna maravillosa, alumbre esta noche la resurrección de Jesús en la vida de cada uno de nosotros. Que haya pascua en mi vida, en mi familia, en mi hogar en mis padres en mis hijos. Que haya pascua en la nación, en el mundo, en mi mundo el pequeño


FELIZ PASCUA.

jueves, 18 de abril de 2019

Juan 13,1-15. JUEVES SANTO



Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo,
sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios,
se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.
Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: "¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?".
Jesús le respondió: "No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás".
"No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!". Jesús le respondió: "Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte".
"Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!".
Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos".
El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: "No todos ustedes están limpios".
Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy.
Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.
Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes."
Palabra del Señor

Jesús sabía que su padre había puesto todo en sus manos, dice el evangelio. Él sabía que llegaba su hora de la humillación pero también del éxito final. Que no había ya tiempo que perder, que las horas llegaban inexorablemente, que el momento estaba cerca. En ese momento, cuando todo dependía de su voluntad, cuando estaba con la cabeza en otra cosa, cuando podría haber dicho: ya está cumplí, tráiganme esto, háganme esto, me merezco por todo lo que voy a hacer, se arrodilló delante de cada uno de sus apóstoles, que quizás en ese momento estaban discutiendo tonterías, de poder y de quien es el más grande e importante.


En ese momento, para unir, para enseñar, para predicar, para sonrojar a más de uno,   Jesús ,   rodilla  en tierra, lavó los pies de sus discípulos, tarea que estaba destinada desde siempre a los sirvientes de la casa que esperaban a todos con una palangana de agua y una toalla para refrescar los pies cansados y sucios.


Los caminos de palestina no eran ni limpios, ni suaves. No había veredas, ni pavimento.  Cuando no llovía, los pies se enterraban en el polvo. Y cuando llovía, en el barro. Se usaban sandalias que eran una suela  sujeta con correas.


No hay nadie que esté más cerca de las personas que las que están cerca de Dios.



San Francisco, antes era un Francisco común, rico, lleno de proyectos de vida personales pues quería triunfar en la guerra, como trovador o ser reconocido como un gran caballero. Algo pasó en su vida que fue adentrándose en la vida espiritual y de fe. Ahora todo lo tenía insatisfecho.

En el año 1205 cabalgaba por los alrededores de Asís, 
En un recodo del camino vio  a un leproso: uno de esos infelices que a causa de su enfermedad, había sufrido el despojo de todos sus derechos. Al ver acercarse a un jinete, el enfermo agitó su elemento para llamar la atención y se puso de cara al viento, como siempre debía hacerlo al cruzarse con gente sana.  
Francisco detuvo el caballo. Una voz resonó en su corazón, donde hasta entonces se albergaban el temor y el asco por los leprosos:
 Bajó de su cabalgadura, se aproximó al leproso y superándose a sí mismo, se llegó a él y le dio un beso.  

Jesús besó cada pie de los suyos.


Hay mucha gente plantada en su dignidad y de ahí no se mueven. Pastores que creen que la gente está para servirles porque ellos hacen mucho por los demás. Fieles que se empoderan y creen que todo el mundo debe estar al servicio porque han sido tocados por alguna responsabilidad o cargo. Jefes a los que se les pide que se abajen un poco a los empleados. Empleados que se escudan en las tareas permitidas por el sindicato y de ahí no se mueven, padres que creen que sus hijos son sirvientes que deben hacer todo lo que ellos le piden, hijos que, a causa de la vulnerabilidad de los padres, hacen lo que quieren, son caprichosos, mal educados, no respetan la autoridad y menos, el orden, jugadores de futbol que se enojan porque un partido no los ponen, grupos de uno y otro lado que creen que la vida les debe mucha dignidad, quitada por otros en otro tiempo y que quieren revancha y convertirse ellos mismos en lo que critican…y así podríamos seguir con los ejemplos, que como vemos toca cada uno de los rincones de nuestra vida, incluyendo la Iglesia…¡qué lejos que estamos en ciertas ocasiones, del ejemplo de Jesús!.


No hay más que una clase de grandeza: la del servicio.

Es lo que Jesús nos dice en este día.

Cuando estemos tentados a pensar en nuestra dignidad, o prestigio, o derechos, recordemos a Dios mismo, Jesús, con una toalla y una palangana  arrodillándose a los pies de sus discípulos para lavárselos.


