lunes, 20 de junio de 2016

NO JUZGUEN PARA NO SER JUZGADOS Mateo 7,1-5.



Jesús dijo a sus discípulos:
No juzguen, para no ser juzgados.
Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes.
¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo?
¿Cómo puedes decirle a tu hermano: 'Deja que te saque la paja de tu ojo', si hay una viga en el tuyo?
Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano. (Palabra del Señor)


Dice la mitología griega que Prometeo, titán amigo de los mortales,  después de haber modelado a los hombres colgó en cada uno, dos alforjas. Una, de vicios ajenos, iba al frente. Otra, de vicios propios por la espalda. Esto hizo que los hombres vieran los errores y vicios ajenos con mucha más facilidad que los propios.

Muchas veces esos vicios propios, como no lo vemos, poco a poco nos doblan la espalda y nos deforman la vida. Y también, de tanto ver los errores de los demás, nuestra vista se deforma  y ya vemos mal, todo lo que tengamos alrededor.

¿Por qué juzgar a los demás? ¿Será que nos ponemos en un escalón superior y nos creemos con derecho a hacerlo? ¿Será porque tener información nos da poder, nos hace ganar “amistades”? ¿Por qué juzgando, evidenciamos que nos falta crecer, que tenemos envidia, que somos celosos?. ¿Será porque no nos gusta que alguien crezca en consideración y por eso apenas nos dicen algo bueno de esa persona decimos: ah es que vos no sabes…?


¿Para qué juzgar si cuando señalo con el dedo hacia tal persona, cuatro dedos me señalan?

Un santo, al que una señora venía siempre con la misma debilidad: calumniaba, hablaba mal de sus vecinos, le dijo a manera de penitencia: vas a ir al mercado, compras un pollo y me lo traes a mí. Pero de regreso lo vas desplumando, arrojando las plumas en las calles conforme caminas. 
La señora pensó que ésta era una penitencia rara, pero deseando recibir la absolución, hizo conforme se le había indicado y por fin regresó donde el santo:
    -    Bueno, Padre, he completado mi penitencia.
Y le mostró el pollo desplumado. 

    -    De ningún modo la has completado – le dijo el santo. Ahora regresarás al mercado y en el camino recoges todas las plumas y las pones en una bolsa. Entonces regresas donde mí con la bolsa”.
    -    ¡Pero eso es imposible! –dijo la señora–, ¡esas plumas deben de estar ahora por toda la ciudad!. 
    -    Es cierto –replicó el santo–, pero tienes aún menor oportunidad de recoger todos los cuentos que has dicho sobre tus vecinos.

Entonces juzgar, decir cosas de los demás sean o no verdades, ponernos en el papel de jueces, es como desplumar un pollo al viento: jamás podremos recoger todas las plumas arrojadas por más que tengamos algún día la intención de rectificar nuestro error.

Y el evangelio es muy claro en el mandamiento: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti… entonces no se lo hagamos a los demás, dejemos el juicio para Dios.

Buena jornada para todos. Si logramos sacarnos las dos alforjas andaremos livianitos, subiremos montañas, aspiraremos mejor el aire, caminaremos más rápido, viviremos con la mirada adelante, tendremos serenidad en el corazón.


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