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miércoles, 26 de septiembre de 2018

Lucas 9,1-6. PROCLAMEN Y SANEN



Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades.
Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos,
diciéndoles: "No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno.
Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir.
Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos".
Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes.


Palabra del Señor



Había una casi única manera de transmitir el mensaje y era con la palabra hablada.
No había libros, ni les mandaban mensajes por internet, o por facebook o Whatsaap . Lo que valía era la palabra que llevaba el mensajero, y sobre todo el testimonio.

 Los mandó de dos en dos. Es de imaginar que cuando llegaban a cada lugar decían algo así como:” venimos a hablarles de una persona que realmente cambió nuestras vidas. Nosotros estábamos sumidos en la ignorancia, esperando un mesías poderoso y lleno de riquezas y nos encontramos con un tipo maravilloso que nos insiste en el amor, en la verdad, en la justicia. Y el testimonio más grande que podemos darle es el de nuestra vida: nosotros éramos… y ahora, véannos, dispuestos a proclamar con la vida el testimonio de que si se puede, que hay una vida mejor, que nos espera un futuro lleno de esperanza, que hemos dejado atrás el miedo”… y muchas otras cosas más por el estilo. El testimonio era la manera más fácil de mostrar a Jesús en la vida de cada uno.



Quizás sea una de las razones porque los mandaba ligeros de equipajes.
Así de esta manera, se llega más lejos y más rápido. Cuando más atado a cosas materiales, más atado está uno  a un lugar, y la carga se hace difícil. No importaba tanto, lo que hoy sería un proyector, el equipo de sonido, casi un camión de mudanza de aparatos, luces, papeles, afiches etc etc…importaba el testimonio, y el objetivo a cumplir. Importaba la vida misma mostrada como un libro o como el evangelio hoy que la gente lee en nosotros.


Importa más llevar el evangelio, mostrar el camino del reino que tantos “títulos” con que vamos a un lugar, “roles” a cumplir, mandatos que se concretan en algún sello: encargado de… director de… secretario de… y el titulo nos encierra, nos llena, nos aturde y no nos deja ir “ligeros de equipajes” a evangelizar.



Cuando pensemos: esto de llevar la palabra de Dios, no es para mí, pensemos que podemos hacerlo siendo testimonio, de cambio, de alegría de esperanza. A veces hacen más esos “locos” que nos llenan de esperanza y alegría el día, que quienes andan con una biblia bajo el brazo y nos muestran con un rostro triste y con cara de amargura, un camino lleno de complicaciones y prohibiciones.
 Desde donde estemos podemos proclamar el reino de Dios que es la misma vida de Dios aquí ya en la tierra.

La vida de Dios es Amor, es misericordia, es perdón, es alegría, es una comedia, que no debemos transformarla en tragedia y menos en película de terror.

A veces hacen más esos que luchan palmo a palmo nuestra historia de todos los días con una sonrisa en el rostro, que tantos libros de auto ayuda que desde un lugar remoto nos dicen cómo debemos encarar la vida para ser felices. A veces hacen más aquellos que no llegan con títulos y roles, sino que son pastores, padres, amigos, confesores tenaces y dispuestos a estar al servicio de la gente.



Y lo que se repite en cada mandato de Jesús, como leemos al último:
Anuncien la Buena Noticia y curen enfermos en todas partes.


 No solo se trata de anunciar, testimoniar… anunciar y sanar van juntos. No se trata de palabras por muy consoladoras que fueran, sino hechos. Hay un interés en el espíritu y en el cuerpo. 

Los que luchábamos por las dos vidas, por ejemplo ¿cuánto estábamos dispuestos a jugarnos porque esa vida a la que se quiere eliminar, tenga después todas las condiciones para vivir? sino se trataba solo de una campaña pro nacimiento nomás y después abandonamos a la mujer que sufre y llora y al bebé que nace.

 Es muy sencillo y quizá cínico decir después: y bueno, tenés que aceptar la voluntad de Dios y no tener ni pizca de empatía para ponernos en la piel del otro y ayudarle desde lo material, económico, laboral.  

A los apóstoles les dio el poder de sanar enfermedades. A nosotros nos da el poder de ser útiles en lo más pequeño, a quien venga a nosotros con tristeza, con falta de motivación para vivir, en angustia por pérdida de trabajo, por deficiencias económicas, por dolor debido a muchas cosas que pasan. Que podamos ponernos en sus zapatos y caminar con ellos cada paso que den.

Buena jornada para todos. Hoy somos apóstoles, que predican , que muestran un camino diferente, que seamos luz para el mundo, ese chiquito que vivimos a diario.