Dice la poesía de Manuel Marín Rodriguez


De qué quiere usted la imagen?
-          Preguntó el imaginero-
Tenemos santos de pino,
Hay imágenes de yeso.
Mire este Cristo  yacente,
madera de puro cedro.
Depende de quién la encarga:
una familia o un templo.
O si el único objetivo
es ponerla en un museo
…………………………
  Déjeme, pues ,que le explique
Lo que de verdad deseo:
Yo necesito  una imagen
Del Jesús el galileo
que refleje su fracaso
intentando un mundo nuevo,
que conmueva las conciencias
y cambie los pensamientos.

Yo no  la quiero encerrada
en iglesias  ni conventos,
ni en casa  de  una familia
para presidir sus rezos.

No es para  llevarla en andas
cargada por  costaleros.
Yo quiero una imagen viva
De un Jesús, hombre, sufriendo
que ilumine a quien la mire
el corazón y  el cerebro,
que den ganas de bajarlo
de su cruz y del tormento,
y quien contemple  esa imagen
no quede mirando un muerto
ni que con ojos de artista
solo contemple un objeto
ante el que exclame admirado:
“¡qué torturado más bello!”

………………………………..
-Perdóneme  si le digo
- responde el imaginero -
Que aquí no hallará seguro
la imagen del  Nazareno.
Vaya a buscarla en las calles
entre  las gentes sin techo,
en  hospicios y hospitales
donde haya gente muriendo.
En los centros de acogida
En que abandonan a viejos,
en el pueblo marginado
entre los niños  hambrientos,
en mujeres maltratadas
en personas  sin empleo.

Pero la imagen de Cristo
no la busque en los museos,
no la busque en las estatuas
en los altares y templos,
ni siga en las procesiones
los pasos del nazareno.
No la busque de madera,
de bronce, de piedra o yeso.
Mejor…¡busque entre los pobres
su imagen de carne y hueso!


¿Qué haremos hoy por los otros? ¿Qué servicio prestaremos? ¿Qué caridad entregaremos? ¿qué ofrenda presentaremos?

Buen jueves santo. Que podamos adentrarnos en cada momento para acompañar al amigo, morir con él a nuestras esclavitudes y resucitar a la vida de alegría

miércoles, 17 de abril de 2019

Mateo 26,14-25. MIÉRCOLES SANTO



Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes
y les dijo: "¿Cuánto me darán si se lo entrego?". Y resolvieron darle treinta monedas de plata.
Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.
El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?".
El respondió: "Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: 'El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'".
Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.
Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce
y, mientras comían, Jesús les dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".
Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo, Señor?".
El respondió: "El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!".
Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: "¿Seré yo, Maestro?". "Tú lo has dicho", le respondió Jesús.
Palabra del Señor



Judas otra vez en escena. Fue a ofrecer a Jesús. Ni siquiera le puso precio, se lo pusieron los demás. Treinta monedas de plata, dice el libro del Éxodo que se pagaba por un esclavo. Hoy serían unos 90 dólares. Y aceptó sin quejarse. Poco dinero para quien era el administrador del grupo y tenía dinero siempre con él. Dicen que todo comenzó aquel día del perfume de Nardo derramado por María la
hermana de Lázaro. Ese perfume, según dijo él se podría haber vendido por 300 denarios, equivalente a 300 días de trabajo… y ahora lo vendía por 30 monedas de plata sin mucho valor.
Si es por avaricia, es un avaro muy malo.
Supongamos que no fue por eso.


Otros dicen que fue por la desilusión enorme que significaba que Jesús hablara del amor al prójimo cuando él, se había entusiasmado tanto con la idea de un líder para sacar a los romanos de la zona, que cuando escuchaba a Jesús hablar de cruz, de triunfo en la “derrota”, le desilusionó. Él quería un líder revolucionario pero de esos revolucionarios de espada para destruir . Él lo consideraba un líder divino que venía a acabar con la opresión. Entonces ese encanto primero, fue desencanto luego y hasta odio con Jesús y toda esa misión…


Otros dicen que Judas nunca quiso que Jesús muriera. Que él quería que esta acción de tantos, haría que Jesús reaccionara y ¡por fin! Se diera a conocer como el mesías. Que Jesús acelerara el ritmo de su “revolución”, que les conteste con su vida y con prodigios de la naturaleza, con toda la rabia divina a todos aquellos que le recriminaban a Jesús ser Dios… pero eso no pasó y cuando vio que Jesús murió, se suicidó…


Sea la causa que fuera, Judas siempre quiso que Jesús fuera como él lo pensaba , nunca lo aceptó como era… no somos nosotros lo que tenemos que cambiar a Jesús a nuestro gusto y beneficio. Es ÉL, el que debe cambiarnos a nosotros a su imagen para ser mejores y felices. No podemos pretender que Jesús sea un revolucionario que mate a todos los que hacen el mal, sino dejarnos iluminar por su palabra que nos dice que amemos con un amor parecido al suyo para cambiar nuestras realidades cercanas.

