sábado, 20 de abril de 2019

Lucas 24,1-12. SÁBADO SANTO, ESPERA Y ALEGRÍA





Ayer viernes 19, a las 8:12, la luna ingresó en su fase de LUNA LLENA.  Es  la primera luna llena del equinoccio de otoño, la primera después del 21 de marzo… para el hemisferio norte será la primera luna  llena  de primavera.
Es esa luna la que marca que ha llegado la pascua.

Es a la luz de esa primera luna llena después del 21 de marzo, cuando Moisés, hizo cruzar al pueblo, por el mar abriendo sus aguas para que la gente pueda pasar.
 Es a la luz de esa luna que el pueblo judío celebró y celebra,  festejó y festeja desde ese mismo momento su liberación.

 Era la pascua marcada con esa luna, cuando Jesús, mucho tiempo después, quiso festejar con sus apóstoles en la última cena.
Su última cena, su oración en el huerto, la traición de su amigo, la noche de aquí para allá desde un tribunal a otro, todo alumbrado por aquel faro inmenso que recordaba la liberación, y que hoy nos recuerda el triunfo.


Esa luna que, posada en Jerusalén, vio como se cerraba una tumba con una piedra inmensa que corría sobre una especie de huella que había al pie de la puerta, por donde corría y se fijaba la piedra. Era viernes, dolor, angustias.
Entonces pasó lo siguiente que escucharemos esta noche:


El primer día de la semana (domingo), al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado.
Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro
y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes.
Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: "¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?
No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea:
'Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día'".
Y las mujeres recordaron sus palabras.
Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás.
Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles,
pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron.
Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno de admiración por lo que había sucedido
 Palabra del Señor


Es la luna llena la que vio correr desde dentro, la piedra inmensa, para que esa luz penetre en el interior del sepulcro frío y sienta el calor del resucitado que dijo: ¿Dónde esta muerte tu victoria? ¿Dónde está dolor tu triunfo? ¿Dónde estás humillación, donde estás cruz, donde está la lanzada? Aquí está alguien que vino a poner su corazón y quedarse para siempre en el corazón y el alma de un pueblo que hoy ya festeja.

La resurrección es el hecho central de la fe cristiana. No hay hecho más importante que esto, porque la resurrección nos da certezas:

Jesús, no es un personaje de la historia solamente. Podremos aprender de él por libros o videos…pero hace falta encontrarnos con Él. Si sentimos que tenemos más esperanza, menos miedo, que estamos más alegres y no sabemos por qué, es que Cristo ha pasado por nuestra vida… se produjo la pascua.


Si fuera solo un recuerdo, esto ya se hubiera acabado hace rato. El tiempo borra todo, decimos. Si Jesús hubiese sido un ídolo de esos que tantos abundan, posiblemente a no más de un siglo, hubiera desaparecido de la memoria colectiva, como tantos que vivieron hace diez, veinte, treinta años o más, incluso con altares edificados, con “santuarios”… si hubiese sido un recuerdo, desaparecía. No es un recuerdo: es una PRESENCIA VIVA


El padre Cantalamessa  en la celebración del viernes santo ayer en Roma decía que:

En los tres primeros siglos de la Iglesia la celebración de la Pascua no estaba distribuida como ahora, en varios días: Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Pascua. Todo estaba concentrado en un solo día. En la Vigilia pascual se conmemoraba tanto la muerte como la resurrección. Más concretamente, ni la muerte ni la resurrección se conmemoraban como hechos distintos y separados; se conmemoraba, más bien, el tránsito de Cristo de una a otra, de la muerte a la vida. La palabra «Pascua»  significa tránsito: paso del pueblo hebreo de la esclavitud a la libertad, tránsito de Cristo de este mundo al otro y tránsito, del pecado a la gracia, de los creyentes en él.


Hoy, esta noche, cuando veamos la luna llena (ojalá el tiempo lo permita) y celebremos la resurrección, pensemos en todas esas pascuas que vinieron a nuestra vida el año transcurrido: paso de la soledad a la compañía, paso de la vida sin hijos a la vida con hijos que llenan la vida, paso de estudiante a profesional, paso DEL PECADO A LA VIDA, paso de sentir que nadie me ama, a sentir el amor de Dios en cada célula de mi vida, paso de la enfermedad a la salud, paso de Cristo en un retiro, en una jornada que me cambio la vida… y pidamos por todas esas pascuas que anhelamos y que en la pascua de Jesús se logran: paso de la enfermedad a la salud, del odio a la vida en libertad interior, del pecado a la gracia, del desamor al amor, de la falta de posibilidades laborales a un trabajo que dignifique, pasos, pascuas, que no se lograrán con el bastón de moisés que separa aguas, sino con la cruz vencedora de Jesús, con su resurrección, con su fuerza que sale de ese sepulcro derrotado pues no logró ganarle a la muerte.

Que la luz de esa luna maravillosa, alumbre esta noche la resurrección de Jesús en la vida de cada uno de nosotros. Que haya pascua en mi vida, en mi familia, en mi hogar en mis padres en mis hijos. Que haya pascua en la nación, en el mundo, en mi mundo el pequeño


FELIZ PASCUA.

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