miércoles, 12 de junio de 2019

Mateo 5,17-19. DAR CUMPLIMIENTO A LA LEY



Jesús dijo a sus discípulos: 
No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
 El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.
Palabra del Señor



Jesús  hoy se muestra fuertemente con el poder de Dios. “les aseguro” dice. En otras traducciones dirá: “en verdad les digo”. Hoy habla como Señor. Y habla de la ley y los profetas.

Pero ¿que era la ley?.
·         Lo entendían por los diez mandamientos,
·         lo usaban en relación a los primeros cinco libros del Pentateuco,
·         Usaban la frase La ley y los profetas para referirse  a toda la escritura, el antiguo testamento,
·         y la usaban con el sentido de la ley oral trasmitida de generación en generación.


Pero esto era muy complicado… Desde un primero momento, aumentaron reglas y normas a esa ley para que nada quede al libre pensamiento. Por ejemplo, la ley decía que el sábado no debe hacerse ningún trabajo, pero ¿Qué es un trabajo?, y comenzaron a desmenuzar tanto cada cosa que significa “trabajo” que  la religión se les volvió un legalismo de reglas y normas insignificantes.
Muchas veces Jesús dijo que esa ley, escrita en 613 preceptos, ataba al hombre, no le dejaba en libertad, no le permitía por ejemplo sanar una persona en sábado porque era malo porque sanar era trabajar, porque el enfermo sanado no podía llevar su camilla porque eso era un trabajo, y así una telaraña de formulaciones que no ayudaban a ser mejores, más justos y buenos.

Un fariseo que era Doctor de la ley, alguna vez le preguntará a Jesús cual era el más importante de los mandamientos. Tenían un problema con resumir la ley a todo aquello que Dios quería…

 Tanto ayer como hoy, es que debemos volver la vista atrás y llegar hasta esos mandamientos dictados por Dios, entregado a Moisés para el pueblo peregrino de entonces y el pueblo peregrino de hoy…


Ellos son la esencia de toda ley, y en ellos la esencia la podemos resumir aun más: reverencia  a Dios, respeto al hombre, origen de toda ley, de todo  principio humano, de toda norma de convivencia. Reverencia a Dios, el nombre de Dios, el día de Dios…respeto a los padres, a los hermanos, a las propiedades, a las cosas, la verdad, el buen nombre, la vida y por uno mismo para que los malos pensamientos no puedan dominar nuestra vida.

Como sociedad, nos damos cuenta que nos afanamos bien o mal en respetar al ser humano, pero no nos interesa la reverencia debida al Dios creador de todo…y así nos va, porque muchas veces  creemos que al hombre hay que amarlo solo porque es un igual y cuando esa igualdad se vuelve injusticia, se acaba todo respeto. Perder el sentido de la reverencia a Dios, es no tener un apoyo cierto para amar a los demás.

Lo mismo nos pasa en todos y cada uno de los grupos pequeños en que nos movemos: trabajo, amigos. También en la familia. La base debería ser el respeto entre todos, que cada uno cumpla su rol, que cada uno brinde su amor para realizar cada acto, pero ¿y Dios?...
Y  en lo personal  ¿cómo estamos llevando esto adelante? . El tiempo de Dios, ¿se lo damos? La reverencia  a Dios ¿se la damos? ¿es Dios el Señor de nuestra vida? ¿Amamos a Dios sobre todas las cosas, sobre todas las personas, sobre cada decisión, sobre cada trabajo, sobre cada actividad de mi vida? ¿Dedicamos ese tiempo para estar a solas con Él, hablarle como un amigo, escucharle, dejarle hablar?


Y el respeto a los demás, incluso antes de amar a los demás. Respetar a los demás, darles su lugar, su tiempo, escuchar con atención, hablar cuando haga falta, no gritar, no insultar, no maltratar. Respetar la vida desde el inicio, ayudar a encontrar el camino, pedir perdón, perdonar, cuidar el buen nombre de los demás, no calumniar, injuriar o difamar, no hacerse socio de la mentira …respetar, siempre respetar.


Y todo esto enmarcado por el amor. De nada sirve reverenciar el nombre de Dios si lo hacemos solo de la boca para afuera. De nada sirve respetar al hermano, si eso es de boca para afuera, con una actitud demagógica más que cristiana.

La reverencia y el respeto no consiste en obedecer una multitud de reglas mezquinas, en sacrificios…consiste en la misericordia. No consiste en legalismo, ni doctrinas, consiste en el amor, amoldando nuestra vida a las exigencias del amor y no siendo una sucesión de normas negativas del “no se debe”. Amemos y con eso estamos cumpliendo la ley. Aquella ley, como toda ley tiene un marco que regula: de aquí para allá, te podes mover sin problemas… la Ley del amor de Dios NO TIENE LIMITES. Nunca terminamos de dar  amor, por eso ellos creían que cumpliendo aquella ley ya estaba bien, con la Ley del amor , no hay límites, siempre nos quedamos cortos, porque Dios nos amo primero, y por ese amor vale la pena jugarse e imitar aunque siempre nos falte un montón.


Buena jornada para todos.

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