Incluso esta ultima cena es una invitación a nosotros para actuar como Jesús.

 Él, bien podría haber usado su fuerza y poder para hacer doblar de rodillas a Judas, poner en evidencia delante de los demás su plan de traición, con lo cual no hubieran permitido que Judas salga de esa sala, pues a todos tenía engañado, menos a Jesús: a todos podemos engañar, pero a él no.
Hubiera usado métodos violentos o terminar la película con un esclarecimiento de todo el mal accionar de Judas… pero no hizo nada de eso. Su método fue el amor, la libertad, la persuasión. Permitió que se sirva de la misma fuente, un símbolo de mucha cercanía y afecto… le puso cerca en su última cena, le confió el dinero de la comunidad, confió en él cuando lo eligió de entre tantos para que sea su apóstol, pero Judas no aceptó el amor.


Jesús hizo con él, lo que hace con nosotros y nuestras faltas o pecados: nos pone frente al pecado. La conciencia, su voz, dice algo así como: ¿estás seguro lo que estás por hacer?  Invita a detenerse, mirar y darse cuenta. Para poder volver sobre los pasos y no hacer lo que se tiene pensado.

Y lo otro que hace es enfrentarnos con su mirada. ¿Puedes mirarme y seguir haciendo lo que estás haciendo?. Tu mirada Jesús es suficiente fuego de amor para vivir en la santidad y el amor… ¡que nunca nos falte!


Y esto lo hace con ese pecado de arrebato por dejarse llevar por una emoción violenta o un momento de debilidad de la voluntad, y lo hace con ese pecado y ese pecador que diseña, que piensa que elabora un plan de acción como Judas.

Quizás con todo esto y lo que vendrá Jesús habrá pensado en la libertad regalada al hombre. Libertad que le hizo actuar así a judas, sin ninguna restricción de parte de nadie solo de su propia conciencia. Es un regalo de Dios que debemos usar bien, y con la responsabilidad al lado, para poder hacer un mundo mejor. Una libertad que está enmarcada por la misericordia de Dios que nos ama y nos hace vivir de manera diferente.


Que estos días de semana Santa,  active nuestro deseo interior de ser mejores, de comenzar de nuevo, de renovar nuestra vida espiritual, nuestro dialogo con el Jesús del amor, que podamos estos días volver a mirar sus ojos y dejarnos en esa mirada, amar para poder amar bien a los demás.
Buena Jornada

martes, 16 de abril de 2019

Juan 13,21-33.36-38. MARTES SANTO



Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".
Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería.
Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús.
Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: "Pregúntale a quién se refiere".
El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: "Señor, ¿quién es?".
Jesús le respondió: "Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato". Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote.
En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: "Realiza pronto lo que tienes que hacer".
Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto.
Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: "Compra lo que hace falta para la fiesta", o bien que le mandaba dar algo a los pobres.
Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.
Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él.
Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.
Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'.
Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿adónde vas?". Jesús le respondió: "A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás".
Pedro le preguntó: "¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti".
Jesús le respondió: "¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces".
Palabra del Señor

Las mesas estaban ubicadas en forma de U. eran un bloque sólido,  bajas, con sofás alrededor. La manera de sentarse era más bien recostados sobre el codo izquierdo, dejando la mano derecha para tomar la comida y casi recostado sobre el comensal de al lado. A la derecha, se sentó Juan al que muchos afirman como el “discípulo amado”. A la izquierda, o muy cercano a él,  porque Jesús le habla de manera tal que nadie más escuchaba lo que le decía, se ubica Judas. Hasta el último, Jesús le da una nueva oportunidad, hasta el último llama a su puerta.
Él, Jesús, también estaba casi reclinado sobre el comensal que le seguía a su izquierda. Se acercó a Judas, le dio  un bocado, era eso entendido como un símbolo de una amistad muy especial, de una preferencia… y nada… Judas estaba enceguecido.
Que ojalá nunca nos pase de mantenernos ciegos, y sordos al pedido de Jesús, tan enceguecidos como Judas a pesar de todos los llamados que le hizo personalmente.


Pero no había nada más que hacer y como resignado ya, le dice: haz lo que tengas que hacer. Dice el evangelio: “En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él”… es increíble que lo que pretendía ser una llamada de amor, se convierta en una acción del mal… es lo que hace muchas veces el demonio en nuestra vida y la sociedad. Puede tomar algo  muy bueno y retorcerlas hasta que se convierten en caminos hacia la condenación. Si no veamos el amor convertido en lujuria o desenfreno,  la confianza  hecha añicos o convertida en complicidad culpable…


Cuando Judas salió, era de noche ya,  dice el evangelio. Apelando al juego de palabras de Juan al escribir, nos damos cuenta de que es noche cuando nos alejamos de Él. Parece un día fugaz, a veces lleno de vida. Parece que se puede ser feliz, porque nos rodean de flashes… pero no. Cuando se gasta todo eso, que es efímero, está la noche, la oscuridad, perdemos el rumbo, no sabemos por dónde ir. Parece que ni una estrella guía nuestros pasos. Siempre es de noche cuando nos alejamos de Jesús. O cuando el odio impregna la vida y le gana al amor, siempre es de noche cuando como Judas, nos vamos a cumplir nuestros planes alejado de su vida.


Y Pedro, el audaz, el intrépido Pedro. “¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti". Pedro, antes que el gallo cante me habrás negado tres veces. Parece  casi igual de traicionero que Judas. ¿cual es la diferencia? Judas, tramó lo que hizo, preparó la coartada, diseño la entrega, estuvo en el tiempo ideando su plan de traición…lo de Pedro pasa más por el momento, jamás pensó en negarlo, es más una reacción por un momento de debilidad. Por un momento su voluntad fue débil, pero su corazón no le traicionó.

 En una de sus homilías en la capilla de Santa Marta, en noviembre de 2013 el papa Francisco les decía a los que estaban ahí: pecadores si, corruptos no.
Es que todos somos pecadores, pero cuidado con la corrupción, eso que se piensa, que se diseña, que se favorece, que se ejecuta después de pensar. Cuidado con el odio que no se saca de la vida, cuidado con la sed de venganza que no se cura, cuidado con los pensamientos que no se enderezan o retiran de la mente y los dejamos crecer y crecer…

Que podamos estos días de semana santa, purificar nuestra vida y estar atentos a los llamados del Señor que nos invita a sentarnos cerca suyo para hablarnos en intimidad.
Buena jornada para todos.

lunes, 15 de abril de 2019

Juan 12,1-11.LUNES SANTO



Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado.
Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.
María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo:
"¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?".
Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella.
Jesús le respondió: "Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura.
A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre".
Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado.
Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro,
porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.
Palabra del Señor



Seis días antes de Pascua. Casi un día como hoy. Jesús llegaba hasta Jerusalén. Fue con mucho valor pues sabía que lo buscaban para matarlo. Aun así, quería celebrar pascua con sus discípulos. Fue a Betania que  distaba tres kilómetros de Jerusalén. 

Los amigos lo recibieron con una cena. Marta  servía…


A María, a quien quizás su intuición le previno algo del futuro de su amigo, se le desbordó el corazón. “, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos”…aproximadamente medio kilo o medio litro de perfume, que ella, guardaba , usó para ungir los pies. Judas interpretó como un derroche innecesario y decía a quien quiera escucharle que ese perfume se lo podía vender en trescientos denarios y darlo a los pobres… el equivalente a trescientos días de trabajo, así podemos sacar la cuenta. Era costoso , era maravilloso por el perfume que emanaba. Esa amabilidad que se tenía con Él, debía ser en ese momento… después ya no habría oportunidad…

Y como en toda la semana santa,  hasta el domingo, tenemos muchos personajes que aparecen y que en cierta manera nos representan o nos invitan a imitar.


Hoy, en esta escena  aparece Marta. Su forma de amar es servir, ayudar, sostener la casa el hogar, cuidar cada detalle. También en esto se sirve al Señor. Nadie sirve para todo, todos sirven para algo. Algunos serán misioneros,  predicadores, oradores, escritores, pero otros servirán ahí en el hogar, entre los hijos, esposo o esposa, o en la oficina en el servicio silencioso, necesario y eficaz. Muchas veces estos esfuerzos no se reconocen. Por ejemplo una buena comida hecha por mamá o papá, comida en que a veces se ocupa horas  y se deglute en quince minutos sin un gracias o un “qué rica que estaba”. Servicio de tantas Martas que viven entre nosotros. Y ahí estaba ella, sirviendo al Señor sirviendo a sus amigos.


Aparece María. Amaba a Jesús. Nos muestra algunas características del amor que es bueno pensarlas hoy, lunes santo.


Ella trajo lo más precioso que tenía y lo gasto en Jesús. El amor, no es amor si se calcula el precio. Da su todo y lamenta no tener más para dar. Dar hasta que duela, nos decía la Madre Teresa.


 Dar a Jesús que vive en el hermano. También ella, contando una experiencia de vida dice:


¿Dónde está Dios? Sabemos que Dios está en todas partes. En lo profundo de nuestros corazones todos tenemos ese deseo, esa llama quemante, ese anhelo de Amar a Dios. Pero: ¿Cómo podemos Amar a Dios, a quién no vemos, si no lo amamos en los otros a quienes si vemos? Cuando ustedes ven a una persona en la calle, ¿Quién es ella para ustedes? ¿Su hermano, su hermana? La misma mano amorosa que los creó nos ha creado a todos.

…hemos visitado a personas que no tienen nada ni a nadie, personas a las que nadie necesita o ama, a quienes nadie cuida, y no solo en la India. En la India y en África tenemos gente hambrienta de pan, pero en América, Europa, y todos los lugares donde trabajan las hermanas, tienen hambre de Amor: de ser necesitado, de ser Amado, de ser alguien para otros. Alguna vez, en Londres o Nueva York, tomé la mano de alguien sentado en la calle. El tomó la mía y me dijo: ” Oh, esta es la primera vez en muchos años que siento el calor de una mano. En tantos años, nadie tocó nunca mi mano. No he sentido un Amor Humano o el calor de una mano”…..Jamás me olvidaré de esto.




Otra característica es la naturalidad. No hizo alarde, no llamó a los medios para que registren ese momento, no puso carteles en toda Betania anunciando su gran obra, fue, buscó el perfume, ungió los pies, lo secó con sus cabellos, ni siquiera se atrevió a ungir su cabeza que era lo habitual, ungió los pies cansados, pies de caminante,  de misionero, de amigo, de hermano, pies que llevan a destino que marcan camino, que dejan huellas.


Hay  otra característica maravillosa del amor de María. Es lo que dice Juan quien muchas veces, sino la totalidad, expresa con sus palabras un doble sentido: uno que queda en la superficie y otro que va al interior profundo para que lo pensemos un largo rato: “ La casa se impregnó con la fragancia del perfume”  el perfume del amor. Cuando vivimos el amor en familia, la casa se impregna con la fragancia de ese perfume. Cuando con los amigos vivimos el amor verdadero, nuestras relaciones se impregnan con la fragancia de ese perfume. Cuando mi relación de noviazgo o matrimonio, se renueva en el amor, cuando tenemos gestos concretos que expresan la vida de amor, nuestro entorno se impregna con la fragancia de ese perfume exquisito, que llena de vida, de bendiciones, de luz, de paz de serenidad. Cuando nuestra Iglesia está llena de actitudes de amor, cuando nos dedicamos a servir más que criticar o hablar, cuando nos decidimos realmente a ungir los pies de tantos hermanos , esa fragancia impregna cada rincocito de Iglesia, la llena de vida, la revitaliza, le da un nuevo amanecer lleno de esperanza. Cada gesto de amor, cada hecho de amor, cada momento de amor, un amor que no solo tiene que ver con la relación de padres- hijos , esposos, amigos  sino que tiene que ver con el amor= ágape, es un rayo de luz entre tanta oscuridad, es un perfume divino ante tanto mal olor que se siente en algunas realidades.


También tenemos a Judas en esta escena, pero hoy es bueno pensar en el amor de Marta y María, y que nos impulsen a amar más estos días para que nuestros hogares, lugares de trabajo, Iglesia, nación, se impregnen con la fragancia del Amor de Dios, distribuido a la humanidad que nos rodea, por medio nuestro.


Buena jornada. Que podamos vivir un lunes santo en el amor profundo de Dios y que se inhale en todos lados esa fragancia divina.